CDMX.- En la sede de la Presidencia de México, el estilismo no está marcado por el glamour de la alta costura francesa o los diseños exclusivos italianos, sino por el trabajo de un pequeño grupo de mujeres.
Entre ellas varias diseñadoras indígenas, que diseñan, bordan, cosen o reciclan el vestuario de la mandataria Claudia Sheinbaum de forma mucho más original y a menor costo.
La Presidenta, quien fue reconocida por la revista Forbes como una de las cinco mujeres más poderosas a nivel global, y por The New York Times como una de las 67 personas con mejor estilo de 2025, señaló que el mérito es de las mujeres que hacen su ropa.

Una de ellas es Olivia Trujillo, quien siempre tiene las medidas de Sheinbaum a la mano, aunque, reconoce sonriente, “ya me la conozco de memoria”.
Su primer encargo llegó en 2022. Ahora los materiales le llegan a su taller de San Pedro Mártir, en la Ciudad de México: rollos de tela, bordados elaborados en distintos puntos del País y esbozos de los diseños.
Muchas veces su trabajo es darle nueva vida a huipiles usados por Sheinbaum o que le son regalados y que ella transforma. “Ahora distintas personas de todos los niveles sociales quieren un vestido o una blusa como los de la Presidenta. Es un orgullo enorme”, refiere Olivia.
Mujeres indígenas reconocidas en la moda

El día de su toma de posesión, Sheinbaum eligió un vestido marfil con elegantes bordados de colores que resume su concepto de vestuario: el trabajo conjunto de distintas artesanas para crear algo diferente.
Claudia Vásquez, indígena zapoteca del Istmo de Tehuantepec, fue la encargada de realizar los bordados en el diseño creado por Trujillo. El único requisito: “Que yo hiciera la parte que más me encantara”, dice.
Hice los dibujos a mano, empecé a plasmarlos sobre la tela y empezamos a bordar”. El resultado fue espectacular.
Cuando el reconocimiento llegó, ella pensó que por fin, las mujeres indígenas zapotecas se verían como lo que eran: creadoras de arte. Vázquez recuerda como de niña cambiaba su huipil cuando iban a la ciudad para evitar burlas. “Hoy todo cambió”, explica orgullosa.

Virginia Verónica Arce comienza cada día en su casa de San Isidro Buen Suceso, en las montañas de Tlaxcala, frente a su antigua máquina de coser Singer, guiando hilos de colores vivos para crear intrincados diseños transmitidos de generación en generación como parte de la cultura del pueblo nahua.
Aunque Arce ya había elaborado huipiles para Sheinbaum, su encargo más relevante llegó el verano pasado. Cuando la Jefa del Ejecutivo salió al balcón del Palacio Nacional para dar su primer “Grito” del Día de la Independencia, millones de mexicanos vieron el bordado de Arce en la parte superior del vestido largo y morado.
“Fue una emoción muy grande al verla con el bordado de Tlaxcala y de mi comunidad”, comenta Arce al recordar cómo toda su familia se reunió ese día frente al televisor para ver el fruto de su trabajo. Fue entonces cuando cambió su forma de ver la moda.
“Lo que hago pues también es alta costura”, reflexiona la diseñadora indígena.
DMG