Hay personas cuya manera de hablar llega de tal forma que ataca emocionalmente y todos los sentidos despiertan, solo por soltar tres frases y ya movieron algo dentro de uno, aunque sea una risa o un recuerdo sin necesidad de discursos ni reflectores; su talento tan natural que, hasta molesta un poco, porque mientras el resto batallamos para explicar por qué llegamos tarde, ellos logran narrar lo mismo y parece que acaban de sobrevivir una película de acción.

Si la neurociencia asegura que recordamos lo que nos emociona, entonces estas personas deberían pagar impuestos por generar memorias espontáneas.

Cautivan, son capaces de convertir cualquier plática informal en un gran desestrés, no exageran, embellecen, tampoco inventan, utilizan las ideas perfectamente, con una precisión en el que el tono, la cadencia, sus muletillas convertidas en marca registrada, todo es parte de una firma personal que ni queriendo se les puede copiar. Y lo más impactante es que no presumen nada, simplemente hablan.

No requieren de la aprobación de nadie, se manejan de forma cotidiana, casual, feliz, sin querer impactar y, sin embargo, lo hace, crean magia en lo habitual, la naturaleza les dio el don de mejorar cualquier conversación, no es apariencia es la capacidad de armar historias de día a día, y del tiempo ni les digo como vuela de rápido cuando se conversa con alguien así, no te quieres despedir jamás. Su brillo ocurre ahí, en lo simple. Su “show” dura lo que dura la charla.

La psicología narrativa explica que no vivimos las cosas como ocurrieron, sino como las contamos.

Pues bien, un claro ejemplo son estas personas que cuentan la vida de tal manera que uno jura que la suya debe ser más interesante que la del promedio, con la habilidad para vestir las anécdotas hace que incluso su lista del súper suene muy emocionante, en ese sentido me encantaría poder darle más sabor a mis conversaciones para hacer feliz a quien me rodea.

Su estilo queda grabado por el modo en que te hacen imaginar, la risa se anticipa o la curiosidad te ataca por conocer el final de lo ocurrido, en su manera cabe la ironía, el misterio y por supuesto la alegría, es tan interesante y espontaneo sin proponérselo, no dudo que los teóricos de la comunicación desearían generar un profundo análisis de lo efectivo que resulta comunicarse para ellos, porque lo irónico del asunto es que estamos en un mundo obsesionado con parecer interesante, y ellos lo son sin ese objetivo y mientras medio planeta busca estrategias comunicativas para fortalecer esta área del ser humano, esta gente resulta inolvidable, porque busquen serlo, sino por su autenticidad, lo traen de fábrica y es un gusto poder escucharlos, porque provocan y convierten cualquier momento en buena compañía.

No lo dirás en voz alta, pero hay personas que, cuando hablan, te salvan el día.

Lo cierto es que, cuando ya no están, se les extraña no es el contenido de sus historias, sino su manera de narrarlas. Es el brillo que dan a la charla, ese arte intuitivo de darle existencia a lo ordinario.

Uno termina entendiendo que hay personas que permanecen por la forma en que nos hicieron sentir mientras hablaban. Porque al final, hay voces que no solo se escuchan: se recuerdan. Y algunas, aunque no lo admitamos del todo, se quieren.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.