Historia 433
Esta es la historia 433 de 450 que te contaremos sobre León
En la esquina de las calles 27 de Septiembre y Constancia, en el Barrio Arriba, una figura de cantera sostiene un cuadrante con números romanos que representan las horas del día. Para muchos transeúntes, el ángel parece inacabado; para quienes conocen su historia, es una pieza que reúne el talento de un escultor, la memoria de una familia y el proyecto de un reloj solar que no llegó a funcionar como se esperaba.
José Alberto Rodríguez Aguilera, conocido como “El Tigre”, guía turístico con acreditación federal e investigador especializado en las identidades leonesas, explica que la obra debe entenderse primero como una escultura concebida para cumplir una función solar.
“En realidad es una escultura, es una columna que se realizó en cantera de allá de la zona de Yahualica, los Altos de Jalisco”, explica.

Don Salvador Rodríguez y las famosas Conchitas
En la vivienda habitaba don Salvador Rodríguez, hermano de las conocidas como las Conchitas, mujeres del Barrio Arriba reconocidas por su habilidad para la costura y la confección de vestidos.
Según relata “El Tigre”, su trabajo era tan apreciado que familias acomodadas de León acudían con ellas para encargar diseños y prendas especiales.
La historia de las Conchitas habla de una época en la que los oficios daban reconocimiento a las familias y contribuían a la vida social y económica de los barrios.
Don Salvador, por su parte, era violinista y tenía una inclinación por el arte. De acuerdo con el relato, esa sensibilidad estuvo relacionada con la decisión de colocar una escultura tan singular en su casa.
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Una obra inspirada en Europa
Según el relato de “El Tigre”, el violinista leonés viajó a Europa y conoció, en la catedral de Chartres, Francia, una representación de un ángel con un cuadrante solar. Aquella imagen habría inspirado el encargo de una obra semejante para su vivienda en León.
La pieza fue tallada en cantera por un artista originario de Jalisco. El trabajo presenta detalles en bajorrelieve y altorrelieve y muestra una figura que sostiene el cuadrante del reloj solar.
En la superficie de piedra aparecen números romanos que representan las horas desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde.
Sin embargo, el cuadrante muestra solo una parte del círculo, una característica que ha llevado a muchos a pensar que la obra quedó a medio terminar.
En la base también se encuentra una figura que “El Tigre” relaciona con Wolfgang Amadeus Mozart, compositor con el que don Salvador habría tenido una conexión a través de su afición por la música.
¿Por qué parece incompleto el reloj de sol?
La apariencia inconclusa de la escultura tiene una explicación relacionada con su diseño y con los elementos que necesita para funcionar.
El cuadrante presenta únicamente una parte del círculo, adaptada a la composición de la columna y la esquina. Esta forma contribuye a que el ángel parezca incompleto, aunque la apariencia por sí sola no permite concluir que el escultor haya abandonado la obra.
Pero hay otra cuestión: para que un reloj solar marque las horas, necesita un elemento llamado gnomon, que proyecta una sombra sobre el cuadrante conforme cambia la posición aparente del Sol.
“El Tigre” señala que esa pieza falta en la escultura. Sin ella, el conjunto no puede cumplir adecuadamente la función de medir el tiempo.
A esto se suma la ubicación de la obra: la parroquia cercana obstruye la entrada directa de los rayos solares durante las primeras horas de la mañana. La luz alcanza el punto necesario más tarde, cuando el Sol supera esa construcción, lo que limita el periodo en que el reloj podría funcionar.
Por eso, aunque los números romanos y el cuadrante sugieren que la escultura fue concebida como un reloj solar, no basta con observarlos para asegurar que marque correctamente las horas.
Para determinar su funcionamiento sería necesario estudiar su orientación, el diseño del cuadrante, la posición del gnomon y las condiciones actuales de iluminación.
El guía turístico, originario del Barrio Arriba, lo resume así:
Es una escultura que es un proyecto obviamente de un reloj, pero mientras no marque la hora, no puedes decirle reloj”.
El ángel sostiene el cuadrante, pero la pieza conserva elementos pendientes de aclaración sobre cómo se proyectó y si podría recuperar su función solar.
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Las historias que rodean a la escultura
Como ocurre con muchos rincones antiguos, alrededor de esta obra circulan diferentes versiones sobre su elaboración.
Una de ellas cuenta que el cantero habría sufrido un intento de asalto en las calles cercanas y que después de ese episodio no regresó. Se trata de una versión oral que, al no contar con pruebas o documentación que la respalden, no puede presentarse como un hecho comprobado.
Actualmente, la vivienda permanece vinculada a la familia Aviña.
En el entorno también se recuerda una mercería atendida durante muchos años por una mujer mayor, parte de la vida cotidiana de esta esquina.
El ángel sigue sosteniendo su cuadrante de cantera. La obra conserva así su lugar en la memoria del Barrio Arriba. No solo por el misterio de su apariencia, sino por las historias familiares que la acompañan. Quizá no marque las horas, pero sigue señalando algo que el tiempo no ha borrado: la memoria de un barrio y de quienes dejaron su huella en él.
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