Opinión

Productos milagro del cine

DESDE EL PROYECTOR 

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Por: Mariano Bouchot

Aseguran aliviar los más diversos males crónicos de salud, se publicitan asegurando su rápida efectividad, prometen remediar casi cualquier desperfecto, desde detalles estéticos, hasta grandes males sanitarios. Se trata de los llamados “productos milagro”, son sustancias, objetos y servicios que no fueron creados bajo ningún proceso científico, mucho menos aprobados por alguna instancia oficial. Son mercancías que se encuentran al alcance de todos, regularmente a precios accesibles. Estos, tienen en común ser un engaño, es mentira lo que ofrecen. Sus soluciones y remedios, carecen de todo sustento serio y acreditado.

Pues así como encontramos, desde hace años, todo tipo de “productos o medicamentos milagro” para la salud, ahora es posible encontrar cientos ofertas publicitarias que prometen formación profesional en solo unas cuantas horas, con mínimos requisitos, a precios en demasía módicos. Esto, para cualquier rubro, para cualquier disciplina.

La actividad cinematográfica no escapa a estas maravillosas y sorprendentes ofertas educativas. Con amplia sorpresa, he visto llamativos anuncios que ofrecen cursos de guion, de cinefotografía, de dirección, de actuación, y así de cada campo y disciplina que tiene que ver con este oficio. Lo que más me sorprende son los costos, algunos se pueden tomar por asequibles doscientos pesos. Es posible tomar un curso completo de 40 horas, mismo que promete formación completa en alguna de estas áreas, a cambio de tal cantidad.

Lo más tenebroso es cuando veo al o los encargados de dar el curso en cuestión. Gente con breve o nula preparación. La tecnología y el momento que vivimos, les ha permitido florecer y la buena fortuna en sus mágicas ofertas de formación profesional. Basta con tener acceso a internet.

Puedo asegurar que tienen mayor seriedad y compromiso los extintos cursos por correspondencia, esos que ya forman parte de la antigüedad. Se trataba de un sistema de enseñanza epistolar, el alumno recibía periódicamente cartas con lecciones y tareas, generalmente sobre un oficio de orden técnico. Esto es quizá, el sistema precursor de la educación a distancia.

Estoy convencido que todos podemos destacar capacidades autodidactas, sea cual sea el campo de estudio. Pero de lo que no estoy ni estaré convencido, es de la mentira y la charlatanería. Así como los “productos milagro” son una amenaza para la salud del segmento de la población que los adquiere, los productos milagro del cine, presentados en forma de cursos, talleres, festivales, etc., son una amenaza para el público que los consume. El cine, como cualquier oficio y profesión, requiere de conocimientos y años de práctica.

Quienes promueven estos novedosos y milagrosos productos cinematográficos, son charlatanes, son analfabetas funcionales. Difícilmente alguien con estas características nos puede guiar en el campo del conocimiento.

ACLARACIÓN                                              
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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