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Recuerdan a Benedicto XVI en Guanajuato capital

A dos años de la visita del entonces Papa, los guanajuatenses, tanto fieles como creyentes, recuerdan la experiencia como algo único.

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La visita del Papa Benedicto XVI quedar

La visita del Papa Benedicto XVI quedar

A dos años de la visita del entonces Papa Benedicto XVI, hoy Papa Emérito, los guanajuatenses, tanto fieles como creyentes, recuerdan la experiencia como algo único, por la cercanía espiritual la magnitud del evento y la experiencia personal que les significó.
Joshep Ratzinger, llegó a tierras guanajuatenses en una visita de estado como representante del Estado Vaticano, pero esta calidad no evitó los matices religiosos con los que lo recibieron los guanajuatenses, vallas humanas de kilómetros de largo, porras, misas, mensajes de paz y espiritualidad fueron parte del colorido de la visita que el pontífice hizo entre del 23 al 26 de marzo del 2012.
LLEGÓ ANTES
El arribo del Papa se tenía programado el viernes 23 de marzo a las 16:30 pero llegó a las 16:07, 23 minutos antes al aeropuerto de Guanajuato, donde lo recibió el entonces presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, quien pronunció un discurso de bienvenida, entre cantos y porras para el vicario de Cristo, el clérigo caminó por la alfombra roja y antes de saludar al presidente recibió una cajita de regalo de manos de tres niños.
COMPRABAN PUROS ROSARIOS
Aldo Segura es comerciante de platería y artesanías, su tienta “Frida” está justo frente a la Casa del Conde Rul. “Sí había mucha gente emocionada, no más compraban los rosarios, la platería nada”, comenta sereno. “Nosotros no somos muy católicos pero una familia que dejamos pasar sí estaba muy emocionada, eran los papás y tres chavos como de 16 a 18 años, ellos sí eran muy católicos, hasta traían una aplicación en el celular que les avisaba donde venía el Papa”.
A las 6:00 de la tarde Benedicto XVI se reunió con el entonces presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, en la Casa del Conde Rul momentos después cerca de las 6:45 el pontífice dirigió un mensaje a los niños que se encontraban en la Plaza de la Paz, luego regresó en automóvil cerrado a León.
LÁGRIMAS POR SERVIR AL PAPA
El domingo 25 de marzo a las 8:45 el papa voló en helicóptero despresurizado hacia el Expo Parque Bicentenario, antes hizo un sobrevuelo al Cristo Rey del Cubilete y antes de las 10:00 de la mañana el Pontífice estaba listo para oficiar una misa multitudinaria ante más de 300 mil personas.
Y mientras el Papa sobrevolaba el Cubilete, en el Parque Bicentenario Rogelio, Saúl y Edgar Hernández Martínez, este último técnico de mantenimiento museográfico del parque, no resolvían todavía cómo fijar el cristo tamaño natural al la cruz de vacío que estaba en la capilla.
Saúl firma su catolicismo y su fe y recuerda que cuando le dijeron que sería parte del equipo que prepararía el escenario para el Pontífice no lo podía creer.
“Cuando me dijeron la verdad no lo podía creer, fue un reto muy importante, desde que me dijeron estaba con toda la actitud y el nervio (...) ya cuando vi en la tele la misa y el Cristo ahí suspendido fue muy satisfactorio, casi casi quería llorar de la emoción”, rememoró.
El lunes 26 a las 9:00 de la mañana se realizó la ceremonia de despedida de Benedicto XVI en el aeropuerto de Guanajuato y media hora después partió a Cuba.

Perforan imagen para la misa

Y mientras el Papa iniciaba con minutos de anticipación, Rogelio Martínez Caballero, director de museografía del Expo Parque Guanajuato Bicentenario, contaba los minutos para terminar los preparativos de la misa que se oficiaría en el parque.
“Después del nacimiento de mi hija es lo más importante que me ha pasado (...) fuera de creencias religiosas o políticas, sin duda fue un evento diferente, se trataba del máximo representante de la religión más importante del mundo”, comentó.
“Estábamos en un dilema porque faltaban dos horas para que empezara la misa y el Cristo no tenía de dónde colgarlo, teníamos dos opciones, taladrar el cuerpo del Cristo o no colgarlo”, recordó, al final lo colgaron, pero fue una tarea determinante y muy significativa para el equipo entero.
Al día siguiente, sábado 24 de marzo, Benedicto XVI ofició una misa privada a las 8:00 de la mañana en el Colegio Miraflores en León.
UN RETO
Y mientras el Papa pernoctó en el Colegio Miraflores, Saúl del Río Prieto, técnico de mantenimiento tecnológico pasó la noche en el Parque Bicentenario para tener todo listo
Recuerda la visita como el evento más importante que ha atendido, no sólo por la presencia del entonces Pontífice, sino por la magnitud y las exigencias del mismo.
“Llegaron como 90 cardenales y tuve que acondicionar un espacio para que todos se cambiaran y se prepararan para la misa, el día de la misa fue cuando mayor presión (...) yo creo que lo más representativo fue colocar el Cristo, no sólo porque fue muy complicado sino por el significado que tiene para la gente”, comentó.
“Ya cuanto lo vi puesto ahí parecía que en verdad estaba flotando, porque no se veían los cables que le pusimos para sujetarlo, fue mi mayor satisfacción”, comentó.

Las llaves de la ciudad

El sábado 24 de marzo a las 16:30, el Papa partió del Colegio Miraflores en un carro polarizado hacia la la Glorieta Santa Fe en Guanajuato capital, a lo largo de los 38 kilómetros de camino lo saludaban feligreses en las vallas humanas montadas en los linderos de la carretera, al llegar, recibió las llaves de la ciudad de manos del entonces alcalde Edgar Castro Cerrillo y luego transbordó al Papamóvil de más de cinco toneladas y en el cual recorrió las calles hasta la Casa del Conde Rul.
“CASI UN SUEÑO”
Eran ya las 5:00 de la tarde y Antonio Rodríguez Alba, auxiliar de coordinación de actividades del Abad, en la ventana de la notaría de la basílica esperaba, el paso del Papamóvil.
De los tres días que duró la visita, Antonio atesora 5 segundos en especial en los que “por azares del destino el “Papamóvil” se detuvo frente a la ventana y tuvo la oportunidad de contemplar a su máximo líder espiritual con tal cercanía.
RECUERDO DE INFANCIA
Andrés Orlando Marmolejo Guerrero tenía 7 años y era parte del coro del templo de Belén cuando el hoy Papa Emérito visitó la capital, a sus nueve años recuerda esa experiencia con detalle, “somos monaguillos del templo por eso lo llamaron a cantar (a su hermano) a mí no me hablaron porque estaba chico, y me fui con mis papas al Congreso (...) ahí le cantaban, -se ve, se siente, el Papa está presente-”.

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