Opinión

Pienso, luego leo

FRENOLOGÍA 

Avatar del

Por: Iván Lozano

Hacer de México un país lector es el objetivo de la Estrategia Nacional de Lectura de la administración federal. La cual, hasta el momento, parece estar especialmente basada en reducir el precio de los libros para que la gente los compre, asumiendo que las personas no leen porque no les alcanza.

Es cierto que muchísima gente en este país carece de recursos para gastar en libros y que varios de ellos tendrán el deseo de hacerlo. Sin embargo, también es verdad que aun con la economía suficiente, existen muchas personas que no compran libros, por lo que sería este un análisis inicial incompleto, lo menos.

Factores para que en México se lean solo 3.8 libros al año de acuerdo con el INEGI (cifra que considero entusiasta), habrá muchos, entre ellos, sí, su costo. Para muchos es preferible gastar 150 pesos al mes en la suscripción de algún servicio de streaming que en un solo título editorial, de aquellos que van de 300 pesos pa’rriba mejor ni hablamos.

Cuando uno piensa en la cotidianidad y la manera en que la lectura puede insertarse en ella para convertirse en hábito también se topa con la dificultad de que es una actividad para realizarse en solitario en un mundo que promueve la vida en compañía, por lo que convencer a la gente de pasar tiempo a solas con un libro puede ser complicado.

Además, leer implica un esfuerzo mental que no necesariamente es requerido en alternativas de entretenimiento predilectas como el cine o la televisión, ambas opciones ya popularizadas también en sus versiones a la carta por servicios en internet.

En el mundo moderno las personas leen todo el tiempo. Probablemente se una de las actividades a las que dedican más tiempo si tomamos en cuenta cuando lo hacen como parte de sus actividades laborales o de ocio, pues seguramente pasan un buen rato al día revisando redes sociales y utilizando aplicaciones de mensajería instantánea. De modo que la acción de leer no es tanto el problema como lo que se lee o lo que quieren que se lea (libros en este caso).

Como ya mencioné, tomar un libro o leer un texto en una revista, por ejemplo, implica tiempo y esfuerzo mental, para lo cual es necesario cierto nivel de concentración y análisis. Entonces es cuando nos encontramos con la que considero la barrera más grande en la empresa de hacer de México un país de lectores: no sabemos leer, pues no comprendemos lo que leemos.

Según cifras del INEGI, solo dos de cada diez lectores dicen comprender lo que leen. Así que nos enfrentamos, antes que con un problema por falta de lectura, con uno mayúsculo de falta de comprensión. ¿Es prioridad que las personas lean o que entiendan lo que leen? ¿Cómo podemos mejorar la comprensión de lectura?

Cuando reflexionamos en el problema de comprensión lectora es ineludible pensar en que el principal problema y solución está en la educación básica. Pues es en esta cuando desarrollamos habilidades elementales como la ya referida.

En este sentido las dificultades son numerosas. Al echar un vistazo a la educación primaria y secundaria podemos hallar con facilidad vicios comunes y arraigados como la memorización, la falta de interés estudiantil y la escasez de recursos pedagógicos con las  que cuentan los docentes y, en general, el sistema educativo en este país.

Todo esto también aunado a la falta de estímulos en casa. Pues la educación de niñas y niños no está ni debe estar circunscrita a los límites de la jornada escolar. 

Enseñar a pensar, reflexionar a los niños y, sobre todo, enseñarles que estas actividades, más que necesarias no son una especie de roña que debe ser evitada a toda costa, considero que es el principal objetivo si lo que buscamos es convertir a México en un país lector. Hasta entonces, los esfuerzos, aunque encomiables, parecen fuera de dirección.

En esta nota:
  • FRENOLOGÍA

Comentarios