Opinión

Sé la mujer que soñabas cuando eras niña

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Por: Michelle Ortiz

Todas a lo largo de nuestras infancias tenemos miles de planes para el futuro, imaginamos una vida de ensueño con amor y felicidad eterna. Quizá ya hace mucho de esos ayeres o tal vez no. Si pudieras decirle algo a tu yo de niña ¿qué sería?

Durante nuestro recorrido enfrentamos infinidad de situaciones que poco a poco van cambiando nuestra manera de ser, los planes a seguir y las metas a conquistar, momentos de suma tristeza en donde no vemos la luz o por el contrario infinita alegría de esa de la que nos hace bailar.

Algo que he entendido de este juego llamado vida es que pese a todo debemos salir adelante, confiando en nosotras y sembrando el amor en quienes nos rodean. El problema a menudo son los estereotipos que nos dicen que para ser una mujer, debemos cumplir con ciertas normas y detalles imposibles de tener.

Comencemos con los conceptos:

Todas hemos pasado por situaciones en donde fuimos forzadas a actuar de una manera que iba contra lo que queríamos OJO consciente o inconscientemente, ¿por qué? Existen dos respuestas:

Modelo de coerción y modelo de consentimiento

El primero se refiere a los sistemas que deciden mediante leyes o normas, sancionadas con violencia, lo que está permitido o no para las mujeres. Son los modelos utilizados en Afganistán o Arabia Saudita, por ejemplo. El segundo modelo, el “de consentimiento” es el que está establecido en las democracias occidentales donde se mantienen y reproducen las desigualdades de género mediante mitos y estereotipos —aunque ambos utilizan las dos fórmulas, la distinción se realiza sobre cuál es la de mayor peso. 

Luisa Antolín propone, para explicarlo, la metáfora del teatro. «Rol» alude a función, tarea, papel. Hombres y mujeres, en cuanto nacen, tienen asignado un papel en función de su sexo. En él se les dice cómo tienen que comportarse, vestir, mirar, soñar, trabajar, hablar, relacionarse con los demás... Mujeres y hombres se convierten en actrices y actores en cuanto nacen y, según interpreten mejor o peor ese papel asignado en el gran teatro del mundo, el público —la sociedad— les aplaudirá o censurará. La crítica juzgará cuánto se acerca o aleja cada cual de los estereotipos. Si la niña es fuerte, valiente y activa será castigada igual que lo será el niño prudente y sensible.

Y son estos roles los que controlan nuestras vidas, reprimen nuestro potencial y nos oprimen. Nos limitan a que se espera de nosotros y no a lo que somos. La sociedad quiere imponernos su ritmo, pensamiento y modo de vida. Así por ejemplo si no te casas joven comienzan señalarte del mismo modo que si te casas, y tienes que salir a trabajar todos los días todo el tiempo. O si piensas, actúas y hablas de otra manera. 
Y entonces poco o mucho vamos cambiando nuestras necesidades para encajar y ser parte de un tejido social al que se le ha olvidado que como mujeres tenemos necesidades, sueños, sentimientos, pasiones y habilidades que queremos y podemos desarrollar para escribir nuestro propio destino.

Por ello es necesario deshacernos de esas barreras y comenzar a escucharnos, poner particular atención a nuestro corazón. Perdonarnos a nosotras mismas y amarnos más.

¿Qué le diría a mi yo de niña? 

Esfuérzate, ve con cuidado y sal adelante. Abra momentos difíciles, se fuerte, ya pasaran. No te mortifiques tanto por el que dirán y comienza a vivir esas cosas que sueñas. Estoy haciendo que te sientas orgullosa de mí. 

¿Y tú? 

Rompe las cadenas que te aten a la persona que no eres. Se la mujer que soñabas cuando eras niña.


Te dejo la recomendación de esta semana

Aprenderé- La Otra

 

Y tú, ¿qué opinas?