Opinión

De lo bueno que no es lo mejor

SOLILOQUIO

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Por: Lety Saavedra

Hace unos años encontré en una lectura una frase que decía “no siempre lo bueno es lo mejor”, y entendí que por más fuerte y valiente que sea una persona, nuestra naturaleza nos seduce siempre a tomar el camino de menos riesgo, el que nos permita rellenar esas carencias, aunque sea por encima, el que menos nos expone, aquello que creemos nunca nos va  a lastimar,  el seguro donde lo bueno no es necesariamente lo mejor.

Hablar de la vida, de la experiencia propia, con honestidad, a partir de lo más profundo de uno mismo, te permite crear espejos identificarte con otros seres humanos que piensan, sienten o incluso viven experiencias similares a las tuyas.

Derivado de la época de cuarentena y la pandemia que nos afecta a nivel mundial, he conocido historias, personas, anécdotas, y me he visto inmersa en situaciones que dejan entre ver aquellos aspectos de mí que creía olvidados, esos aspectos que por comodidad archive, esos escenarios que sacan de mí emociones y sentimientos pendientes de trabajar.

Me empecé a revalorar y di mis primeros pasos hacia una recuperación de lealtad a mi misma, comprendí que todos aquellos contextos que me generan algún tipo de molestia están ligados a acciones que no van conmigo, hace unos años juzgaba de manera tajante actitudes y  reacciones, no comprendía la infidelidad, la mentira, los celos, los caprichos, los dramas,  crecí como muchos pensando que el amor era sufrido, era doloroso, y  te llevaba como montaña rusa  a la experiencia de la adrenalina pura,  creía que parte de lo que hoy se conoce como tóxico era una demostración de pasión y sentimientos incontrolables, los cuales elevaban mi ego hasta el punto de alimentarme.

La vida en su plenitud y magnificencia me hicieron vivir en carne propia cada uno de estos aspectos hasta perder mi camino, me vi envuelta en relaciones complejas, que disfrazadas de cariño no eran otra cosa que fantasías paliativas,  y no hablo únicamente de las relaciones amorosas, hablo de las relaciones humanas, laborales, familiares,  en este periodo muchos de nosotros nos hemos tenido que enfrentar o estamos a punto de hacerlo a involucrarnos en un mundo de bluff,  donde los fraudes están a la orden del día, donde todo parece cierto y a un paso de la meta se cae la sopa.

Nos aferramos a aquello que sentimos que es bueno, olvidando que la resignación por lo seguro se llama mediocridad, es bueno vivir en pareja porque no te quedarás solo, es bueno estudiar una profesión, es bueno tener un trabajo seguro, es bueno ser buen estudiante, es bueno vivir en una vida como lo marca el manual,  continuamente nos enfrentamos a la decisión de continuar por el camino que andamos o cambiar, en ocasiones es evidente que tenemos que realizar un cambio y preferimos seguir en donde estamos por evitarnos el proceso, postergamos un divorcio, una renuncia, una mudanza, por todo aquello que conlleva, más aún si tenemos una experiencia traumática previa, el problema se presenta cuando de todos modos llega el momento, tal vez años después  cuando aquello que quisimos evitar ahora es más difícil, y se tiene que pagar con los intereses  del tiempo  que dejamos que pasara.

Toda acción cuesta, la resistencia al cambio genera frustración, en muchas ocasiones hace que pierdas oportunidades maravillosas, a personas increíbles, experiencias inigualables, la terquedad nos nubla la vista dejando de un lado que lo único constante en la vida es el cambio, y que nuestras decisiones deben ser coherente con la realidad, por más dolorosa y difícil que esta sea.

Al fin y al cabo, las peores barreras las pone y quita uno mismo.

ACLARACIÓN                               
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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