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Everardo López brilla en Brasil

Reconocen en ese País trabajo sobre las proteínas del investigador de la Universidad de Guanajuato que hoy recibe el doctorado Honoris Causa.

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Siempre en equipo, el doctor Everardo L

Siempre en equipo, el doctor Everardo L

Satisfecho está el doctor Everardo López Romero porque el trabajo en equipo ha permitido que la investigación en la búsqueda de la forma en que funcionan las proteínas que facilitan a hongos y protozoarios patógenos adherirse a células sanas, también es reconocido en universidades extranjeras.
“Agradezco a la Universidad de Guanajuato, a mi familia, a mis amigos, compañeros y estudiantes, todo lo que han hecho por mí”.
El investigador que hoy recibirá el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad de Guanajuato expone que gracias al trabajo en equipo se logró identificar a una proteína que sirve a los agentes patógenos adherirse a las células “blanco” -células sanas-.
“Esto se debe a la tesis elaborada por Esthela Ruiz Baca, una alumna mía que ahora es investigadora en la Universidad de Durango.
“Su trabajo ahora es investigado en universidades de Brasil y esto de verdad es un gran orgullo para mí, porque fue mi alumna, a ella le transmití algunos de mis conocimientos que a su vez están basados en las investigaciones de varios científicos, así es la investigación, uno no puede adjudicarse todo el esfuerzo, todo el trabajo; por el contrario, reconocer el desempeño de otros nos conduce siempre por un buen camino”.
En entrevista con AM, el maestro e investigador siempre utiliza la palabra “nosotros”; “nosotros trabajamos en el laboratorio y en el aula”, “comenzamos el trabajo a las 8 de la mañana, a veces antes”, “hemos logrado avanzar por la dedicación de todos”, son algunas de las frases que reflejan el interior de este hombre que enaltece el trabajo en equipo, y reconoce la dedicación de sus alumnos y compañeros investigadores”.

12 horas de trabajo
A las 7:30 de la mañana en los edificios de la sede Noria Alta, en el área de química, se observa todos los días la figura del maestro Everardo, porque a las 8 de la mañana comienza su actividad académica; él llega al laboratorio “muy tempranito” para definir los últimos detalles del tema que se abordará en las aulas.
Normalmente la primera clase concluye alrededor de las 10 de la mañana, momento en el que inicia labores administrativas, por ejemplo, buscar apoyos ante instituciones como el Concyteg.
“La nuestra es una universidad pobre en comparación con otras, por eso nosotros tenemos que buscar apoyos fuera de ella; claro, siempre con proyectos serios; es parte de nuestra actividad investigar cómo y en dónde se puede atraer apoyos”.
Luego, la actividad en el laboratorio, que también le fascina.
“Pasamos mucho tiempo ahí, por fortuna los estudiantes son entregados a la actividad científica, de verdad se entregan como si en ello se les fuera la vida, ellos son un gran apoyo, a veces nuestra jornada concluye como a las 8 ó 9 de la noche”.
Entonces su tiempo lo divide en 3 partes: las clases, el laboratorio y las actividades administrativas; las 2 primeras son las que le fascinan.
“No tengo preferencia por alguna de ellas, las 2 son fascinantes; la investigación y la academia son actividades afines e inseparables; un investigador también debe ser maestro, esta es la mejor dinámica para llevar a buen puerto cualquier trabajo”.
“El investigador debe transmitir sus experiencias y al revés, el buen maestro también está obligado a generar conocimientos; para mí las dos actividades son igual de importantes y las seguiré realizando hasta que el cuerpo aguante”.

“¿Jubilación? no a corto plazo”
“¿Jubilación? no a corto plazo”, afirma este universitario de 68 años de edad.
“Soy un viejo, lo reconozco, pero aún tengo fuerzas para continuar, de momento no pienso en el retiro, aunque eso sí, lo haré cuando aún tenga facultades para disfrutar de la vida”.
El maestro Everardo ha dedicado 38 años a la educación, 34 de ellos en la Universidad de Guanajuato, y asegura que continuará “un poquito más en la actividad”.
“Reconozco que las cosas cambian con la edad, uno se vuelve viejo, se pierden facultades, pero yo aún me siento bien, hago ejercicio, no abuso del alcohol y de la comida; estoy bien físicamente, por ello pienso entregarle más tiempo a la universidad y a mis alumnos”.
Al preguntarle sobre las cosas que no le gustan de la Universidad de Guanajuato, López Romero reconoce: “nunca he pensado en ello, tal vez porque no encuentro fallas en nuestra institución, tal vez existan, pero no en el ámbito en el que laboro”.
En cuanto a las cosas que le gustan, dice: “la libertad de cátedra, la tranquilidad en la que laboramos, son aspectos muy importantes, eso es lo que más me gusta de la UG”.

Aniversario de bodas
El miércoles cumplió 37 años de casado, por eso tuvo que viajar a Celaya donde viven uno de sus hijos y su esposa. Trabajó hasta las 9:30 de la mañana en su laboratorio de Noria Alta, y salió en busca de su familia para festejar.
El nació en Hermosillo, Sonora, donde estudió la licenciatura; luego se fue al Distrito Federal para estudiar en el Instituto Politécnico Nacional; después, llegó a la UG con un proyecto financiado por Conacyt y el IPN, y en Guanajuato se quedó. “Por cuestiones del destino, mi familia vive en Celaya, a donde voy los fines de semana; allá viven mi esposa y mi hijo; el otro ya se casó y vive en León, pero la familia se reúne con frecuencia para comer juntos, esta actividad es como una tradición”.

Y habla de sus aficiones

El investigador de la Universidad de Guanajuato Everardo López Romero, confesó que le encanta la música, con ello recuerda que el arte y la ciencia “son hermanos gemelos”, y pone por ejemplo “las grandes obras de Beethoven como la Sinfonía 8, que también es conocida como ‘La Metronómica’ por el uso de las matemáticas; también Bach componía así sus cantatas”.
“Yo creo que el conocimiento del arte nos permite a los maestros e investigadores endulzar las materias con comentarios atractivos, y la música, la pintura y la literatura nos ofrecen esa oportunidad”, aseguró.
Don Everardo acostumbra leer unos 25 libros al año, pero reconoce que en las últimas fechas su capacidad de lectura se ha reducido.
“Este año sólo he leído unos 10 títulos, y es que el cansancio ya no me permite avanzar mucho, llego cansado a la casa, directamente a descansar”, confesó.
Entre los títulos de literatura que se encuentran en su lista de espera están “La Reyna Descalza”, “El Tango de la Vieja Guardia”, “Enamoramiento”, este último de Javier Marías, entre otros, pero él ya leyó “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri; “Los Diálogos”, de Platón, y no se cansa de leer y volver a leer “El Llano en Llamas”, de Juan Rulfo.

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