El arte puede transformar una calle en un espacio de encuentro y convertir los lugares cotidianos en parte de la memoria colectiva. Esa es una de las búsquedas de Silvia Carolina Durán, artista visual y maestra de arte con diez años de trayectoria, cuyo trabajo explora la relación entre las personas, la naturaleza y los espacios que habitan.
Su acercamiento al espacio público tomó fuerza después de regresar a León, tras estudiar la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales en La Esmeralda, en Ciudad de México. Como no le era posible comprar bastidores, comenzó a pintar sobre papel y después decidió pegar sus obras en las calles.
“Esa práctica me acercó a la comunidad, pero también integró mi obra al espacio público”, recuerda sobre la experiencia que marcó su camino artístico.

Desde entonces, ha trabajado con distintas técnicas, además de realizar murales con niñas, niños y mujeres de diversas comunidades.
Para Durán, la participación colectiva puede cambiar la forma en que las personas se relacionan con su entorno. “Lo primero que cambia es la percepción del espacio en donde se realiza la obra”, explica.
Crear vínculos con el arte
Actualmente, la naturaleza ocupa un lugar importante en su trabajo; entre sus proyectos está un taller de arte botánico experimental en un centro de readaptación juvenil, donde explora las emociones y el pensamiento abstracto con elementos naturales.
También desarrolla una serie sobre los pequeños rituales cotidianos que ayudan a enfrentar situaciones difíciles.
“Me gustaría, a través de mi obra, reflejar la sensación de estos rituales cotidianos”, comparte.

Después de años de combinar la creación artística con la docencia, Durán ha logrado enfocar sus proyectos educativos cada vez más en su práctica visual.
En este proceso, ha aprendido que el arte no ofrece soluciones a todos los problemas, pero puede abrir espacios de reflexión y convivencia.
“Lo más importante de todo lo que hacemos no es el resultado final, es el proceso”, afirma.
Su búsqueda continúa con la intención de dar espacio a otras historias, fortalecer los vínculos comunitarios y encontrar sensibilidad incluso en los entornos más difíciles.


