Hay una paradoja en la economía mexicana: los bancos tienen cientos de miles de millones de pesos ociosos porque no hay suficientes clientes que tengan proyectos viables o porque no tienen garantías. Guanajuato las tiene, pero no proyectos. 

Mientras en Chile el crédito interno es del tamaño de su PIB, en México apenas llega al 38% de lo que producimos. En Chile hay una banca vibrante que apoya el crecimiento de las empresas y el mejor nivel de vida de Latinoamérica

El Gobierno de Guanajuato logra calificación de AAA en crédito para la agencia Fitch. Esto quiere decir que no arriesgamos porque podemos invertir mucho más. Faltan proyectos y el Instituto de Planeación del Estado no da luces de su utilidad práctica, hasta ahora. 

Hay ejemplos exitosos que se podrían replicar como el parque industrial de Puerto Interior

Ahí se desarrolló un buen negocio para el Estado. Eso se podría multiplicar por diez a mediano plazo.

La burocracia y las limitaciones que nos hemos impuesto para crecer tienen graves consecuencias. Estamos llenos de prejuicios sobre lo que puede y no puede hacer el Gobierno del Estado. Con visión y audacia se podrían generar tres o cuatro polos de desarrollo con base en inversión directa de recursos públicos. 

Para que los funcionarios electos sepan de las posibilidades reales de hacer cosas, deben pensar como empresarios o ayudarse de ellos. 

Sólo hay que echarle un vistazo a lo que tenemos: 36 mil kilómetros de tierra; el Bajío productivo; la conexión casi inmediata con la mitad de México y lo mejor: una población trabajadora con paz laboral y una curva demográfica abultada de jóvenes que quieren prosperar. 

El Gobierno debería comprar toda la tierra que pudiera con miles de millones de pesos en créditos para desarrollar nuevos centros urbanos y renovar los actuales y, abrir oportunidades a inversionistas de todo México y del extranjero. 

Tenemos todo para hacerlo: crédito AAA; empresarios serios que podrían participar en consejos de administración para empresas paraestatales (como ejemplo la SAPAL) y centros de conocimiento para la cantera de funcionarios capaces y honestos que se requieran. 

Guanajuato debe ir en sentido contrario del proyecto asistencialista de la Federación. Cero dádivas y mil apoyos en base al mérito y una obsesión por el crecimiento económico. Reconocimiento del valor de quien desea emprender y un auténtico esfuerzo por eliminar la corrupción en donde exista (un gran tema aparte).

Pensar como país casi independiente donde quiera que la ley lo permita o, mejor dicho, donde no lo prohíba. La ley no nos impide ser eficientes ni productivos; tampoco nos impide avanzar con la tecnología digital para mejorar todos los trámites. 

La ley impide el endeudamiento excesivo del Gobierno, pero no prohíbe crear empresas paraestatales con proyectos rentables, muy rentables. Y mientras la retórica nacional es el desprecio al neoliberalismo (políticas abiertas de mercado), en Guanajuato debemos y podemos generar una economía lo más parecida a la de Chile. 

Querétaro va por delante en ese proyecto. Con 27 parques industriales, un aeropuerto que crece a zancadas y una sociedad empresarial, su ingreso por habitante es un 30% superior a Guanajuato. Nuestro vecino se puede dar el lujo de cobrar los impuestos inmobiliarios más caros del Bajío. El auge sigue en Querétaro y no se detiene con nada. Ni la 4t lo espanta. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero útiles también. (Continuará)

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