Irapuato, Guanajuato.- Desde hace casi cuatro décadas, el señor Alejo González Trejo recorre las calles y los tianguis de la ciudad con un manojo de globos que, dice, siguen siendo parte de la infancia, aunque el mundo a su alrededor haya cambiado.
“Llegué aquí cuando iba a cumplir 20 años (… ) y ya casi voy a cumplir los 60”, recuerda con una sonrisa mientras acomoda su mercancía. Su historia como vendedor comenzó “con el palo y así ando todavía”, compartiendo que desde entonces le gusta caminar, moverse, convivir con la gente y buscar buen lugar para vender.
Alejo no nació en Irapuato. Antes, cuando tenía apenas 15 años, vendía globos en lugares como Pastor Ortiz, en Michoacán, hasta que empezó a visitar la ciudad y terminó quedándose. “Venía con mis cuñados, y aquí me quedé”, dice.
Con el paso de los años ha visto cómo cambian los gustos de niños y familias. Aunque asegura que aún existe mercado, reconoce que la competencia es distinta.
“Es igual, pero ahora compran más juguetes o mejor les prestan el celular. Antes no había eso”, comenta. Aun así, todo se vende “de a poquito”, porque los globos siguen teniendo su magia, sobre todo para los más pequeños, desde niños de dos años hasta estudiantes de kínder.
Las temporadas también marcan la diferencia. Para él, las vacaciones son el mejor momento del año. “Vendo más desde el 18 de diciembre hasta el 7 de enero”, explica, pues es cuando las familias salen más y buscan pequeños detalles para sus hijos.

También reconoce que espacios como la Villa Navideña ayudan, pues atraen más personas al centro. “Sí se ve más gente, más movimiento”, dice. Antes, cuenta, era común que los vendedores se fueran a los barrios donde había más actividad, pero eso ha cambiado. La música fuerte ya no está permitida, algunos pleitos ahuyentan a las familias y la gente suele retirarse temprano.
Pese a todo, don Alejo continúa con su oficio, entre nostalgia y constancia. “Sigue igual, seguimos vendiendo”, afirma, mostrando algunos modelos de globos que ahora también son parte de los juegos mecánicos y puestos modernos.
Casi 40 años después, él sigue ahí, caminando con sus globos, convencido de que mientras haya niños, siempre habrá alguien que quiera llevarse un poco de color a casa.
SS