Opinión

Nuevo Big Brother: más seguridad, menos intimidad

Frenología 

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Por: Iván Lozano

En marzo de 2002 era un fiel y empedernido televidente, como tal, participé del interés colectivo por la aparición en televisión mexicana del fenómeno mediático del momento; aquello que prometía revolucionar sus contenidos y dar un paso hacia el futuro del entretenimiento: los reality shows.

Big Brother comenzó en Holanda en 1999 y la versión mexicana llegó de la mano de Televisa y Endemol tres años después. La premisa principal es la existencia de un Gran Hermano que todo lo ve. El paraíso para la naturaleza morbosa del ser humano.

Veríamos un puñado de personas las 24 horas del día, salvo por aspectos como el baño, en la mayor intimidad posible, pues además estuvieron encerradas en una casa para obligar a la convivencia, la cual, evidentemente tenía la función de generar conflicto, pues ¿qué otra cosa surge de la convivencia?

El modelo se desgastó rápidamente y un par de ediciones después fueron vistas por una audiencia mínima en comparación con los ratings iniciales. Los escenarios, además, llegaron a ser muy forzados. Al parecer la cotidianidad aburre no solo a sus participantes, sino también a los observadores externos.

George Orwell ideó al Gran Hermano en su novela 1984. Aunque el autor lo imaginó más como un medio absoluto de control que como una herramienta de satisfacción hedonista, que si bien también puede ser (y es) otro medio de control, con esa propiedad parece más adecuado al Mundo Feliz de Aldous Huxley.

En la distopía orwelliana el Gran Hermano es una imposición del Estado para controlar a sus ciudadanos, quienes disponen apenas de unos minutos de intimidad (sin cámaras) para liberar un poco de frustración.

Orwell imaginó bien que el futuro tendría cámara ubicuas apuntadas a las personas para controlarlas, más su predicción no fue precisa en cuanto a los dueños de estas y en las manos de quienes las encienden. 

Próximamente, en Hidalgo se instalarán 10 mil cámaras de videovigilancia; la mitad de ellas a cargo de las autoridades estatales y el resto por parte de la iniciativa privada, empresarios y dueños de comercios que, cansados de la inseguridad, ven en los aparatos un medio efectivo para inhibir las acciones de los delincuentes.

Aunado a ellas, están las que son cosa frecuente en negocios de distintos tipos, no ya solo en sucursales bancarias, como solía ser. Apenas alzamos la mirada nos topamos un pequeño aparato dirigido hacia nosotros que supuestamente capta todo lo que hacemos mientras permanecemos en el lugar. 
Lo mismo ocurre con los medios de transporte, pues cada vez son más frecuentes las cámaras instaladas en camiones, taxis y colectivas, además del metro de la Ciudad de México, que desde hace tiempo tiene aparatos en pasillos y andenes.

Agreguemos, además, las que cada vez más personas traemos en las bolsas y que son parte de nuestros teléfonos celulares que se han vuelto una extensión cuasinecesaria de nosotros mismos y que desenfundamos cada vez con mayor rapidez y menor empacho.

Estamos, pues, bajo vigilancia casi permanente de ojos mecánicos de los que sabemos muy poco, especialmente a quiénes reportan sus imágenes y los que estos hacen con ellas. Sin embargo, dicha ignorancia parece no incomodarnos; por el contrario, estamos agradecidos de que cada vez haya más aparatos que permanezcan pendientes de nuestras personas para garantizar la seguridad. Rendimos la libertad de la intimidad ante el miedo a ser asaltados. ¿Es poca cosa?

Por principio de cuentas prefiero pensar en si de verdad es útil tanta grabadera. Si el temor a ser identificados inhibe las acciones de asaltantes. Lo que no me parece del todo cierto tan solo al ver el número de delitos que vemos a diario y que fueron captados por una cámara de celular o de seguridad.

Es verdad que en ocasiones la identificación y el seguimiento de algunos delincuentes por medio de la tecnología ha sido útil para su posterior arresto. ¿En cuánto casos ha sido eso posible?

Además, ¿qué pasa con las imágenes? ¿A quiénes pertenecen? ¿Qué pueden hacer con ellas? En México padecemos una ignorancia tremenda respecto a la situación jurídica de la instalación de cámaras y su uso. La autoridades no parecen tener mucho interés en crear o al menos explicar un marco legal al respecto ante su principal intención de generar empatía entre la población para que sienta que hacen algo frente a la creciente inseguridad.

Pues bien, mientras damos tiempo a la estrategia de la grabación como medio para disminuir la delincuencia, el reality show, el Big Brother, salió de una casa construida para el espectáculo y se instaló a las calles para brindar un entretenimiento más amplio y más real. Solo hace falta ver el número de reproducciones de videos con leyendas como: Roban a pasajeros de transporte público en carretera; Golpean a mujer con su bebe durante asalto; Asesinan a hombre que quiso defenderse; Queman vivo a hombre que quiso robar un auto. ATENCIÓN: Imágenes fuertes.

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