León, Guanajuato.- Más de mil personas pusieron a prueba sus nervios y, por momentos, hasta su propia cordura durante la presentación de Esquizofrenia, que regresó al Teatro Manuel Doblado con Rafael Perrín al frente de una historia que convirtió al público en testigo de un inquietante experimento psiquiátrico.
La atmósfera londinense de 1914 tomó el escenario del Teatro Manuel Doblado para recibir nuevamente a una de sus obras consentidas.
Esta vez, el público no solo acudió a presenciar un monólogo: se convirtió en parte de una experiencia que durante 90 minutos lo llevó a cuestionarse qué es real y qué ocurre únicamente dentro de la mente.
Con la función número 714, Esquizofrenia volvió a León, una ciudad que Rafael Perrín considera entre sus favoritas, y lo hizo ante un teatro prácticamente lleno, donde los asistentes se dejaron llevar por la tensión, los cambios de ánimo y los momentos de incertidumbre que propone el montaje.
La historia comienza en 1914, cuando el prestigiado médico psiquiatra inglés Emile Tuck reúne a un grupo de colegas para demostrarles dos cosas: que no está muerto y que ha descubierto la cura de la esquizofrenia.

Pero para comprobar su teoría, el médico está dispuesto a llevar el experimento hasta las últimas consecuencias.
A través del personaje, el público conoce desde adentro algunos de los síntomas de la enfermedad, mientras la frontera entre la cordura y la locura comienza a desdibujarse.
Un experimento que también vivió Perrín
La propuesta tiene un componente personal para Rafael Perrín, quien además de dirigir el montaje interpreta al doctor Emile Tuck.
Para construir la experiencia que plantea la obra, Perrín se internó durante tres días en una institución psiquiátrica (el Teatro Manuel Doblado) con la intención de conocer de cerca el entorno en el que se desarrolla la historia y encontrar una manera de llevar esa experiencia al escenario.
De ahí surge un montaje que apuesta más por la experiencia y la inmersión que por una representación convencional de la enfermedad mental.

La dramaturgia corre a cargo de Mauricio Pichardo, mientras que Rafael Perrín asume la dirección y protagoniza la puesta en escena.
¿Y si la locura estuviera más cerca?
Conforme avanza la historia, el público deja de ser un simple espectador y comienza a formar parte del experimento. Los silencios, los cambios de ritmo, una gotera permanente, y la tensión construyen una atmósfera en la que resulta cada vez más difícil saber qué está sucediendo realmente.
Durante la función, los asistentes fueron pasando del desconcierto a la tensión y de ahí al cuestionamiento, siguiendo las pistas que ofrece el protagonista para descubrir si su teoría realmente puede funcionar.

Al final, la pregunta queda abierta: ¿será posible encontrar una cura para la esquizofrenia o el experimento terminará demostrando algo mucho más perturbador?
La respuesta, como propone la propia obra, solo puede conocerse si el público se atreve a entrar en la mente del doctor Emile Tuck… y sobrevive.
CYPS