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Historia 348

Esta es la historia 348 de 450 que te contaremos sobre León

Se dice que Agustín “Peterete” Santillán tuvo más de 500 “hijos” en el futbol profesional. Algunos construyeron su propia historia, como Rafael “Chepe” Chávez y Manuel Guillén. Pero detrás de aquella generación de jugadores quedó también un legado que alcanzó a su propia familia.

Su hijo, Agustín Santillán Vázquez, creció bajo la influencia de uno de los grandes formadores de futbolistas de la ciudad y terminó siguiendo sus pasos como entrenador. Actualmente dirige equipos de la Universidad Magno.

Es una carga muy fuerte para mi familia. Tengo un hermano que murió hace dos años, tengo otro que ya también es entrenador y trabaja con niños. Cuando te paras en un lugar siendo hijo del ‘Peterete’, primero viene el halago seguido de la exigencia: ‘Ojalá pudieran ser la mitad de lo que su padre fue’”, comentó Santillán Vázquez.

De los llanos al futbol profesional

La historia de su padre con la ciudad comenzó mucho antes de convertirse en formador de jugadores. Pedro Pons, quien años después tendría un papel importante en la organización del Mundial de 1970 en León, lo invitó a dejar los llanos de la Ciudad de México para buscar una oportunidad en el futbol.

“Mi papá vivió mucho en la calle y poco en la escuela. En secundaria comenzó a jugar en los llanos de México hasta que, ya más grande, Pedro Pons lo invitó a jugar a la ciudad, a un club llamado San Sebastián, junto con un tío mío que se llamaba Carlos Solórzano”, comentó.

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Santillán enfrentó dificultades desde su llegada. Hubo ocasiones en las que tuvo que dormir en la central camionera y padeció incluso la falta de alimento. Pese a ello, avanzó en el futbol hasta llegar a ser seleccionado nacional.

Su carrera como jugador terminó abruptamente en 1954, cuando una grave lesión en la rodilla derecha le impidió volver a las canchas.

Mi papá jugaba de medio ofensivo y centro delantero, destacaba por su físico y contundencia en el remate. Fue lesionado en un partido en contra del Marte en 1954, ante un peruano de apellido Andrade que lo lesionó con una entrada fuerte en la rodilla que le provocó fracturas irremediables. Fue operado por varios doctores sin mucho éxito, hasta que en 1970, cuando ya los dolores eran insoportables, decidió quitarse la pierna derecha para que no le molestara más”, comentó.

De jugador a formador

Sin poder continuar como futbolista y con una familia que mantener, “Peterete” Santillán tuvo que encontrar otra manera de permanecer cerca del deporte. Se preparó en la Ciudad de México como entrenador profesional, junto a personajes que posteriormente marcarían la historia del futbol nacional.

“Por el deporte, mi papá vino a una ciudad católica, trabajadora y con una atmósfera ambiental y familiar que le vino muy bien para poder sobrellevar su lesión y seguir adelante. Se fue a estudiar después a la Ciudad de México la carrera de técnico profesional; con él estuvieron Alejandro Scopelli, Ignacio Trelles, Monsiváis, Gatica, entre muchos otros entrenadores de futbol que fueron parte de las selecciones nacionales”, comentó Santillán Vázquez.

Tras retirarse como jugador, su siguiente cancha fueron las fuerzas básicas. Foto: Archivo AM

Su siguiente cancha fueron las fuerzas básicas. Desde ahí comenzó una búsqueda constante de jóvenes con condiciones para llegar al futbol profesional. Los llanos y barrios se convirtieron en su principal semillero.

“Se dedicó a trabajar en las fuerzas básicas para dotar de jugadores oriundos de León al primer equipo. Su búsqueda siempre fue en los llanos, él se iba todas las semanas en las tardes para que fueran a jugar al club. Su virtuosismo siempre fue la vocación. Yo quisiera tener la vocación de mi padre y el ojo clínico para detectar jugadores; él veía sus habilidades técnicas, pero más que nada los valores de una persona. Los directivos llegaban y le decían: ‘Pete, ¿cuáles son los mejores jugadores que tiene para subirlos a Primera División?’. Él les decía: ‘Yo trabajo para que todos lo puedan hacer’”, recordó.

Por sus equipos pasaron cientos de jóvenes. Algunos consiguieron abrirse camino hasta el profesionalismo y dejaron su propio nombre en el futbol.

A mi papá la vida le quitó el deporte con su pierna, pero Dios le dio la habilidad para encontrar talentos en el barrio. Fueron más de 500 jugadores que estuvieron en los escalones de la profesionalidad guiados por mi padre. Te hablo de ‘Chepe’ Chávez, Manuel Guillén, Julio Santoyo, ‘Chupón’ Rodríguez, Lupe Díaz, ‘Lupita’ Flores, entre otros”.

Un semillero que cambió

Santillán Vázquez considera que las condiciones para que un joven llegue actualmente al futbol profesional son muy diferentes a las que encontró su padre.

“Hoy, primero, económicamente se requiere dinero para jugar en Primera División; antes solo se necesitaba talento. ¿Por qué hoy no surgen tantos muchachos para jugar en León? Porque el Grupo Pachuca tiene su perspectiva, dependemos de Pachuca, pero Pachuca ve por ellos y sus demás sucursales en Chile, en España. Entonces ellos, antes de atraer jugadores de la cantera, atraen mejor a sus jugadores. León sigue siendo un semillero donde salen grandes futbolistas, es por eso que hay más equipos que vienen a traer talento de aquí”, comentó.

El hijo siguió sus pasos

La vocación de entrenador también alcanzó a Agustín Santillán Vázquez desde joven. Incluso antes de pensar en convertirse en futbolista, ya dirigía a la selección de su preparatoria. Después comenzó a formarse profesionalmente acompañado por su padre.

“Lo poquito que yo sabía era de lo mucho que mi papá nos había dado. Dirigí a León en Tercera, Primera y Segunda. Cuando murió tuve que prepararme más. Ya no dirijo porque han cambiado los tiempos en el deporte, ya no es la misma exigencia ni entrega tanto de alumnos, directivos ni jugadores”.

“Peterete” Santillán se preparó en la Ciudad de México como entrenador profesional. Foto: Archivo AM

Hoy, más allá de los futbolistas que descubrió o ayudó a formar, Santillán Vázquez resume la herencia de “Peterete” en principios que aprendió dentro y fuera de la cancha.

“El legado que mi papá nos dejó fueron tres cosas: respeto, preparación y la capacidad de servir a quienes nos rodean”, comentó.

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