Celaya.- A 27 años de las explosiones que transformaron para siempre la vida de Celaya, la comunidad del barrio de La Resurrección volvió a reunirse para recordar a quienes perdieron la vida el 26 de septiembre de 1999, en una jornada donde la devoción religiosa y el clamor por la memoria colectiva marcaron las conmemoraciones.
La jornada litúrgica dio inicio en la parroquia de La Resurrección, donde el presbítero Antonio González Morales extendió un mensaje de consuelo a las familias de los fallecidos y a quienes aún sobrellevan secuelas físicas.
Ante un templo lleno de feligreses, el sacerdote subrayó la necesidad de sobreponerse a la tragedia desde la fe y el servicio al prójimo.
Sabemos que el tiempo se acaba, y por ello hay que disfrutar la vida, sirviendo a los demás, no haciendo aquello que ofende a Dios”, dijo.
“De eso se trata, de levantarse”
Al rememorar cómo aquel estallido interrumpió de golpe la actividad comercial y la cotidianidad del barrio, González Morales reconoció la fortaleza de los vecinos para reincorporarse de forma gradual al trabajo y a la vida comunitaria.
De eso se trata, de levantarse, de vivir y de cumplir su voluntad. Es doloroso lo que sucedió un 26 de septiembre de 1999, pero todos los días hay que estar preparados para cuando el Señor nos llame para estar en su presencia”, expresó durante la ceremonia.
Invitó a no estar angustiados, y pidió orar por los que sufren lesiones a raíz de aquel día y por familiares de los difuntos.
El año pasado asistió a la ceremonia el alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez, pero en esta ocasión no estuvo presente; sin embargo, a diferencia de otros años, esta vez se llenó el templo de La Resurrección.
El contraste de la fecha se vivió a pocos metros del templo, frente al inmueble marcado con el número 273 de la calle Antonio Plaza.
En el sitio exacto de los estallidos, un reducido grupo de deudos encabezado por Juanita García Vázquez se congregó para rezar el Santo Rosario junto a las fotografías de sus seres queridos.
Recuerdan a las víctimas del Domingo Negro en Celaya
Entre oraciones e imágenes conmemorativas, Juanita recordó a Pedro Ávila García; mientras que Ernestina Lizardi Córdoba elevó plegarias por su esposo Socorro Caracheo Pérez y su pequeño hijo José Juan, de apenas seis años.
A ellas se sumaron Margarita Ramírez, quien perdió a su cónyuge Antonio Ocampo, y María de los Ángeles Andrade Nieto, cuya hija Mónica Soto Andrade tenía 17 años y laboraba en un puesto de comida al momento de la catástrofe.
Entre el bullicio habitual del tianguis, el sonido de los cuchillos sobre las tablas de picar y el ir y venir de compradores entre puestos de verdura, alimentos y aguas frescas, las plegarias retumbaron por un altavoz sin lograr frenar la prisa del entorno.
Poca presencia de cuerpos de rescate y autoridades municipales
La indiferencia de los transeúntes y la escasa presencia de los cuerpos de rescate o autoridades municipales acentuaron el sentir de los familiares, quienes lamentaron que el paso de las décadas diluya el recuerdo del siniestro en la sociedad celayense.
A pesar de que el dolor sigue presente entre las familias afectadas, la conmemoración de este año dejó de manifiesto la determinación de los sobrevivientes por mantener viva la memoria de las víctimas del 26 de septiembre, recordando que tras la tragedia, la dignidad y el afecto por sus difuntos permanecen intactos.
El “Domingo Negro” en Celaya

El “Domingo Negro” de Celaya ocurrió el 26 de septiembre de 1999, cuando una serie de explosiones sacudió la zona de la Central de Abastos.
El incendio comenzó en la Abarrotera Celaya, donde se almacenaban de manera ilegal grandes cantidades de pólvora y fuegos pirotécnicos.
La primera explosión ocurrió poco antes de las 10 de la mañana. Mientras comerciantes, clientes y vecinos intentaban ponerse a salvo, llegaron bomberos, policías, paramédicos y otros cuerpos de emergencia para atender a los afectados.

Posteriormente ocurrió una segunda explosión, que fue la más letal y alcanzó a quienes se encontraban en el lugar para auxiliar.
La tragedia dejó un saldo oficial de 72 personas fallecidas y más de 350 heridas. Entre las víctimas estuvieron comerciantes, clientes, peatones y elementos de los cuerpos de emergencia.
Las explosiones también destruyeron numerosos locales y provocaron graves daños materiales en una de las zonas comerciales más concurridas de Celaya.
AAK


