Alejandra Origel es una artista plástica y fotógrafa que ha visto su trabajo transformarse enfrente de sus ojos.

“Historias en la piel. Fragmentos de luz”, inició como su proyecto de maestría, pero terminó convirtiéndose en una exposición que invita a reflexionar, entre otras cosas, sobre las cicatrices que nos dejó la pandemia.

Desde el 25 de febrero y hasta el 25 de marzo, “Historias en la piel” se exhibe en el espacio cultural Casa Bruja, después de un peculiar recorrido. Este proyecto había salido en el 2020 de manera virtual.
Estuvo en las galerías virtuales de la Bienal de Puebla. También fue seleccionado para el premio de las artes visuales en la categoría de artista con discapacidad. Ahora por fin se puede presentar en una sala”, comentó la artista.
Haciendo uso del concepto japonés “Kintsugi”, Origel ensaya en su proyecto sobre la nueva vida y el resplandor que las cicatrices le dan al cuerpo que ha sobrevivido a esas heridas.

El Kintsugi es una técnica en la que se reparan piezas de cerámica, resanando las partes pegadas con colores metálicos para que resalten y se note que algo se ha vuelto a unir.

De esta manera, la fotógrafa invita a reflexionar sobre la concepción a veces negativa que se tiene en el mundo occidental sobre las cicatrices.
No sé cómo lo va a recibir el público en presencial. El proyecto habla un poquito de la resiliencia, de las fracturas en el cuerpo, en las vasijas.
Entonces también es como un ‘¿Cómo seguimos en el 2023 después de la pandemia?’. Yo hablo de mi cuerpo y a través de él, pero coincide con una época de pandemia que nos va dejando una fractura y nos trae un montón de enfermedades, incluso ansiedad social. También es un ‘¿Cómo vamos, cómo estamos?’, cuestionarnos si sólo continuamos o si estamos haciendo ese espacio de introspección que nos dejó la pandemia”, dijo Alejandra Origel.
La fotógrafa es extremadamente cuidadosa con cada aspecto de la presentación, pues al ser un proyecto auto referencial, busca que el público tenga una experiencia didáctica con la que empatice.
Cada montaje es diferente y lo más difícil es escoger la parte de los materiales de salida. Este espacio requiere cierto tipo de montaje, de hecho por eso no está completa, la salas son chiquitas, el formato es pequeño y hay que irnos adecuando a los espacios.
Aunque se exponga en otros lugares, en cada espacio es una experiencia diferente. En esta ocasión las fotos fueron impresas con un acabado con piel, que enfatiza más la cuestión del texto, el concepto y las imágenes que tienen que ver justamente con el cuerpo”, explicó.
En esta misma búsqueda de generar nuevas experiencias y de que su proyecto se exponga por fin en su totalidad, Alejandra anhela llevarlo a la Galería Jesús Gallardo o al Museo de Arte e Historia de Guanajuato, lugares que la han dado difusión previamente.

Por el momento esta muestra parcial permanecerá en Casa Bruja y durante los siguientes sábados habrá reactivaciones y charlas con artistas para interactuar con la obra.
Dense una vuelta, dense una oportunidad. No sólo es arte contemporáneo, es una experiencia de vida. Es un poquito retomar lo que nos pasó y revalorizar las fracturas que nos suceden en la vida”, invitó Alejandra Origel.






