Historia 331
Esta es la historia 331 de 450 que te contaremos sobre León
Mucho antes de que existiera el Mercado República, en ese mismo lugar ya se compraba y vendía de todo. La antigua Plaza de Santiago fue durante siglos un punto de encuentro y comercio, donde llegaban habitantes de la ciudad y de las rancherías cercanas para ofrecer frutas, verduras, semillas y otros productos.
Su importancia era tal que en 1817, durante la lucha por la Independencia, el insurgente español Xavier Mina la confundió con la Plaza Principal al entrar a León. El error, de acuerdo con las referencias históricas, provocó que perdiera elementos de su ejército ante la proximidad del enemigo.
Más de dos siglos después, aquel espacio mantiene su vocación comercial. La antigua Plaza de Santiago se transformó en tianguis y posteriormente dio paso al Mercado República.
Aunque el edificio actual comenzó a construirse en la década de 1930, la historia comercial del lugar es mucho más antigua.

Una plaza dedicada al comercio
La Plaza de Santiago formó parte de uno de los antiguos barrios de la ciudad. Investigaciones sobre las centralidades históricas de León señalan que existen registros de su función como plaza para la vendimia desde la época colonial.
Durante el siglo XIX ya era reconocida por su intensa actividad comercial.
Carlos Arturo Navarro Valtierra, cronista de la ciudad, recuperó en sus investigaciones una descripción realizada en 1872 por Antonio J. Cabrera sobre las antiguas plazuelas.
En las de Santiago, San Juan de Dios, San Miguel, Barrio Arriba, Coecillo y San Francisco había puestos de leña, pasturas, semillas y verduras que abastecían a los habitantes de los barrios cercanos.
En la Plaza de Santiago se vendían también frutas procedentes de las numerosas huertas de la entonces villa y hortalizas cultivadas en sus campos. Durante muchos años funcionó como un gran mercado improvisado, con carpas, mesas y puestos.
Su importancia quedó plasmada también en la traza de la ciudad. En las referencias topográficas de 1872 aparecen calles que comenzaban o terminaban precisamente en la Plaza de Santiago, evidencia de que ya constituía un punto de referencia urbano.
Con el paso de los años, la plaza se consolidó como tianguis. Ahí acudían habitantes de distintos barrios y personas provenientes de comunidades y municipios cercanos para comprar, vender e intercambiar mercancías.

También se convirtió en un sitio relacionado con dos actividades que terminarían por definir la economía de la ciudad: la piel y el calzado.
Testimonios de antiguos comerciantes recuerdan la Placita de Santiago como un importante punto para la venta de pieles, ropa, alimentos y productos utilizados por los zapateros.
Xavier Mina confundió la plaza
Uno de los episodios más singulares relacionados con este lugar ocurrió en 1817.
Xavier Mina entró a León durante su participación en la lucha insurgente y confundió la Plaza de Santiago con la Plaza Principal.
La amplitud y actividad de aquel espacio habrían provocado la confusión. De acuerdo con la reconstrucción histórica recuperada por Navarro Valtierra, el error le costó elementos de su ejército debido a la cercanía de las fuerzas enemigas.
La anécdota permite dimensionar la importancia que la plaza ya tenía desde principios del siglo XIX.
De tianguis a mercado
La transformación definitiva llegó durante la década de 1930.
El Archivo Histórico Municipal conserva documentación relacionada con el proyecto para construir un mercado en la antigua Plaza de Santiago.
El contrato establecía un inmueble con locales interiores y exteriores, pabellones, sanitarios y cuatro entradas principales con verjas de hierro.
La obra fue contratada por la administración municipal encabezada por Jesús Yáñez Maya y quedó en manos del contratista Eleuterio Martínez. El documento establecía un costo de 43 mil 848 pesos y fijaba como fecha para terminar los trabajos el 31 de agosto de 1933.
Las fuentes históricas sitúan el inicio de la construcción del edificio actual en diciembre de 1932, aunque existen referencias que colocan su apertura o consolidación como mercado en 1934. Durante un breve periodo recibió el nombre de Mercado Melchor Ortega.
El nuevo inmueble sustituyó así al antiguo esquema de puestos, barracas y espacios improvisados que durante generaciones habían caracterizado a la Plaza de Santiago.
Pero el mercado no creó la actividad comercial del lugar: la heredó.
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Uno de los grandes centros de comercio
Con el Mercado República, la antigua vocación comercial de la Plaza de Santiago continuó durante buena parte del siglo XX.
Personas procedentes del Centro, Coecillo, Santiago, La Soledad y distintas rancherías llegaban hasta ahí para abastecerse. Durante décadas fue uno de los principales centros de comercio de la zona.
Sus pasillos reunieron puestos de alimentos, pieles y mercancías de todo tipo. Las fondas también se convirtieron en una parte característica del mercado y algunas tradiciones familiares consiguieron pasar de una generación a otra.
La actividad del Mercado República estaba además relacionada con otros puntos de encuentro del Barrio de Santiago. Muy cerca se encontraban el templo de Santiago y el Cine-Arena Isabel, por lo que comercio, entretenimiento y vida religiosa convivían en unas cuantas calles.
El inmueble atravesó remodelaciones y distintos episodios que modificaron su aspecto, pero consiguió mantener su actividad.
Una vocación que sobrevivió durante siglos
El Mercado República ya no tiene el movimiento que alcanzó durante algunas décadas del siglo XX. Cambiaron los hábitos de consumo, la ciudad creció y otros centros comerciales y mercados aparecieron en diferentes zonas.
Sin embargo, el valor histórico del lugar comienza mucho antes que el edificio que hoy ocupa la zona.
Antes del Mercado República estuvo el Mercado de Santiago. Antes hubo un tianguis. Y antes del tianguis existió una plaza donde los habitantes de la ciudad y de las comunidades cercanas ya acudían a comprar y vender sus productos.
La antigua Plaza de Santiago cambió de nombre, de apariencia y de edificios, pero conservó durante siglos una misma vocación: ser un lugar para encontrarse y comerciar.
Hoy, detrás de los muros del Mercado República permanece la historia de uno de los espacios comerciales más antiguos de la ciudad.
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