Después de convivir casi 17 años con los capitalinos, Juan Rodríguez Alba, Abad de la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato tiene gratos recuerdos de su estancia aquí. “La gente me enseñó a querer a la Virgen, pero también, con tristeza veo cómo se han deteriorado la seguridad pública, la educación y la economía de las familias”.
“Aquí hay un espíritu sano, de plena convivencia, hay una idea de pertenencia a la ciudad, de fortalecerla como ciudad patrimonio y destino turístico, eso es innegable, sin embargo, no puedo negar que ha crecido el deterioro de la seguridad y la economía popular porque los salarios ya no alcanzan para satisfacer las necesidades mínimas”.
En el contacto diario con los feligreses, el sacerdote ha llegado a conocer su sentir respecto a esos dos factores que detienen el desarrollo de la comunidad. “De eso estoy consciente, las personas me lo han dicho, lo viven en carne propia”.
“Los jóvenes siguen siendo el gran desafío para la Iglesia Católica, con ellos he trabajado en busca de convertirlos en apóstoles para que se conviertan en portadores de la grandeza de Dios, para que convenzan a sus amigos y familiares en la verdad del Evangelio, y con ello, de paso aligerar un poco la problemática de Guanajuato”.
Aún no hay fecha para que el Abad deje la Basílica y vaya a oficiar en un templo de León; sólo sabe que debe ser después del 8 de junio. El sucesor será Rubén de la Cruz, actual director espiritual del Seminario Mayor.
Confía en la virgen
El Abad recordó que la imagen de la Virgen María que se venera en la Basílica es la más antigua que existe en Guanajuato, y que tal vez por ello existe mucha fe hacia la madre de Dios: “Yo espero que esta religiosidad ayude a la capital del estado a vencer todos los problemas”.
“Es posible que haya tenido errores, ofrezco disculpas, y doy gracias por el apoyo que he recibido en estos 17 años, porque repito, la gente me estima y me enseñó a venerar a la Virgen”.