Otra vez las mujeres, ¿y de qué sirven las marchas?

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

El pasado jueves un grupo de mujeres llegaron a la explanada del Reloj de Pachuca para pintar consignas en los tablones que resguardan el monumento. Las barreras están ahí por la restauración para limpiar pintas que permanecen desde el 28 de septiembre de 2020 cuando se llevó a cabo la manifestación con motivo del Día de Acción Global por el acceso al Aborto Legal y Seguro. Los trabajos iniciaron recientemente luego de un pleito presupuestal que al final dejó la rehabilitación en 100 mil pesos.

El Reloj Monumental de Pachuca es eso, un monumento, un símbolo no solo de la capital hidalguense sino del estado entero (centralismo, que le llaman). Ya en sus paredes ya en derredor, verlo pintarrajeado con verde y morado es, pues, símbolo también de lo que ocurre en la entidad.

Lo que aquí sucede es que hasta marzo de este año habían iniciado cinco carpetas de investigación por feminicidio, de acuerdo con la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH); en 2020 fueron 19 indagaciones por ese motivo. Por su parte, la organización Servicios de Inclusión Integral (Seiinac), hasta el 6 de marzo documentó 16 muertes violentas de mujeres en el estado. 

Además, recientemente la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos de Género informó que durante los últimos nueve años fueron cometidos 163 feminicidios en Hidalgo. Si a esto sumamos las cifras por otro tipo de violencias como familiar o acoso laboral y escolar, tenemos como resultado una cotidianidad contra las mujeres que motiva, entre muchas otras, las expresiones ya conocidas para exigir justicia por las víctimas y bienestar para todas: pintas, vidrios rotos, gritos y cantos. 

El viernes pasado hubo una manifestación más en las que un grupo de mujeres hizo pintas y rompió vidrios otra vez en palacio de gobierno, estaciones del Tuzobús, La Villita y también en las preparatorias 1 y 3 de la UAEH, institución en las que son frecuentes los señalamientos de acoso que permanecen, sin embargo, sin respuesta ni atención satisfactorias. 

Detractores de las movilizaciones de mujeres que arguyen exageración de las manifestantes, dirían que las cifras referidas no son tan alarmantes y agregarían que “a los hombres también los matan, los matan más y no andamos haciendo marchas”. Esto es también lo que sucede en Hidalgo: ante una realidad, un Estado y un sistema adverso, violento, mujeres como conjunto han abandonado la resignación y adoptado una postura de resistencia persistente que impide la dilución de sus reclamos.

¿Y de qué sirven las marchas? Cuestionan también quienes las califican de vandalismo, entre población general y autoridades (recordemos que apenas en marzo pasado la secretaria de Finanzas de Hidalgo salió en tacones a pintar sobre pintas ‘vandálicas’ y aseguraba que las mujeres del gobierno se manifestaban pacíficamente). 

Desde mi lectura, las marchas han contribuido a consolidar bloques de mujeres que se encuentran cada vez más organizadas para responder ante casos de abuso y violencia, que además ejercen presión sobre las autoridades que una vez con los dedos en la puerta por la fuerza mediática realizan su labor o fingen que hacen porque su apuesta es siempre al olvido. Por ello, las exigencias constantes mantienen los temas sobre la mesa y en la memoria colectiva.

Las pintas en el Reloj van a desaparecer, como lo hicieron las hechas en palacio de gobierno, la Secretaría de Finanzas, el Tuzobús o en La Villita. Con 100 mil pesos no se borran las muertas, los muertos, ni la violencia. 

ABUSO POLICIAL

La semana pasada habitantes de Xuchitlán, San Salvador, despidieron a su vecino y compañero Leobardo Hernández, quien murió luego que un policía estatal lo golpeó con un proyectil en la protesta del 1 de junio. Más allá de que se reenfocará la acción policial luego de la tragedia, autoridades estatales, incluido el gobernador, han permanecido muy calladas por este caso esperando un pronto olvido.

No así con la muerte de la doctora Beatriz Hernández en barandilla de Progreso de Obregón, a la que pusieron más atención. A pesar de que autoridades judiciales resolvieron que no hubo feminicidio, el caso continúa empantanado por la falta de claridad que permanece y a la que contribuye el alcalde Armando Mera. Mientras, los oficiales involucrados son señalados ahora por homicidio culposo e irregularidades en la detención.

ACLARACIÓN                                                    
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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