Opinión

Torpeza y olvido de Cuauhtémoc

La otra derivación de lo afirmado se hunde en una realidad histórica que Cuauhtémoc soslaya como político que es, a la vieja y aún vigente usanza.

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

En una ceremonia luctuosa para recordar el cincuenta aniversario de la muerte de su padre, Lázaro  Cárdenas y con la presencia del actual mandatario Andrés Manuel López Obrador, el orador principal, vástago del fallecido general, o sea Cuauhtémoc, cometió dos dislates o si se quiere decir disparates descomunales.

      El primero fue decir que su padre respetó a la oposición. Y el otro,  derivado de la misma afirmación, aclarar, fuera del contexto discursivo que no aludía ni era referencia siquiera tangencial para el actual régimen.

A cualquier orador se le deslizan los pies, eso no es para que se escandalice nadie; pero recular tan de inmediato de una afirmación da a entender que al poderoso, en México, si se quiere una tajada del rico pastel presupuestal, no hay que tocarlo ni con el pétalo de una alusión insinuativa.

La otra derivación de lo afirmado se hunde en una realidad histórica que Cuauhtémoc soslaya como político que es, a la vieja y aún vigente usanza. Porque aunque no sea historiador sino político en activo, de ninguna manera desconoce la realidad de los desempeños de Tata Lázaro.

Acudir a los biógrafos del michoacano es, quiérase que no entrar en un mundo de contradicciones ideológicas y de actitudes muy alimentadas con arrebatos y totalitarismo.

Nadie, con un conocimiento somero de ese ayer, podrá negar que el puño cerrado y la tozudez caracterizaron tal sexenio. La prueba contundente está, como un botón de muestra en las matanzas contra los sinarquistas de esa época. En Guanajuato, recordemos que fueron asesinados, por homenajear a la Bandera Nacional, decenas de mujeres  y hombres en Santa Cruz, Juan Martín y cuando en Celaya una multitud se disponía a sepultar a las víctimas, los genízaros y las reservas agrarias vaciaron sus armas contra el pueblo. Mataron, en el primer disparo, a la abanderada, Teresa Bustos.

Un apologista del Tata va a decir que "tal vez el Presidente ni se enteró". Imposible porque el suceso sacudió al País. Además cuando a los pocos meses Lázaro pasó en tren por Celaya, una gran manifestación de lugareños, no únicamente sinarquistas,se le presentó para exigir justicia. La prometió; pero jamás llegó. Por el contrario los directores de las ejecuciones fueron ascendidos y los líderes populares enjuiciados.

En Puebla, acribillaron a Trinidad Mata, porque  un 24 de febrero, convocó a celebrar el día de la bandera.

En cambio Lázaro elogiaba, gustoso, el marxismo práctico de Tomás Garrido Canabal en Tabasco, quien cerró los templos y quiso apagar el culto religioso al mismo tiempo que imponía la educación socialista. Todo lo cual,repito,  Lázaro admiró en una de sus visitas.

Y ¿qué va quedando de los ejidos que fueron ataduras para el pueblo campesino con el comisario como capataz?.

¿De dónde sacó Cuauthémoc la afirmación de que su señor padre fue un demócrata?. ¡Ni de la imaginación!.

Nota marginal: Van dos ocasiones que se omiten las entradas o epígrafes que envío a AM. Creo que es por la tiranía o escasez del papel, aunque como me dijo un día mi director editorial de "El Universal" licenciado Miguel Catro Ruiz:  "En este oficio hay que saber decir adiós, antes de que nos cierren la puerta".

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