El director de orquesta José Serebrier, siempre sonriente, sereno y feliz de estar en su ciudad favorita de México, se ganó el cariño del público reunido en el Teatro del Bicentenario, al regalarle una orquestación suya, interpretada magistralmente por la English Chamber Orchestra.
En diversas ocasiones, Serebrier ha expresado su amor por nuestro País, ya que éste fue el primero que lo invitó a dirigir una orquesta, cuando él tenía 18 años. Desde entonces, el compositor uruguayo ha vuelto muchas veces a la capital mexicana y a nuestro Estado.
El fin de semana pasado, Serebrier regresó a nuestras tierras, en una gira de la legendaria English Chamber Orchestra (ECO), que incluyó a León, con una única presentación en el Teatro del Bicentenario, el jueves; y a la Ciudad de México, con dos conciertos en el Palacio de Bellas Artes, el viernes y el sábado.
En el primer recital, los ingleses y Serebrier ofrecieron un programa variado, que incluyó obras del nacionalismo español, el barroco británico, el repertorio clásico austriaco e incluso del propio director invitado.
Después de que los músicos ocuparan sus lugares, Serebrier entró al escenario y fue recibido con fuertes aplausos, como un homenaje a su distinguida trayectoria. El maestro agradeció con una sonrisa y dio la vuelta para comenzar a dirigir a la orquesta, con la seriedad que le distingue en el podio.
El concierto inició con “La oración del torero”, de Joaquín Turina, obra compuesta en 1925, luego de que el español quedara asombrado por el bullicio y el recogimiento que enmarcan a la fiesta brava.
Desde el principio, Serebrier, de 79 años, condujo con una lucidez y maestría admirables. A pesar de que dejó de usar la batuta desde que en 1975 se hirió mientras dirigía, en esta ocasión, el maestro decidió ocuparla cuando la partitura lo requería; así que, mientras con la mano derecha marcaba las entradas y compases, con la izquierda indicaba las dinámicas.
Gracias a una comunicación eficaz entre el director y los intérpretes, de primer nivel, la música se escuchó diáfana, rica en texturas y matices. Además, el sonido fue redondo, a pesar del tamaño reducido de la orquesta.
La ECO no sólo interpretó las piezas con pulcritud, sino que respetó el estilo de cada una de ellas, como en la transcripción para violonchelo del aria “Cuando yazca en la tierra”, de la ópera “Dido y Eneas”, de Henry Purcell. En este lamento conmovedor, la violonchelista Caroline Dale se lució como solista, al tocar la melodía con entrega y virtuosismo.
Para continuar con la música británica, la English Chamber Orchestra interpretó con gracia y precisión “Playful pizzicato”, de la “Sinfonía Simple”, de Benjamin Britten. En este movido y humorístico scherzo, los ingleses impresionaron por su técnica para pulsar, pellizcar y rasguear las cuerdas, y lograron hacer sonreír al auditorio.
Luego, la ECO encantó con dos miniaturas de desbordante inspiración: “Canción de noche” y “Canción de mañana”, de Edward William Elgar.
La primera parte del programa concluyó con el “Divertimento en Re mayor, K. 136”, de Wolfgang Amadeus Mozart. La lectura que ofreció la ECO de la también conocida “Sinfonía de Salzburgo no. 1”, fue delicada, clara y encantadora, acorde con el espíritu alegre y adolescente del genio austriaco.