Historia 349
Esta es la historia 349 de 450 que te contaremos sobre León
Hace 140 años, el padre Pablo de Anda Padilla fundó la Congregación de las Hijas Mínimas de María Inmaculada. Una obra que dejó huella en la vida religiosa y social de León y que continúa presente a través de instituciones dedicadas a la educación, la salud y la atención de personas vulnerables.
El 25 de marzo de 1886 nació la congregación, inspirada en el espíritu de servicio y caridad que caracterizó al padre Pablo de Anda, con la misión de atender a pobres, enfermos, niños, ancianos y personas necesitadas.
La reverenda madre Mercedes de San José Reyes fue la primera integrante. Poco después se unieron Concepción del Señor San José Barrón, Guadalupe del Señor San José Reyes y María del Señor San José Meabe.
Posteriormente se incorporaron otras tres hermanas, hasta conformar una comunidad de siete religiosas. En aquellos primeros años se establecieron en la calle 20 de Enero, en el Centro de León.
El entonces obispo de León, Tomás Barón y Morales, otorgó su bendición y licencia para la fundación. Además, concedió a las religiosas la facultad de contar con un oratorio donde pudiera celebrarse la Santa Misa.
140 años después
Hoy, 66 hermanas integran la Congregación de las Hijas Mínimas de María Inmaculada. Además de León, tienen presencia en Jalisco, Chihuahua, Sonora, Chiapas, Ciudad de México y Veracruz, así como en Estados Unidos, Cuba, Ecuador e Italia.

Después de 140 años, el carisma —don espiritual— heredado por las Hijas Mínimas continúa guiando su misión, que resumen en una frase: “Configuramos con Cristo Misericordioso, a favor de los pobres y necesitados, como María, en espíritu de familia”.
Actualmente, la congregación forma parte de la vida cotidiana de numerosas familias leonesas a través de sus nueve comunidades y de las instituciones en las que desarrolla su labor religiosa y social.
Entre ellas se encuentran la Casa Central, desde donde se articula parte de la vida de la congregación; la Casa de Formación, donde actualmente hay cuatro jóvenes, y Casa Nazaret, dedicada a la atención y cuidado de las hermanas adultas o enfermas.
También están la Casa Hogar San Antonio, para niños; la Casa Hogar Pablo de Anda, para niñas, y la Casa Hogar Tepeyac, para adultos mayores. En estos espacios, las religiosas brindan protección, cariño, cuidado y acompañamiento, bajo el principio del espíritu de familia y el amor al prójimo.

A esta labor se suman el Hospital Pablo de Anda, institución de salud vinculada a la vocación de servicio de la congregación; la Escuela de Enfermería Pablo de Anda y el Instituto América, con sus campus Tepeyac y Alfaro.
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47 años sirviendo a los demás
A los 14 años, la madre Elsa María de Lourdes tomó una decisión que definiría el resto de su vida: unirse a la Congregación de las Hijas Mínimas de María Inmaculada. Así comenzó un camino de servicio, formación y discernimiento que, 47 años después, continúa con la misma convicción.
Estuve en la vida religiosa 4 años, al cumplir los 18 inicié mi noviciado de seis años, tuve que hacer un verdadero discernimiento y supe que realmente esto era lo que quería mi corazón y Dios”, compartió la madre Elsa.
Actualmente forma parte del equipo de gobierno de la congregación, responsable de brindar acompañamiento a sus comunidades e instituciones educativas y asistenciales.
Para ella, la vida religiosa, además de representar su vocación, es una forma de encontrar plenitud y felicidad a través del servicio a los demás.
Durante sus 47 años en la congregación estudió para maestra en la Escuela Normal, además de Filosofía y Letras, y cursó inglés y francés. Su formación le permitió desempeñarse durante varios años como docente en distintos niveles educativos y asignaturas.
“El legado y carisma de nuestro fundador y padre, Pablo de Anda, tiene que prevalecer en nuestro servicio. En las nueve Comunidades que integran la congregación, debe prevalecer y transmitir el amor, la atención y el espíritu de familia”, explicó.
Sólidos cimientos espirituales
La madre Elsa considera que la congregación cuenta con sólidos cimientos espirituales, construidos a partir de la obra del padre Pablo de Anda y de su vocación de servicio a la comunidad de León.
Para mantener vivo este legado, las Hijas Mínimas también trabajan con personas laicas que colaboran en sus distintas instituciones. Como parte de su preparación, reciben una formación específica mediante un curso de tres veranos, diseñado para transmitir la misión y visión de la congregación.

“Participa gente de León, México y otros países, desde choferes, maestros, médicos, cocineros, es decir, todas las personas que colaboran en nuestras instituciones deben de tomar este curso, porque es nuestro sello el servir con amor y atención y espíritu de familia”, detalló.
A 140 años de su fundación, la Congregación de las Hijas Mínimas de María Inmaculada mantiene una presencia activa en la vida social y religiosa de León. A través de la educación, la salud y la asistencia a personas vulnerables, las religiosas continúan una misión que comenzó en 1886: servir y acompañar a quienes más lo necesitan.
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