Salamanca, Guanajuato.- El futbol amateur de Celaya quedó bajo la mirada internacional tras un reportaje de The New York Times, que narra cómo adolescentes, entrenadores y familias intentan sostener la cancha como refugio frente a pobreza, violencia y reclutamiento criminal en una ciudad golpeada por ataques contra jugadores y espectadores locales.
La crónica escrita por Maria Abi-Habib y acompañada con fotografías de Alejandro Cegarra, sigue a los Cuervos, equipo juvenil dirigido por Sugey Milagros Salinas Grimaldi. Ella intenta mantener a sus alumnos en la escuela, lejos de drogas y cárteles, mientras varias canchas quedaron marcadas por miedo y vigilancia policial.
El reportaje abre con adolescentes que esperan jugar mientras sus rivales escuchan narcocorridos a todo volumen.
“No me gusta, pero no puedo decirles que lo apaguen”, dijo Salinas, al explicar que algunas canciones hablaban de familiares muertos mientras traficaban drogas, una memoria difícil de confrontar públicamente en esos espacios.
En ese entorno, la publicación plantea una pregunta central: quién llegará primero a esos adolescentes, la entrenadora o los cárteles. Para los jugadores retratados, el futbol aparece como disciplina, escape y posible movilidad social, pero también como un espacio que grupos criminales buscan controlar por distintos medios.

El texto refiere amenazas, cobros, ataques contra espectadores, asesinatos y secuestros de jugadores. También describe canchas que, lejos de las multitudes asociadas al Mundial, quedaron en silencio o sustituyeron por cruces y nombres de víctimas la convivencia que durante años sostuvo a barrios y comunidades de Celaya.
También muestra cómo la violencia modificó la rutina deportiva: tras la masacre de enero en Salamanca, los ayuntamientos suspendieron eventos futbolísticos casi un mes y muchos jugadores no quisieron regresar. Los Cuervos sí volvieron a la cancha, después de semanas de encierro y temor acumulado.
Días después de un torneo, según la crónica, apareció un letrero en las canchas donde habían jugado los Cuervos.
El mensaje advertía que, si querían jugar ahí, tenían que pagar. La escena resume el avance de las amenazas sobre espacios que antes funcionaban como puntos de convivencia comunitaria.

Adolescentes entre cancha y violencia
El reportaje del diario estadounidense cita el ataque de enero, cuando 11 personas fueron asesinadas tras un partido en Salamanca, municipio vecino de Celaya en el Corredor Industrial de Guanajuato. Después de ese hecho, los ayuntamientos suspendieron actividades deportivas y muchos jugadores tuvieron miedo de regresar a las canchas.
Entre los adolescentes retratados está Manuel, de 13 años, quien dejó de entrenar y faltó dos meses a la escuela para drogarse. El reportaje señala que un cártel mató a uno de sus hermanos, su padre se ahorcó y su madre trabaja muchas horas para sostener la casa.
“El futbol me despeja la mente de los problemas de mi casa”, dijo Manuel al hablar de su frustración por no tener más oportunidades de entrenar. “Lo que tengo son ganas de ganar, de jugar bien. Pero lo que no tengo son oportunidades”, agregó entre lágrimas, según el texto publicado.
La habitación de Manuel también aparece como reflejo de la narcocultura que rodea a algunos adolescentes de Celaya. El reportaje describe paredes con luces de neón, imágenes asociadas a capos de la droga, chalecos antibalas y casquillos acomodados sobre una cajonera, elementos que él presentó como decoración.
Otro caso es Juan Pablo, de 14 años, capitán de los Cuervos. La publicación lo describe como disciplinado, respetuoso y con asistencia escolar impecable. Recibió una invitación para pruebas con Chivas, pero necesitaba reunir 300 dólares para viajar; sus entrenadores no pudieron juntar el dinero necesario.

La oportunidad frustrada de Juan Pablo forma parte del contraste que plantea el reportaje: adolescentes con talento y disciplina enfrentan barreras económicas para probarse en equipos profesionales, mientras el entorno criminal ofrece dinero, pertenencia o control en comunidades donde las opciones educativas, deportivas y laborales suelen ser limitadas.
Salinas también relató el asesinato de Pedro, un alumno de 12 años que, según dijo, era adicto a las drogas y no pudo pagarle a quien se las vendía. “Quizá podría haber hecho más”, expresó al recordar ese caso, que la llevó a crear el equipo Cuervos en Celaya.
La entrenadora explicó que eligió el nombre Cuervos porque los cuervos son aves inteligentes que consiguen lo que quieren observando con atención. Para ella, los niños de Celaya también buscan oportunidades, aun cuando viven entre violencia, precariedad, consumo de drogas, duelos familiares y falta de apoyos para continuar entrenando.

Crimen y violencia en los campos
La publicación internacional también aborda el entorno económico regional. Describe a Celaya y sus alrededores como una especie de puesto avanzado para el petróleo mexicano, donde los cárteles compiten por desviar combustible de oleoductos y venderlo en el mercado negro, señalado como negocio ilícito de miles de millones de dólares.
En esa misma línea, la crónica cita al alcalde de Celaya, Juan Miguel Ramírez Sánchez, sobre el impacto de la violencia en el deporte. “Nos duele mucho”, dijo. “El deporte es una de las únicas formas de salvar a los niños de la violencia”, agregó en entrevista.
El contexto local fue documentado por AM el 9 de junio, con cifras, testimonios y antecedentes sobre el futbol amateur que se desarrolla bajo un ambiente de miedo en Salamanca, Irapuato y Celaya, municipios donde las canchas han sido escenario de ataques o hechos asociados a la violencia.
En Salamanca, al menos cinco ataques en campos deportivos amateurs entre 2018 y enero de 2026 dejaron 20 personas asesinadas a balazos y otras 19 heridas, de acuerdo con el recuento de AM. En Irapuato, los hechos en canchas o espacios asociados al futbol sumaron al menos 28 muertos desde 2020.

Para Celaya, el reporte local documentó cuatro futbolistas amateurs víctimas de hechos violentos entre abril de 2025 y marzo de 2026. Los casos ocurrieron después de partidos, al llegar a sus domicilios o tras desapariciones, en un contexto que ya había alcanzado también a ligas municipales de Salamanca e Irapuato.
El caso más grave fue el ataque del 25 de enero en el campo La Cabaña, en Loma de Flores, Salamanca. Hombres armados llegaron tras un partido y dispararon contra jugadores y asistentes. El saldo fue de 11 personas muertas y al menos 12 lesionadas, entre espectadores.
De acuerdo con la Fiscalía General del Estado, citada por AM, entre los participantes estaba un líder criminal que era objetivo del ataque. La agresión fue considerada la peor masacre ocurrida en un campo de futbol en el País, según el recuento periodístico publicado por este medio en junio.
El trabajo local también registró que, tras la masacre, ligas de Celaya suspendieron actividades durante varias semanas. Un organizador explicó que pararon por solidaridad y que, al retomar, muchos jugadores todavía no querían volver, porque lo ocurrido en Salamanca seguía reciente y golpeaba al gremio deportivo.

Apuestas, extorsión y vigilancia
El componente económico fue descrito por autoridades y especialistas. El alcalde de Salamanca, César Prieto Gallardo, dijo que algunos equipos llegaron a tener nóminas superiores a 200 mil pesos en un fin de semana o en un mes. “¿Qué negocio puede pagar una cantidad de esas?”, cuestionó.
El especialista David Saucedo explicó que las ligas amateurs son atractivas para grupos criminales por las apuestas clandestinas o de alto monto. “Hay cruces de apuestas importantes; ahí ya existe dinero circulando. Estamos hablando incluso de cantidades altas”, señaló en entrevista para el trabajo publicado por el medio local.
Saucedo indicó que alrededor de esas actividades surgen otros delitos, entre ellos venta de drogas y extorsiones. Según su explicación, en la región de Salamanca organizaciones delictivas llegaron a exigir pagos o derecho de piso a equipos y organizadores, además de cobrar un impuesto sobre apuestas locales.
El especialista afirmó que la negativa a pagar ha derivado en ataques violentos. “Se han dado asesinatos de jóvenes y personas que asisten a partidos o apoyan equipos; se han registrado ataques lamentables”, dijo.
También vinculó el fenómeno con eventos donde circula efectivo, como carreras, peleas de gallos y palenques.
El escritor Juan Villoro, citado por AM, advirtió en entrevista con Carmen Aristegui que en los últimos siete años han sido asesinados cerca de 70 jugadores amateurs en México. De acuerdo con esa declaración, 48 de esos asesinatos ocurrieron en el área de Salamanca, Guanajuato, durante ese periodo.
Villoro relacionó esa concentración con la disputa entre el Cártel Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación. “Lo que ocurre en un campo llanero en Salamanca está expresando una contienda que tiene que ver con el tráfico ilícito de combustible”, afirmó sobre la región.
En Celaya, el director de la Policía Municipal, Bernardo Rafael Cajero Reyes, informó que continuaban recorridos en campos deportivos y acercamientos con ligas a través del Sistema de Cultura Física y Deporte de Celaya. “Continuamos con la seguridad y el acercamiento de manera permanente”, afirmó ante AM.
Las dos publicaciones coinciden en hechos verificables: hubo ataques, suspensiones de torneos, vigilancia policial, temor de familias y casos de adolescentes que siguen jugando pese al riesgo. El reportaje internacional muestra rostros concretos; el recuento local aporta cifras, antecedentes y declaraciones para dimensionar el fenómeno.
*Nota realizada con apoyo de IA bajo la supervisión de AM
HLL