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Disfrutan tradición guanajuatense

Las familias se deleitaron con el paisaje, se subieron a los juegos, se acostaron a la sombra de un árbol y probaron de la gran variedad de alimentos

Por:

Martha Romero, Fausto Montoya, Rosa Amelia Garc

Martha Romero, Fausto Montoya, Rosa Amelia Garc

Como cada año, miles de capitalinos subieron al cerro del Hormiguero, para disfrutar de una convivencia familiar y festejar a San Ignacio de Loyola.
Un día antes, se llevó a cabo el tradicional alumbramiento del cerro de La Bufa, el cual lució realmente hermoso, pues resaltaba la forma de la peña. Además de forma poco habitual, se contempló el faro encendido, lo cual le dio un toque mágico a la celebración.
En la noche, varios capitalinos subieron en su transporte personal, algunos de ellos se instalaron en  una casa de campaña y encendieron una fogata para mitigar el frío, mientras que otros se animaron a subir al cerro en compañía de toda la familia. Por otra parte, los comerciantes empezaron a instalarse en la carretera de tierra que sube hasta el espacio de juegos, esperando la salida del sol, para festejar con todos los guanajuatenses.
En la mañana, cientos de personas subieron al cerro de La Bufa, algunos se quedaron en el área de juegos, otros buscaron un espacio para recostarse en el pasto y platicar con la familia; los más valientes se animaron a subir a la gran peña y ver desde lo alto la ciudad colonial.
Para esta fecha especial, se contó con la presencia del presidente municipal Luis Fernando Gutiérrez Márquez. Así como de regidores y síndicos del Ayuntamiento Municipal, además de la presencia de la reina de la Ciudad, Ingrid I, la cual estuvo acompañada de su querida familia.
Los presentes disfrutaron de deliciosos antojitos mexicanos que se prepararon especialmente para la ocasión. Además fue el momento idóneo para platicar y disfrutar de la fiesta entre risas y carcajadas.
Las familias se deleitaron con el paisaje, se subieron a los juegos, se acostaron a la sombra de un árbol y probaron de la gran variedad de alimentos preparados.
Al atardecer hubo quienes siguieron su camino entre callejones, otros se quedaron a observar el crepúsculo. Sin duda un día inolvidable, una tradición que sigue vigente en las nuevas generaciones.

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