León.- Hay libros que se leen como si estuvieran esperando el momento preciso para volver a nacer. El escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia publicó “Las muertas” en 1977, tomando como base el caso real de Las Poquianchis, un grupo femenino que cometió una serie de crímenes que estremecieron a Guanajuato y sus alrededores en los años 60.
Lo hizo con la lucidez y el humor corrosivo que lo caracterizaban, dando forma a una novela incómoda y brillante que impacta porque provoca risa en medio del horror.
Décadas después, esa misma historia llega a Netflix en formato de serie de seis capítulos bajo la dirección de Luis Estrada, el cineasta detrás de títulos como “La ley de Herodes”, “El infierno”, “La dictadura perfecta” y “Viva México”, quien curiosamente, también estila como Ibargüengoitia.

Su estreno está programado para el 10 de septiembre en Netflix, y promete ser una de las apuestas más arriesgadas de la plataforma en México.
En un junket convocado por dicha plataforma, Leticia Huijara -quien interpreta a Eulalia Baladro de Pinto-, y Luis Estrada, platicaron sobre las implicaciones y curiosidades de esta serie.
“Me obsesionó desde que la leí”, confesó Estrada. “Quise hacer una película, pero entendí que la fuerza de la novela pedía más tiempo y más voces. Solo en forma de serie podía respetar el tono de Ibargüengoitia y la complejidad de lo que ocurrió, era más que necesario hacer algo más de 6 capítulos”, dijo.

De la sátira a la pantalla
La adaptación enfrentó un reto central: narrar la atrocidad sin perder el filo satírico. Luis Estrada explica que no fue necesario añadir guiños contemporáneos; la vigencia de la obra habla por sí sola.
No hacía falta forzar paralelismos. Ibargüengoitia escribió sobre corrupción, impunidad, abuso, explotación… y todo eso sigue ahí. Esa es la fuerza de su mirada: un espejo que refleja al México de ayer y de hoy”.
La producción implicó más de 22 semanas de rodaje, 200 sets de época y locaciones que van desde Guanajuato hasta San Luis Potosí y Veracruz.
Sin embargo, la mayor apuesta estuvo en encontrar el tono adecuado: provocar la carcajada para, de inmediato, desnudar la crueldad.
El resultado es un mosaico de géneros: del cine negro al drama judicial, del thriller político al horror gótico, siempre bajo la ironía del autor.

Eulalia Baladro, entre la fe y la sombra
El reparto es coral, con personajes que se mueven en la frontera entre el poder y la tragedia.
Una de las figuras centrales es Eulalia Baladro, interpretada por Leticia Huijara, quien encarna a una mujer atrapada entre la fe religiosa y la complicidad involuntaria con el negocio familiar.
Yo la veo como una víctima más. Eulalia es obediente, devota, siempre a la sombra de sus hermanas. Pero el peso del silencio también es una forma de participación. Ese contraste me obligó a contenerme, a trabajar desde un lugar mucho más sutil, casi invisible”, resaltó.

La actriz subraya que el rodaje fue también un reencuentro creativo con Luis Estrada.
“Trabajar con él es exigente, pero profundamente generoso. Logra que el set se convierta en comunidad, en un espacio de confianza donde los actores podemos arriesgarnos sin miedo”.
La herencia incómoda de Ibargüengoitia
En “Las muertas” no hay héroes ni redención. Todos los personajes transitan por la zona gris de la ética: las víctimas terminan siendo victimarios, la religión convive con la perversidad, las instituciones fracasan estrepitosamente.
Eso es lo fascinante de Ibargüengoitia, él no buscaba moralejas ni justificaciones. Su propuesta era exponer el absurdo de un sistema corrupto donde nadie sale limpio. Esa crudeza ética fue la guía para la serie”.
De esta manera, Netflix recupera a uno de los autores más agudos del siglo XX y lo presenta a nuevas generaciones en un formato masivo.
Pero, la pregunta que late bajo la superficie es la misma que planteó el novelista hace casi 50 años: ¿Qué tan lejos estamos de ese México marcado por la violencia, la corrupción y la impunidad?

Un espejo para el presente
La vigencia de la historia no es casual. La trata de personas, la explotación y la complicidad institucional que aparecen en la novela siguen siendo problemas vivos en el país.
La serie busca que el espectador no solo vea un retrato del pasado, sino un espejo del presente.
Lo más duro es darte cuenta de que seguimos riéndonos de lo mismo. La diferencia es que hoy lo vemos en streaming, con otra producción, pero la realidad detrás es igual de brutal”.
Con “Las muertas”, Netflix lanza una apuesta que une la tradición literaria con el pulso político del cine mexicano contemporáneo. Una historia que incomoda, porque arranca risas en medio de lo atroz, y que recuerda que a veces la mejor manera de hablar de la tragedia es a través de la ironía.
El público tendrá la última palabra a partir del 10 de septiembre, cuando el universo de Ibargüengoitia se encienda en millones de pantallas de la plataforma Netflix.
CYPS