Manuel Carrillo
Funciona desde 1824, año en que Alejandro Von Humboldt adquirió ejemplares de varias partes del mundo; después, en 1867, por encargo del profesor Severo Navia se amplió la colección con minerales adquiridos en Europa que él mismo clasificó científicamente. Se trata del Museo de Mineralogía, instalado en la Escuela de Minas.
En este sitio se encuentran 24 mil 500 muestras de minerales que cualquier persona interesada en el tema puede observar, siempre con el auxilio del encargado, Marco Antonio Reyes Morales.
“Aquí se encuentran muestras de plata, calcita, yeso, cuarzo, selenita y otros minerales que son nativos de Guanajuato”, dice Marco Antonio, el experto que lleva 17 años al frente de este sitio.
“Yo fui alumno de Eduardo Villaseñor Sholl”, dice con orgullo, y asegura que Villaseñor fue alumno de Ponciano Aguilar, uno de los benefactores del museo y de la ciudad. “Los dos son figuras importantes en la vida de Guanajuato, y yo formo parte de su escuela”.
Importancia del museo
“Al observar estos minerales uno puede conocer un poquito la historia del planeta Tierra, saber cómo se originó y cuál es su desarrollo, o sea, el pasado, presente y futuro de este nuestro gran hogar, esa es la importancia del Museo de Mineralogía de la Universidad de Guanajuato”.
“En 1824 se iniciaron las actividades con el trabajo de ese gran científico que amó a México, a Guanajuato en especial, después llegó el profesor Severo Navia, luego, el ingeniero Ponciano Aguilar, quien hizo más aportaciones; él descubrió minerales nativos de Guanajuato, cuyos nombres son: ‘Valencianita’, ‘Guanajuatita’, ‘Silaoita’ y ‘Fernandita’.
Parte de la colección personal de Ponciano Aguilar fue donada por sus hijas, se trata de ejemplares de plata, calcita, yeso, cuarzo y selenita, las vitrinas donde expone se les puso el nombre de ‘Aguileritas’, en homenaje a ellas.
Verdadero tesoro
Entre sus piezas más preciadas se encuentra una muy especial que por desgracia el público ya no la puede admirar, se trata del meteorito Allende.
El Museo conserva un trozo de esta piedra, la roca más antigua del Universo, que cayó del espacio la madrugada del 18 de febrero de 1969, en el municipio de Allende del estado de Chihuahua, y sólo algunos centros de investigación lograron obtener un fragmento de él, entre ellos, el museo de la Universidad de Guanajuato.
Hace algunos años, el fragmento podía ser observado por el público pero ahora está bajo resguardo; tiene una edad calculada en 4 mil 568 años y su composición mineral lo convierte en un verdadero laboratorio donde se observan los materiales de los que están compuestos los planetas y el propio Sol.

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