El mitin encabezado por Claudia Sheinbaum en el Zócalo volvió a mostrar la capacidad de movilización del proyecto político que representa. Más de 600 mil personas en la plaza principal del país envían un mensaje claro: el obradorismo conserva una base social amplia, disciplinada y dispuesta a respaldar públicamente a la presidenta.
Sin embargo, también deja ver algo que no siempre admite la narrativa oficial: esta demostración de fuerza ocurre en un momento en que el gobierno enfrenta cuestionamientos, desgaste natural y un ambiente de creciente polarización.
EVENTO EXITOSO… PERO NO IMPROVISADO
Cabe destacar que la concentración fue masiva, festiva y sin incidentes, lo cual refleja una logística bien cuidada y la capacidad del movimiento para organizar actos multitudinarios. La presencia de jóvenes, sectores populares y contingentes provenientes de otros estados da respuesta anticipada a quienes han insistido en que la 4T estaría perdiendo respaldo generacional.
Sin embargo, la magnitud del evento también funcionó como un contrapeso político: en días recientes, Sheinbaum ha enfrentado críticas en redes sociales, protestas públicas y señales de desgaste.
La concentración no solo celebró los siete años de transformación, como se argumentó, sino que sirvió para mostrar que la presidenta conserva músculo político suficiente para sobreponerse a esos episodios.
DISCURSO QUE REPITE LUGARES COMUNES
La mandataria insistió en que la transformación sigue viva, que los jóvenes apoyan al proyecto y que la oposición solo recurre a la “difamación”.
Ese tipo de mensajes suelen fortalecer a la base militante, pero también evidencian que la comunicación gubernamental enfrenta un dilema: convencer más allá del círculo cercano.
A diferencia de los primeros años del movimiento, la narrativa de “ellos atacan, nosotros resistimos” comienza a sentirse menos novedosa y más defensiva.
Asimismo, el énfasis en la austeridad y la cercanía con el pueblo mantiene coherencia con el discurso histórico de la 4T, pero no necesariamente responde a temas más urgentes para sectores críticos, como la seguridad, la economía o la creciente tensión social en algunos estados.
En ese sentido, el mitin cumple como acto simbólico, pero deja dudas sobre la estrategia política hacia audiencias no convencidas.
¿MUESTRA DE FUERZA O DE VULNERABILIDAD?
El evento puede interpretarse de dos maneras, según la lente con que se mire:
Como un acto de fortaleza y estabilidad, al congregar a cientos de miles de simpatizantes aun en un escenario de críticas recientes.
Como un reflejo de vulnerabilidad, pues un gobierno que goza de plenitud política no suele necesitar grandes demostraciones de respaldo social para contrarrestar narrativas adversas.
Probablemente, ambas lecturas contienen parte de verdad. La 4T sigue siendo un movimiento con respaldo real en las calles, pero también enfrenta un país más complejo y una ciudadanía menos complaciente que hace siete años.
ZÓCALO LLENO, PERO UN PAÍS EXIGENTE
En suma, el mitin demuestra que Sheinbaum conserva la capacidad de llenar la plaza pública más importante del país y de proyectar unidad dentro de su movimiento. Sin embargo, también subraya la necesidad de renovar el discurso, atender críticas con mayor profundidad y ampliar la conversación más allá de la épica fundacional de la 4T.
El Zócalo respondió, sí; pero la legitimidad cotidiana, la que se construye en seguridad, economía, servicios, transparencia y resultados tangibles, es la que verdaderamente pondrá a prueba al gobierno en los meses por venir.