Irapuato, Guanajuato.- Las creencias populares que relacionan a las lechuzas con la mala suerte o la brujería continúan ocasionando ataques contra estas aves nocturnas, pese a que desempeñan un papel fundamental en el equilibrio ambiental al controlar poblaciones de roedores que afectan cultivos y zonas habitadas.

Especialistas del Zoológico de Irapuato señalaron que tanto las lechuzas de campanario como los búhos cornudos son especies benéficas que, lejos de representar un peligro para las personas, ayudan a mantener sanos los ecosistemas.

El médico veterinario Gustavo Graciano explicó que ambas aves son cazadoras nocturnas y que muchas de las creencias en su contra surgen por los sonidos que emiten durante la noche.

“Ambas especies son nocturnas, son cazadoras nocturnas y ahí es donde viene una de las creencias más erróneas que tienen algunas personas, que piensan que las lechuzas son ‘brujas’ o que son de mal augurio y todo lo contrario, son benéficas. 

“Ellas emiten sonidos para buscar pareja, comunicarse con sus crías, cuando se sienten amenazadas o para marcar territorio”, explicó.

El especialista detalló que ambas especies habitan ambientes distintos. La lechuza de campanario suele encontrarse en zonas agrícolas y cerca de asentamientos humanos, mientras que el búho cornudo prefiere áreas boscosas.

La lechuza se distingue por su plumaje blanco o beige, mientras que el búho presenta tonalidades café que le permiten camuflarse entre los árboles.

Graciano agregó que la lechuza puede alcanzar hasta 40 centímetros de longitud y un peso cercano a los 700 gramos, mientras que el búho cornudo llega a medir alrededor de 60 centímetros y pesar hasta dos kilogramos.

Ayudan a controlar roedores

La doctora Monserrat Juárez destacó que estas aves cumplen una función indispensable al alimentarse principalmente de roedores, lo que ayuda a controlar plagas de manera natural.

“Nos ayudan muchísimo a regular las plagas, plagas de ratones; su dieta es a base de roedores, sobre todo. Es de lo que ellos se alimentan y nos ayudan justo a controlar esa población de roedores que llegamos a veces a tener en exceso”, señaló.

La especialista comentó que una lechuza puede poner entre cuatro y cinco huevos, cuyos polluelos nacen tras un periodo de incubación de aproximadamente 30 días.

Sin embargo, cuando los adultos son agredidos por personas que creen en supersticiones, las crías quedan desprotegidas y requieren ser rescatadas para recibir crianza artificial durante cerca de dos meses.

Durante ese tiempo son alimentadas con carne y vísceras, alimentos que les aportan calcio y fósforo para fortalecer su desarrollo, hasta que cuentan con el plumaje y la capacidad suficiente para sobrevivir por sí solas y ser liberadas en su hábitat.

Los especialistas hicieron un llamado a dejar de lado los mitos que rodean a estas aves y a reconocer su importancia para el equilibrio ambiental, ya que su presencia contribuye al control natural de plagas y a la conservación de los ecosistemas.

HLL