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Jesuitas dieron conocimiento

Los jesuitas estuvieron en la ciudad de Guanajuato sólo 35 años en el Siglo XVIII. Terminó cuando fueron expulsados en 1767. Desde entonces no regresa

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El templo de la Compa

El templo de la Compa

Los jesuitas estuvieron en la ciudad de Guanajuato sólo 35 años en el Siglo XVIII. Terminó cuando fueron expulsados en 1767. Desde entonces no regresaron a la ciudad.
El Sacerdote Alejandro León Romero recordó que los jesuitas llegaron a la ciudad el 1º de octubre de 1732, y casi de inmediato fueron acogidos por doña Josefa de Busto y Moya, hija del acaudalado minero Francisco Matías de Busto y Moya, marqués de San Clemente, y dueño de la mina de Cata. Su propósito, fundar una casa de ejercicios y un colegio.
El apoyo de su benefactora, quien contó con la colaboración de su compadre, don Pedro Bautista Lascuráin de Retana, fue fundamental para que el 31 de julio de 1747 -fecha simbólica para los jesuitas porque es el Día de San Ignacio- se pusiera la primera piedra del templo de la Compañía.
El entusiasmo de los jesuitas fue tan contagioso que don Joaquín de Zardaneta, hijo de doña Josefa, se integró a la orden religiosa.
Fue hasta el 8 de noviembre de 1765 cuando la obra fue concluida y dedicada a la Santísima Trinidad e Inmaculada Concepción.
“Hasta entonces, el trabajo desarrollado por los frailes comenzaba a tener éxito entre los habitantes de Guanajuato porque ellos enseñaron a la gente que no eran esclavos sino hijos de Dios; les mostraron que tenían derecho a una vida mejor, no a las jornadas de esclavitud a las que eran sometidos hombres, mujeres y niños.
“Su labor de enseñanza a la luz del Evangelio comenzaba a rendir frutos, por eso vino el decreto de Carlos III que los expulsó de todos los territorios de la Nueva España”, dice Alejandro León Romero, uno de los sacerdotes que ofician actualmente en el templo de la Compañía.
“¿Cómo no iban a ser expulsados si atentaban contra los intereses de los ricos?”, se pregunta León Romero.
El mismo responde: “Para su época, incluso para la actual, su prédica era explosiva, inquietante, porque los jesuitas se han distinguido a lo largo del tiempo por su interés de renovar a la sociedad, a la Iglesia católica y a nosotros, los clérigos”.
Los jesuitas educaron
Según la historiadora María Sanginés, la obra principal de los jesuitas en Guanajuato fue educar al pueblo.
“Ellos se dedicaron inicialmente a la educación universitaria, pero al ver que eran muchas las deficiencias de los alumnos que recibían, decidieron abarcar también la educación básica, y, más aún, comprendieron que su trabajo estaba con el pueblo trabajador, entonces, se dedicaron igualmente a la educación extraescolar.
“Salieron de las aulas universitarias a dialogar de tú a tú, de persona a persona con los mineros; les enseñaron a identificar sus problemas, reflexionar y tomar decisiones, decisiones que impactaban en su vida cotidiana; por ello, en tan solo 35 años lograron impactar a la población de Guanajuato”.
Sanginés recordó que los jesuitas llegaron a la Nueva España en 1572, 38 años después de haber sido fundada la orden por el entonces beato Ignacio de Loyola; a finales del siglo XVII estuvieron en San Luis de la Paz.
“Fueron enviados a evangelizar el norte de la colonia; para la gente que vivía en aquellos tiempos, el norte comenzaba en lo que ahora conocemos como el estado de Guanajuato; llegaron a San Luis de la Paz, e incluso, hasta La Florida.
“Eran personas con una férrea disciplina intelectual y espiritual, esto se demuestra con la edificación del templo de la Compañía y del Colegio de la Santísima Trinidad, cuyo objetivo era el de un hospicio, es decir, un sitio donde se pudiera reflexionar, en un entorno de silencio, sobre los misterios de la fe.
“Ahí se realizaban ejercicios espirituales de 30 días, que servían para reflexionar sobre la vida interna de la Iglesia e iniciar desde ahí su trabajo en favor de la enseñanza en todos los niveles; por ello, lograron atraer la simpatía de Doña Josefa de Busto y Moya, su padre, el marqués de San Clemente, y de Pedro Bautista Lascuráin de Retana, próspero minero que tenía propiedades en Valle de Santiago, mismas que puso a la disposición de los jesuitas.
“La entrega de doña Josefa, que dio parte de su fortuna familiar e incluso fomentó que su hijo Joaquín ingresara a la Orden de la Compañía de Jesús, es una muestra del entusiasmo que los religiosos contagiaban entre quienes les rodeaban; mire, fue tanta esta simpatía hacia los religiosos que la señora convenció a su compadre, Lascuráin de Retana, de apoyar la causa de los jesuitas”.
Doña Josefa dona el terreno
Doña Josefa vivía atrás de la casa de su padre, que se ubicaba en el sitio donde ahora se encuentra el Palacio Legislativo, ella donó el terreno donde ahora se encuentran el templo de la Compañía y el edificio central de la Universidad de Guanajuato. Al mismo tiempo comenzó la construcción del templo y del Colegio de la Santísima Trinidad.
Según Sanginés, el impacto de los jesuitas en Guanajuato fue tan importante que no es casual que el movimiento de independencia naciera aquí. “Ellos evangelizaron, sí, pero también plantaron la semilla del conocimiento, le mostraron a la gente su importancia como seres humanos, como hijos de Dios, en pocas palabras, le mostraron el camino de la libertad, su ejemplo perduró muchos años”.
El Padre León Romero respalda lo dicho por la historiadora: “A la luz del Evangelio enseñaron la redención humana y espiritual”.

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