Opinión

La magia del punto final (Parte I)

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Por: MEE Yannina Romero

Quizás lo que temes no es empezar con lo nuevo, sino poner punto final a lo de siempre.

Rafael Vidac

Abrí los ojos. La cabeza me explotaba. El sol entraba apenas por una rendija de la ventana con una intensidad estridente. Los ojos me ardían como si hubiera llorado toda la noche. Había llorado toda la noche. ¿En qué momento se había convertido en un viaje tan doloroso?

Nos presentaron tres años atrás y de inmediato nos reconocimos. Como si hubiéramos hecho un acuerdo en otra vida para encontrarnos esta vez. Un año después empezamos a salir y en el camino nos dimos cuenta que elegirnos era un regalo enorme de la vida. Nuestra compatibilidad era inverosímil: conversaciones, música, creencias, lugares favoritos y sobre todo la manera de escucharnos el uno al otro. Una pareja explosiva, llena de fuerza, capaz de trascenderlo todo. Un hombre inteligente, considerado, con un gran sentido del humor y extraordinariamente amoroso, que en poco tiempo se había convertido en mi cómplice, amigo, pareja, mentor… en el amor de mi vida.

Cerré los ojos. La luz era insoportable. Una noche antes, en unas cuantas horas, habíamos roto la mayoría de nuestros códigos de pareja y sobrepasado los límites del profundo respeto que siempre nos tuvimos. Celos, ego desbordado, un sinfín de falta de consideraciones, nulo nivel de empatía y una puerta completamente cerrada para poder reconciliar nuestras diferencias. Ese día, al mirarnos a los ojos, solo pudimos desconocernos. Estábamos en el punto de no retorno.

Poner punto final es, quizá, el momento más difícil en el proceso de crecimiento personal. Resulta un reto enorme que pone a prueba nuestros apegos y expectativas. Terminar una relación, dejar de fumar, renunciar a tu trabajo… En todos los casos, tenemos una maleta llena de momentos, un montón de razones para continuar y toda una lista de planes (y pretextos) antes de ponerle fin.

Además, experimentamos sentimientos y emociones que queremos evitar: miedo, soledad, sufrimiento, enojo, ansiedad, confusión, abandono… aderezadas con ese inminente deseo de que todo dure para siempre. Así que nuestros pensamientos se centran en la idea de un vacío irreparable, la emoción de haber perdido más de lo que podemos soportar y la sensación de que ese dolor no terminará.

Sin embargo, poner punto final es un acto que en realidad está más del lado del amor que de la pérdida. Es decir, resulta muy difícil dejar de fumar porque viviremos ansiedad y nos hará sufrir; pero resulta súmemente fácil si estoy consciente de que es un acto de amor hacia mí y mis hijos, que los alejará de un destino ligado al cáncer y otros padecimientos colaterales. Entonces, la clave está en el amor.

Erich Fromm reconoce cuatro elementos básicos en todas las formas del amor: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. Permanecer en una situación dolorosa, que ya no es sana o que simplemente ya no deseas en tu vida, es dejar de lado la responsabilidad por tu felicidad, cuidado, tranquilidad y plenitud.

Entonces, si te encuentras en el punto de no retorno (en cualquier situación), es necesario quemar las naves y soltar; aún por encima del profundo dolor que experimentarás. No hay razón para estirar la liga y flexibilizar tu umbral emocional.

Es importante que observes el apego y las lealtades a las que estás atado y que no te permiten avanzar; reconocer cuánto tiempo has permanecido en esa situación y los motivos por los que te has mantenido; las ganancias y pérdidas de quedarte o de irte.

Finalmente, siempre que conectes contigo en completa honestidad, sabrás la respuesta. Recuerda que poner punto final, es en realidad un acto enfocado y basado en el amor.

  • Lectura imprescindible:

El arte de Amar. Erich Fromm. Editorial Paidós.

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ACLARACIÓN
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

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