San Francisco del Rincón.- Antes de convertirse en la tragedia que marcó a toda una generación, el agua ya había escrito varias veces la historia de San Francisco del Rincón, desde 1612 existen registros de inundaciones que destruyeron viviendas, modificaron el rumbo del pueblo y obligaron a sus habitantes a reconstruir una y otra vez su ciudad.
Sin embargo, ninguna alcanzó la magnitud de la ocurrida el domingo 11 de julio de 1976, cuando el desbordamiento del río Santiago dejó muertos, desaparecidos, miles de damnificados y una herida que, medio siglo después, permanece viva en la memoria colectiva.
Una historia que comenzó hace más de 400 años
La primera inundación de la que existe registro documental ocurrió en 1612. El río se salió de su cauce sobre el asentamiento indígena, destruyó viviendas y sementeras, y obligó a sus habitantes a solicitar autorización a la Real Audiencia de la Nueva Galicia para trasladar el pueblo hacia una ladera donde estuviera a salvo de futuras crecientes.
Más de dos siglos después, en 1821, las lluvias volvieron a provocar daños al abrir un brazo del río que atravesó el Camino Real.
En 1842, el entonces alcalde José Ignacio Rojas recurrió incluso a reos condenados a obras públicas para reconstruir puentes y abrir canales que permitieran desviar el agua y evitar que la población quedara nuevamente incomunicada.
Pero sería la segunda mitad del siglo XIX cuando San Francisco comenzaría a padecer inundaciones cada vez más severas.
Cuando San Miguel desapareció
La tarde del 24 de septiembre de 1885 quedó registrada como uno de los episodios más devastadores que había vivido la entonces villa. Poco después de las cuatro de la tarde se rompió la presa de la Hacienda de Santiago y el aluvión, sumado al desbordamiento del río Santiago, inundó prácticamente toda la población.
Los reportes oficiales contabilizaron 275 viviendas destruidas, otro número similar con daños irreparables y un barrio de San Miguel prácticamente desaparecido.
En el centro de la villa el agua alcanzó casi dos metros de altura, obligando a decenas de familias a refugiarse en las azoteas o caminar hasta Purísima para ponerse a salvo.
Paradójicamente, aquella inundación no dejó víctimas mortales; lo que sí dejó fue una advertencia que, leída hoy, parece anticipar la tragedia ocurrida casi un siglo después.
Los documentos de la época señalan que “ya para esos años se hablaba de construir un dique para prevenir a la población de nuevas inundaciones“.
Dos años después, en 1887, el agua volvió.
Las crecientes inundaron nuevamente la ciudad y el entonces jefe político, Estanislao Arredondo, impulsó trabajos para desazolvar arroyos y construir un bordo.
En su informe dejó escrita una frase que conserva vigencia más de 130 años después:
…dar principio a los trabajos de desasolve de un arroyo y construcción de un bordo, con lo cual se evitará en gran parte la entrada del agua a la población”.
Las inundaciones continuarían en 1888, 1910, 1911, 1914 y 1926, dejando daños en viviendas, caminos y cultivos. La historia parecía repetirse una y otra vez.
1976: La tragedia que cambió a San Francisco
El domingo 11 de julio de 1976 la historia alcanzó su capítulo más doloroso.
El rompimiento de los diques de la presa Las Amapolas, en San Diego de Alejandría, Jalisco, compartió el desbordamiento del río Santiago y una avenida de agua que cubrió gran parte de la ciudad.
Las calles desaparecieron bajo la corriente. Viviendas colaron, fábricas quedaron inutilizadas, cientos de familias perdieron todo y miles de personas tuvieron que refugiarse sobre las azoteas mientras esperaban ser rescatadas.
Siete días después, el entonces presidente municipal interino, Ubaldo Gamiño Ornelas, elaboró un memorándum dirigido al gobernador del estado, Luis H. Ducoing, documento que hoy constituye uno de los testimonios oficiales más importantes sobre la magnitud del desastre.
En él describió una ciudad completamente paralizada. “La industria local, compuesta en su mayoría por fábricas de sombrero, calzado, textiles, etc., sufrió daños considerables. Se vieron afectadas por la inundación en casi su totalidad y no podrán reanudar sus labores normales en menos de dos meses, ya que mucha maquinaria se deterioró y otra será objeto de reparaciones.”
El informe también retrató el drama de cientos de familias. “La Comisión Investigadora ha detectado aproximadamente 450 casas destruidas totalmente; 250 en forma parcial y con daños menores entre 300 y 400…“
Consciente de que el municipio no podría recuperarse por sí solo, el Ayuntamiento solicitó apoyo extraordinario.
Es necesario créditos a la pequeña industria y comercio y se declare a esta zona afectada como ‘zona de desastre'”, planteó el Alcalde interino.
El memorándum también informó que 5 mil 225 hectáreas de cultivo resultaron afectadas y pidió acelerar la construcción de la presa El Barrial, además del desazolve de los ríos Santiago y Los Gómez para disminuir el riesgo de nuevas inundaciones.
Como conclusión del documento, Gamiño Ornelas resumió el enorme reto que enfrentaba el municipio: “Con las medidas de un Plan de Emergencia… puede atacarse en todos sus aspectos la resolución de los problemas que se han causado por la fuerte inundación que afectó este y otros municipios aledaños“.
El saldo terminó por convertir aquella fecha en la mayor tragedia de la historia reciente del municipio: cinco personas fallecidas, más de una docena de desaparecidos, alrededor de 200 lesionados y cerca de 50 mil damnificados. Se estimaba que ocho de cada diez francorrinconeses habían perdido prácticamente todo.
La memoria sigue viva
Cincuenta años después, los documentos históricos siguen contando una parte de la historia. La otra permanece en la memoria de quienes sobrevivieron.
En redes sociales, decenas de habitantes comenzaron a compartir recuerdos de aquella tarde de julio.
Chelin Camarena recordó que su padre, Luis Camarena García, uno de los fundadores de Bomberos Voluntarios, instaló una base de radiocomunicación en su vivienda cuando colapsó el servicio telefónico.
No dormimos. Me asomaba al balcón y veía cómo la corriente arrastraba animales y muebles. Lo más impresionante era el estruendo cuando se caían las casas.”
Otra ciudadana recordó que aquel domingo parecía transcurrir con normalidad hasta que comenzaron los avisos de los cuerpos de auxilio.
“Parecía un domingo tranquilo, pero los bomberos y la Cruz Roja ya recorrían las calles avisando que venía mucha agua.”
Quien entonces tenía apenas diez años recordó que intentó regresar a su casa por la calle Juárez.
El agua ya me llegaba arriba de la cintura. Tuvimos que refugiarnos con otra familia y hasta el día siguiente encontramos todo lo que estaba en la planta baja echado a perder.”
Otros describieron la noche sobre los techos de sus viviendas. “Tenía seis años y nos subimos al techo porque el agua seguía subiendo.”
San Francisco recordó a sus héroes
En el marco del 50 aniversario, autoridades municipales realizaron una ceremonia conmemorativa en Plaza Márquez para honrar la memoria de las víctimas y reconocer a quienes participaron en las labores de rescate y reconstrucción.
Durante el acto, el cronista de la ciudad, Jesús Verdín Saldaña, presentó una reseña histórica sobre la inundación de 1976; posteriormente fueron entregados reconocimientos a instituciones y ciudadanos que brindaron apoyo durante la emergencia, entre ellos la Cruz Roja Mexicana, el Heroico Cuerpo de Bomberos, el Club de Leones y Ju-Franco Club.
Asimismo, recibieron reconocimiento: Antonio Marún Moreno, presidente del Consejo Directivo de la Cruz Roja Mexicana durante 1975-1976; el presbítero Víctor Aguilar Funes, párroco de San Francisco de Asís entre 1975 y 1981; Ramón Ascencio Villanueva, integrante de la coordinación de alimentación del Comité Pro-Damnificados. También se otorgaron reconocimientos póstumos a los familiares de: Ubaldo Gamiño Ornelas, presidente municipal interino en 1976; Domingo Velázquez Muñoz, presidente honorario del Comité Pro-Damnificados; Miguel Moreno Barajas, presidente ejecutivo del Comité Pro-Damnificados; el doctor José Herrejón Cardoso, integrante de la brigada médica; Gonzalo Camarena, comandante del Cuerpo de Bomberos; Tobías Sáinz Pacheco, autor del poemario gráfico Dies irae, dies illa, y J. Asunción Flores, voluntario rescatista en representación de quienes participaron de manera altruista en las labores de rescate.
Como parte de la ceremonia también fue develada una placa conmemorativa en Plaza Márquez, se colocó una ofrenda floral, se guardó un minuto de silencio y se inauguró una galería fotográfica con imágenes de la tragedia y del proceso de reconstrucción.
En su mensaje, el presidente municipal, Alejandro Marún González, aseguró que el homenaje no buscaba únicamente recordar el desastre, sino reconocer la respuesta de toda una comunidad.
Si hoy estamos aquí, no es solamente para recordar lo que ocurrió. Estamos aquí para recordar cómo respondió nuestra gente, porque si algo demostró San Francisco del Rincón en aquellos días fue que la solidaridad es más grande que cualquier adversidad.”
Añadió que, para muchos, la inundación marcó un antes y un después en la historia del municipio. “Muchos dicen que, a partir de aquel momento, San Francisco del Rincón dejó de ser solamente un pueblo para convertirse en una ciudad. No por sus calles o sus edificios, sino por el carácter de su gente.”
Cincuenta años después, los documentos siguen recordando que San Francisco del Rincón ha enfrentado las inundaciones durante más de cuatro siglos. Las fotografías muestran la magnitud del desastre de 1976; los testimonios mantienen viva la memoria de quienes lo vivieron y la placa develada este sábado busca que las nuevas generaciones no olviden que, frente a la peor tragedia de su historia, la mayor fortaleza del municipio fue su gente.
AAK

















