León.- “El apego a la libertad es la aportación que nos dejaron los polacos. Ser solidarios y generosos, pero sobre todo mantener el espíritu de libertad, que se marcó en 1946, es lo que nos ha distinguido por muchos años”, apuntó el cronista de la ciudad, Luis Alegre Vega, durante el conversatorio “Recordando La Pequeña Polonia: la solidaridad es vida”.
La charla se realizó durante el Festival de Fotografía Internacional en León (FFIEL), donde se contó con la participación de Irka Danufat Luna Pater, de ascendencia polaca, quien habló del amor de su madre por León y su apego al clásico “Arriba la fiera”.
Rosendo Arróniz Martínez, quien fungió como moderador, recordó la llegada a León, en 1943, de mil 400 polacos que habían sufrido hambre, frío, enfermedades y trabajos forzados en Siberia.
Antes de la exposición, se invitó al público a imaginar la llegada de los refugiados mediante el sonido de un tren y una narración en voz en off, que causó impacto entre los asistentes, especialmente entre quienes tienen ascendencia polaca.
Luis Alegre explicó que llegaron en dos grupos: el primero el 1 de julio de 1943 y el segundo el 2 de noviembre. Destacó la colaboración entre México, Estados Unidos, Inglaterra y el gobierno polaco para atender a los refugiados, con prioridad para mujeres y niños.
Uno de los acontecimientos sobresalientes fue su recibimiento festivo. Inicialmente fueron instalados en lo que después sería el Instituto Lux, y posteriormente, trasladados a Santa Rosa, entonces considerado el granero de la ciudad.
En ese lugar construyeron dormitorios y espacios para vivir, además de una carpintería, herrería, panadería, cooperativa de calzado, tienda y granja. También establecieron un orfanato para 264 niños, 84 de ellos huérfanos de padre y madre.
La huella de las familias polacas en León


El cronista destacó la interacción entre los refugiados y los habitantes de León en ámbitos como la educación, los oficios y el deporte.
Los polacos participaron en los desfiles de 1944, 1945 y 1946, mientras que la selección de voleibol de 1945 estuvo integrada por ellos y representó a Guanajuato.
De quienes habitaban la comunidad, una cuarta parte eran familias. En Santa Rosa nacieron 64 niños y se registraron 67 matrimonios entre mexicanos y polacos.
Una vez terminado el exilio, en 1946, 180 de los refugiados permanecieron en León. Han pasado 80 años y, señaló, permanece el vínculo entre León y Polonia.
Al hablar de solidaridad, Alegre Vega expresó: “Ser solidarios no es solamente desprenderse de algo material, sino asumir su causa, de aquello que los mueve”.
Recuerdan época histórica

Antes de abordar la historia de la Pequeña Polonia, Alegre Vega hizo una relatoría de la situación que vivía León antes y durante la estancia de los refugiados.
Precisó que desde 1939 la ciudad experimentaba una intensa producción de calzado, impulsada por la demanda generada por la Segunda Guerra Mundial.
La II Guerra Mundial vino a alterarlo todo. León estaba inmerso en 1943 en la locura que desató la II Guerra Mundial. De la noche a la mañana la sobredemanda de piel y calzado con motivo de la guerra, entendiendo que Estados Unidos dejó de producir muchos artículos para concentrarse en la industria bélica, aún antes de que entraran a la guerra”.
El crecimiento de la industria atrajo habitantes de Jalisco y generó una intensa actividad económica. En el ámbito deportivo, destacó el surgimiento del Unión de Curtidores, considerado posteriormente base del equipo León.
Alegre Vega también abordó el contexto político de 1946 y el surgimiento de la Unión Cívica Leonesa, movimiento que se opuso al fraude electoral y que derivó en la matanza de ese año, que calificó como “Un grito contra la imposición, un grito de libertad”.
Concluyó que hoy permanece un lazo entre León y Polonia: la memoria de la Pequeña Polonia y sus enseñanzas.
MGM