Historia 030

Esta es la historia 030 de 450 que te contaremos sobre León

El 3 de enero de 1927,  seis jóvenes fueron asesinados en León por defender la fe católica y fueron llamados Los Mártires de Las Brisas.

Los mártires habían decidido tomar las armas para luchar contra las leyes del presidente Plutarco Elías Calles contra la Iglesia, luego de que el mandatario se había negado a negociar con la Iglesia.

Los llamados Mártires de Las Brisas son Nicolás Navarro Hidalgo, Ezequiel Gómez, José Valencia Gallardo, Salvador Vargas, José Gasca y Agustín Ríos.

Nicolás Navarro, su ejemplo de fe

Nicolás nació el 10 de diciembre de 1905 y al morir tenía 22 años de edad. Era “intrépido y audaz”, representante de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM). Muy joven hizo la promesa de contribuir al movimiento libertador”, narra su nieto Ricardo Navarro Pons.

Sus padres fueron Hilario Navarro y Andrea Hidalgo, “católicos prácticos y de reconocida piedad”. Nicolás se casó con Soledad Durán en 1925.

Nicolás Navarro y su esposa Soledad Durán. Foto: Cortesía de la familia de Nicolás Navarro

Tenía un  matrimonio feliz y un hijo recién nacido cuando se levantó la guerra de la persecución cristera.

El joven mártir era jefe de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa y miembro activo en la organización de la defensa armada, fiel a sus creencias.

Ricardo agregó que su abuela Soledad le preguntaba a su abuelo Nicolás, mostrándole a su hijo de nueve meses de nacido: “¿Tienes el ánimo y valor de dejar a tu hijo?”, a lo que respondía: “sí diez hijos tuviera, gustoso los dejaría, tratándose de defender la causa de Dios”.

Finalmente Nicolás se unió a los cristeros y dijo a su esposa: “Mira Chole, parto a la lucha, pero por favor, si yo muero en la guerra le dirás a mi hijo cuando sea grande que su padre murió en defensa de la fe”.

Los cristeros

Se celebraron varias juntas de católicos en Guanajuato y en Jalisco para organizar el movimiento cristero. La última fue el 26 de diciembre de 1926 y se llevó a cabo en una finca vecina al panteón de San Nicolás, en León, a la que asistieron 20 personas, que se comprometieron a luchar por la fe católica hasta morir”, describe el historiador José de Jesús Ojeda, en su libro León 500 años de historia.

Se acordó que el 1 de enero de 1927 se daría el grito de libertad, “pero tuvo que aplazarse hasta el 3 de enero por serias dificultades; sin embargo, los católicos de San Francisco del Rincón se adelantaron el 2 de enero, con el padre Pedroza”.

“Nicolás Navarro, presidente de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa en el barrio del Coecillo, recorrió apresuradamente las rancherías cercanas a León para dar aviso a los campesinos. El 2 de enero, Nicolás recibió la orden de levantamiento esa misma noche”, señala el historiador.

Nicolás Navarro Hidalgo era presidente de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa en el barrio del Coecillo. Foto: Cortesía familia de Nicolás Navarro

“Todos deberían reunirse a las 9 de la noche en la quinta Las Brisas, a orillas del Coecillo. Eran las 10 y no se habían reunido ni 25 personas para tomar la Plaza Principal de León, por lo que se preguntaban qué hacer, pues ni armas tenían”, describe Ojeda Sánchez.

La traición, captura y muerte

Ricardo Navarro relata que el 3 de enero su abuelo Nicolás se reunió con un grupo de amigos y se dirigió a la casa de Palo Cuarto, y al ver que había gente llorando por ellos les dijo: “No lloren, mañana sonarán a vuelo las campanas y podremos ir públicamente a misa. Yo voy al triunfo”.

El historiador José de Jesús Ojeda relata que los jóvenes, pertenecientes a la ACJM,  fueron traicionados por el inspector de Policía J. Natividad López, originario de Arandas, Jalisco, quien les había asegurado que la Policía estaba de su parte.

Los jóvenes fueron detenidos y llevados a un “tribunal”.

“Los colmaron de injurias con vocabularios canallescos, les robaron el dinero que traían en los bolsillos y los sentenciaron a muerte; bien atados y resguardados por 80 soldados, fueron llevados hasta la calle Palo Cuarto, frente al portón de la quinta Las Brisas, donde fueron aprehendidos”.

“Dieron la orden de que gritaran a los gendarmes: ¡Viva Cristo Rey!, y que dispararan sobre los reos, para fingir que había sido un enfrentamiento de armas entre ellos y la policía. Todo se cumplió al pie de la letra”, señala en su libro el escritor  Ojeda Sánchez.

Se salvó Agustín Martínez porque se encabritó el caballo del soldado que lo llevaba, logró zafarse de la cuerda que lo ataba y escapar entre los surcos del sembrado en Las Brisas.

“También escapó, no se sabe cómo, un señor de apellido Macías. Por su parte, J. Isabel Juárez, herido, se fingió muerto al quedar tendido en el suelo. Le acercaron un cerillo a la nariz y detuvo la respiración, por lo que los soldados lo dieron por muerto”, añade Ojeda Sánchez.

La noticia de la muerte de Nicolás Navarro

Al día siguiente de la masacre llegó una señora a La Palanca, tienda que estaba en la casa de Nicolás Navarro, localizada frente al Jardín de San Francisco del Coecillo, y entre llanto y gritos avisó a la esposa de Nicolás, Soledad, la muerte de su marido.

El padre Dolores Pérez, conocido en el Coecillo como el Padre Peritos, quien se escondía en la casa de Nicolás, fue a rezar a los jóvenes asesinados cuyos cuerpos estaban en el lugar de la ejecución.

“Acompañado de Alberto Márquez, encontraron el cadáver de José Gasca, arriero sencillo y humilde; y hacinados los cuerpos de Valencia, el de Ezequiel Gómez y el de Nicolás Navarro; ya se habían llevado los de Vargas y Ríos”, añade el historiador.

Los cuerpos de los seis jóvenes sacrificados quedaron expuestos en la Plaza Principal, frente al Palacio Municipal, para deshonra de ellos y escarmiento de los demás, según los planes del gobierno. En realidad sirvió para la glorificación de ellos y aliento de los católicos”, afirma el nieto de Nicolás.

Cuatro de estos jóvenes pertenecían a la Congregación Mariana del Santuario de Guadalupe y a la ACJM. Ellos eran: Nicolás Navarro, Ezequiel Gómez, José Valencia Gallardo y Salvador Vargas.

“El Papa Pío XI, cuando vio sus fotos y sus nombres, escribió de su puño y letra palabras en latín que decían: “Por la gloria de Cristo, la sangre de los mártires es semilla de cristianos’”.

Monumento a los mártires del 3 de enero

Hay un pequeño y humilde monumento de cal y ladrillo en la calle Palo Cuarto frente a la casa marcada con el número 607, en el barrio del Coecillo.

Monumento a los Mártires de las Brisas en el barrio del Coecillo. Foto: José T. Méndez Valadez

En el terreno donde dicen que fusilaron a los mártires. Se levantó un pequeño monumento con un crucifijo al frente.

El monumento ha sido olvidado por la Iglesia y por los vecinos a pesar de que los  jóvenes dieron la vida por defender su fe”, dice Manuel V. Escamilla, vecino que se encarga de cuidar el lugar.

Manuel V. Escamilla, vecino del Barrio del Coecillo quien se encarga de cuidar el lugar. Foto: José T. Méndez

Un terreno baldío, olvidado y lleno de maleza, sin los nombres de los mártires. Solo el Cristo permanece como testigo de que ahí fueron masacrados los jóvenes de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.

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