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Don Beni y su ‘Trompeta de Guanajuato’

“Quiero hacer saber que yo también estuve aquí” resuelve el hombre como su meta de vida, enfundado en su traje de charro color crema.

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A sus 15 a

A sus 15 a

“Quiero hacer saber que yo también estuve aquí” resuelve el hombre como su meta de vida, enfundado en su traje de charro color crema.
“Los callejones de Guanajuato son como cualquier otro, la diferencia es quiénes han caminado por aquí”, explica para defender el espíritu de la ciudad que lo vio nacer el 13 de febrero de 1949.
“Que tal, gusto en verte”, alza la mano desde su silla en el café del Jardín de la Unión para responderle a un conocido que a la distancia lo saluda: “Don Beni, cómo está”. Muchos lo conocen y otras tantos las que conoce él, pues la música lo convirtió en “ajonjolí de todos los moles”.
Habla en orden, pausado y con buen volumen; de voz gruesa que matiza para acentuar su intención. Su instrumento es la trompeta, desde niño lo fue luego de participar en la Banda de Guerra en quinto grado, cuando regresó a Guanajuato.
Tiene 65 años y relata lúcido el día que cayó de una barda a los 6 años, el mismo día que murió Pedro Infante.
“Todos decían se cayó Pedro Infante y cuál, era yo el que se había caído, ya después supe cómo fue eso de la muerte de Pedro Infante”.
Sus padres lo llevaron a vivir a México y lo metieron al Centro Familiar Obrero, una escuela de monjas donde aprendió la prestancia y disposición que le fue muy útil en la escuela de San Clemente cuando regresó a Guanajuato a tercer grado.
Sus hermanos lo convencieron de aprender a tocar la trompeta; le enseñó el profesor Carrillo, y más tarde el maestro Máximo Sánchez, músico fundador del mariachi Santa Rosa.
“Me dijo: Tocas muy bien pero te falta la técnica para hacer la escala desde abajo hasta arriba. Se acomodó la trompeta y me enseñó cómo, entonces yo era un músico fuera de serie”, relata.
A sus 15 años, Benigno podía tocar la trompeta con dos escalas, algo poco usual en esos días.
“Hoy ya hay quienes la tocan hasta en cuatro escalas”, explica, pero entonces fue motivo de que Ángel Machuca le invitara a su banda de jazz y blues y de que Javier Martínez lo incluyera en su grupo de música moderna; también participó ocasionalmente con la Banda de Viento del Estado, siempre a la par del mariachi, luego ya hubo más trompetistas y dejó las bandas.
Incursionó en la política cuando el gobernador Luis Ducoing contrató al “Mariachi Santa Rosa” para todo el sexenio; después el gobernador en turno, Enrique Velasco Ibarra, lo impulsó a ser dirigente estatal de la CNOP y logró la Plaza del Mariachi para los de su gremio en León.
“Decía un compañero: si lo que vas a tocar es mejor que el silencio, tócalo, si no no toques. Como guanajuatenses nos hace falta querernos más”, finalizó.

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