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Leopoldo Mejía cumple 48 años de servicio ininterrumpidos. Foto: Salma Hernández.

Celaya.- Para muchas personas, ser bombero es un sueño de la infancia; para Leopoldo Mejía Gómez, ha sido la misión de toda una vida. Con casi medio siglo de servicio en el cuerpo de bomberos, este heroico maquinista compartió su historia, los retos de su profesión y el innegable legado que sigue construyendo en la ciudad de Celaya.

A los ocho años, la vida de Leopoldo quedó marcada por un siniestro local. Un fuerte incendio en una gasera obligó a las autoridades a evacuar a los vecinos hacia el bulevar Adolfo López Mateos. Fue en ese momento, viendo llegar a los camiones de bomberos de distintas partes para combatir las llamas y los tanques que volaban, que Leopoldo lo tuvo claro: “De ahí soy y ahí estoy”.

A pesar de su entusiasmo, tuvo que ser paciente. Intentó enlistarse a los 15 años, pero al ser menor de edad, los instructores se lo negaron por la gran responsabilidad que conlleva el oficio. Finalmente, el 17 de noviembre de 1976, apenas dos días después de cumplir los 18 años, se inscribió formalmente. Este año celebra 48 años ininterrumpidos de servicio.

Las dos caras de la moneda: el dolor y la satisfacción
El trabajo de un bombero está lleno de fuertes contrastes emocionales. Para Leopoldo, la parte más gratificante es sencilla pero profunda: haber cumplido su sueño de ser bombero y convertirse en maquinista —quien maneja los camiones—.

Sin embargo, la profesión también conlleva momentos de un gran impacto emocional. Leopoldo confesó que lo que más le duele, al grado de sacarle “lágrimas de cocodrilo”, es ver a menores de edad involucrados en emergencias, especialmente cuando resultan heridos por descuidos de adultos.

A lo largo de su carrera, ha aprendido que sentir temor es natural, pero controlarlo es el verdadero reto. “Si no controlamos ese miedo, no vamos a actuar bien; nos exponemos nosotros y a nuestros compañeros”, afirmó con firmeza.

Un rescate inolvidable

Entre las múltiples emergencias que ha atendido, hay una que guarda con especial cariño. En sus primeros años, gracias a su complexión delgada, fue elegido para descender aproximadamente diez metros en un pozo donde había caído una niña.

A pesar del miedo y la tensión de la maniobra, logró llegar hasta el fondo, asegurar a la pequeña que se encontraba desmayada y rescatarla con vida. Afortunadamente, la niña solo presentó lesiones menores. El agradecimiento de la familia, que posteriormente lo invitó a los 15 años de la niña, es uno de los recuerdos más gratos de su trayectoria.

Un legado que trasciende

La labor de un bombero exige enormes sacrificios, siendo el tiempo familiar el más afectado. Cumpleaños, paseos y reuniones a menudo quedan interrumpidos por el deber. No obstante, el apoyo incondicional de su familia ha sido su mayor pilar.

El maquinista afirmó que el apoyo de su familia ha sido clave para enfrentar los retos de la profesión. Foto: Salma Hernández.

Ese ejemplo permeó profundamente en su hogar, tanto que su hijo decidió seguir sus pasos. Hoy en día, su hijo ya cuenta con 18 años de trayectoria dentro de la corporación. Leopoldo admitted que ahora comprende la angustia que alguna vez sintieron sus propios padres.

“Y como anécdota, pues mi hijo, él también siguió mis pasos, y ahora entiendo por qué mis padres no querían que yo fuera bombero, pero gracias a Dios, él ha estado bien”, contó.

Un llamado a la empatía ciudadana

Desde la experiencia de su asiento como maquinista, Leopoldo aprovechó para hacer una petición vital a los habitantes de Celaya y a los conductores.

Leopoldo Mejía Gómez, bombero maquinista, con sus compañeros de la corporación. Foto: Salma Hernández.

“Les pido un poquito de cultura cívica. Cuando escuchen nuestra sirena y vean nuestras luces, cédanos el paso. No vamos paseando, vamos a atender la emergencia de alguien que lo necesita. Y por favor, no se aprovechen de la situación siguiéndonos de cerca para abrirse paso, ya que pueden provocarnos un accidente a nosotros o a terceros”, concluyó.

La historia de Leopoldo Mejía Gómez es un recordatorio del sacrificio diario, la empatía y el valor de quienes arriesgan su vida por la seguridad de la comunidad.

DP

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