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León, Guanajuato.- Dos hombres, una mujer y una revolución que lo cambia todo. 

La nueva serie “Mal de Amores” llega a Netflix este 2 de septiembre con una historia de pasión, libertad y rebeldía que, aunque transcurre durante la Revolución Mexicana, pone sobre la mesa conflictos amorosos que siguen siendo actuales. 

En entrevista con AM, Renata Vaca, Juan Pablo Fuentes e Iván Amozurrutia hablan de sus personajes: Emilia, Daniel y Antonio, respectivamente.

Una mujer que todavía tiene preguntas

Aunque la historia se desarrolla a principios del siglo XX, para Renata Vaca interpretar a Emilia Sauri significó encontrarse con una mujer que, pese a vivir en otra época, comparte muchas inquietudes con las mujeres de 2026.

Emilia quiere estudiar medicina, decidir sobre su propia vida y conquistar una libertad que no estaba destinada para las mujeres de su tiempo.

“Hay muchas similitudes y muchos puntos de encuentro entre una mujer de 1910 y una mujer del 2026”, compartió Renata.

Para la actriz, aunque las mujeres de la actualidad tienen libertades que Emilia no podía imaginar, todavía permanecen preguntas alrededor de la autonomía, los sueños y el lugar que cada una quiere ocupar.

“Seguimos haciendo nuestras mismas preguntas, igual y las fraseamos distinto, pero inyecta estas ganas de seguir siendo revolucionaria, de seguir siendo incendiaria y conquistar nuevos terrenos”, expresó.

Renata Vaca en una escena de “Mal de amores”, donde interpreta a Emilia. Foto: Cortesía Netflix

Dos hombres, dos formas de amar

En el centro de la historia está Emilia y los dos hombres que representan caminos completamente distintos.

Daniel Cuenca, interpretado por Juan Pablo Fuentes, es el aventurero y revolucionario que acompaña a Emilia desde su infancia; mientras Antonio Zavalza, interpretado por Iván Amozurrutia, representa la estabilidad, la medicina y la posibilidad de construir una vida más tranquila.

Pero para los actores, reducir la historia a una competencia entre dos hombres sería quedarse solamente con la superficie.

“Ella se acaba eligiendo a ella misma”, destacó Renata al hablar de la relación entre los tres personajes.

La actriz explicó que cada uno de los hombres despierta una versión distinta de Emilia, y que precisamente ahí está una de las claves del triángulo amoroso.

“Los dos tenemos colores muy distintos. Rojo y azul”, explicó, al señalar cómo Daniel y Antonio provocan diferentes emociones en Emilia.

Juan Pablo Fuentes como Daniel e Iván Amozurrutia como Antonio Zavalza. Foto: Cortesía Netflix

Más que decidir entre dos hombres, la protagonista enfrenta la posibilidad de decidir quién quiere ser.

“Quién no se ha visto en esa situación de poder elegir entre dos amores, pero sobre todo para mí me gustaría subrayar que lo más importante es quién decide ser ella”, señaló Renata.

‘No hay competencia’

Juan Pablo Fuentes incluso llevó la rivalidad entre los personajes al terreno del humor.

Cuando se le preguntó si Daniel realmente está compitiendo contra Antonio o contra la nueva Emilia que está surgiendo, respondió tajante:

“No hay competencia. Porque ya gané yo (risas)”.

Más allá de la broma, el actor explicó que Daniel y Antonio ocupan espacios completamente distintos en la vida de Emilia.

“Cada uno abarca distintas zonas y distintos matices y distintos colores y distintas energías”, señaló.

Los corazones de Daniel y Emilia están unidos desde la infancia. Foto: Cortesía Netflix

Daniel representa para Emilia el primer amor, la aventura y una conexión con su infancia. Antonio está más relacionado con el futuro que ella quiere construir.

“Daniel tiene acceso a quien Emilia fue a esta infancia. El primer amor. Yo creo que todos nos acordamos de ese primer amor”, explicó Fuentes.

Sin embargo, ese vínculo no necesariamente significa que sean compatibles.

“Quizá Daniel ya no embona tanto o no se encuentra tanto en esta Emilia que quiere construir, que quiere tener casa, que quiere tener hijos”, agregó.

Emilia encuentra estabilidad en Antonio Zavalza. Cortesía Netflx

Una historia para distintas generaciones

Uno de los retos para el elenco fue que “Mal de Amores” llegara tanto a quienes conocen la novela de Ángeles Mastretta como a nuevas generaciones.

Para los actores, la serie puede convertirse precisamente en un puente entre públicos de distintas edades.

La historia aborda el amor de pareja, pero también el amor familiar, la amistad, el país y la lucha por alcanzar los propios sueños.

“Esta historia es un puente”, señaló el elenco.

La adaptación conserva la esencia de la novela, pero también incorpora elementos que no aparecen en el libro, algo que consideran una oportunidad para que el público se acerque posteriormente a la obra de Mastretta.

“Es muy bonito meterse en los dos lados, como ver la serie y también poderla leer, que es una belleza de novela de Ángeles Mastretta”, comentaron.

Puebla se convirtió en parte de la historia

La producción recorrió San Luis Potosí, Puebla y Ciudad de México para construir el universo de la historia.

Para el elenco, filmar en Puebla tuvo un significado especial, no solamente por sus espacios históricos, sino porque la propia Ángeles Mastretta es poblana.

Los actores recordaron el recibimiento que tuvieron durante el rodaje y las locaciones en las que trabajaron, entre ellas la Capilla del Rosario y distintos espacios de Atlixco.

También filmaron en San Luis Potosí, donde incluso pudieron cerrar el centro para recrear el Paseo de la Reforma durante la entrada de Francisco I. Madero.

“Ángeles le hizo una carta de amor a Puebla”, compartieron.

Tanto Puebla como San Luis Potosí enmarcan la serie “Mal de amores”. Foto: Cortesía Netflix

Cinco meses para construir la Casa Sauri

La ambientación fue otro de los grandes retos de la serie. La producción creó desde cero uno de sus escenarios principales: la Casa de la Estrella, construida en los Foros Maravilla de Ciudad de México.

La botica, la cocina, las habitaciones, el patio y las fuentes fueron diseñados específicamente para la historia. La construcción tomó alrededor de cinco meses.

“Era impresionante”, recordó el elenco sobre el set de la Casa Sauri.

Incluso hubo escenas en las que la producción llevó la experiencia hasta el extremo: hicieron llover dentro del foro para conseguir que los espacios construidos parecieran auténticos.

El esfuerzo también se extendió al vestuario. El equipo realizó una investigación de un año y trabajó durante ocho semanas en prototipos para recrear la moda femenina y la sastrería masculina entre 1900 y 1920.

El reto de darle rostro a personajes ya imaginados

Para los protagonistas, interpretar personajes nacidos de una novela representó una responsabilidad adicional.

Iván Amozurrutia reconoció que trabajar con personajes que ya existen en la imaginación de los lectores puede ser un arma de doble filo: por un lado, la novela ofrece herramientas para construirlos; por otro, existe la presión de saber que muchas personas ya tienen una imagen de ellos.

“De repente te puede llegar esta presión como de: ‘oye, ¿cuántas personas han imaginado a estos personajes?’ Y pues ahora, de alguna manera, les impones estas tres caras”, explicó.

“Mal de Amores” está ambientada en la época de la Revolución Mexicana. Foto: Cortesía Netflix

El actor reconoció que esa responsabilidad primero se convirtió en emoción y después en cierto miedo por estar a la altura de lo que imaginaban tanto Ángeles Mastretta como Catalina Aguilar Mastretta, hija de la escritora.

Pero el trabajo conjunto con la directora y el resto del elenco permitió que esa presión se transformara en una experiencia creativa.

Catalina Aguilar Mastretta, una guía cercana

Los tres actores coincidieron en que trabajar con Catalina Aguilar Mastretta fue uno de los elementos que facilitó el proceso.

Para ellos, la directora conocía profundamente la historia y tenía muy claro lo que quería, pero permitió que los actores propusieran y construyeran sus personajes.

“Fue un deleite”, resumieron.

También destacaron la adaptación realizada junto con Fernanda Eguiarte, pues trasladar el ritmo y la poesía de la novela a una serie representó un reto considerable.

La producción, además, buscó que el elenco y los distintos departamentos trabajaran como un solo equipo.

“Cata hizo sentir a todos que esta historia era historia de todos”, señalaron.

La dirección de Catalina Aguilar Mastretta fue todo un deleite. Foto: Cortesía Netflix

Del nervio a la magia

Una producción de estas dimensiones también tuvo momentos de nervios.

Los actores recordaron particularmente una secuencia de la boda, en la que durante el primer intento Renata y Juan Pablo se equivocaron con la coreografía que habían ensayado.

“En la primera toma entramos Renata y yo y lo hicimos todo mal”, recordó Juan Pablo entre risas.

Pero el ambiente de trabajo permitió que el error no se convirtiera en presión.

“No pasa nada, va a haber otra toma”, recordó el actor.

Para el elenco, esa posibilidad de equivocarse, volver a intentar y sentirse cobijados por el equipo terminó formando parte de la experiencia de hacer “Mal de Amores”.

Una historia que, más de un siglo después de la época en la que transcurre, llega a Netflix con preguntas que sus protagonistas consideran todavía vigentes: qué significa amar, qué significa ser libre y, sobre todo, quién decide la vida que quiere vivir.

CYPS

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*Es periodista con más de 20 años de experiencia en temas locales, salud, seguridad y periodismo urbano; en la última década se especializó en temas de entretenimiento y mainstream, así como coberturas...