Historia 431
Esta es la historia 431 de 450 que te contaremos sobre León
La expulsión de los mulatos de la Villa de León dio origen a uno de los barrios más emblemáticos e históricos de la ciudad, ligado a la tradición zapatera, la curtiduría y más de cuatro siglos de historia.
Se trata de Barrio Arriba, nombre utilizado por los religiosos juaninos del barrio de San Juan de Dios para distinguir ambos asentamientos: uno ubicado al sur y el otro al norte de la ciudad.
Fue fundado el 27 de febrero de 1598 por mulatos libres, quienes, debido a las diferencias sociales y raciales de la época colonial, fueron desplazados de los espacios habitados por los españoles y construyeron su propia comunidad.
Hoy, sus calles, sus casas de adobe y de cantera, sus templos y festividades, así como sus comercios y tenerías, conservan una historia de identidad leonesa.
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Del conflicto al origen
El libro Barrio Arriba, publicado por el Archivo Histórico, narra que, durante el reinado de Felipe II (1556-1598), la Corona española prohibió que negros, mestizos y mulatos vivieran en pueblos de indios, con el propósito de mantener el control fiscal y social sobre los indígenas.
Esta disposición forma parte de los antecedentes que permiten explicar los orígenes de Barrio Arriba, con el caso de Diego Hernández, un mulato considerado uno de los primeros habitantes de León, quien participó con armas y caballos en la defensa de la Villa de León contra los indígenas chichimecas.
Por los servicios prestados, Diego Hernández recibió un solar para construir su vivienda, propiedad que posteriormente heredó a su hijo Francisco Hernández, también mulato. Sin embargo, los bienes familiares se convirtieron en objeto de una disputa.
El 17 de mayo de 1597, el capitán Juan Alonso de Torres, uno de los fundadores de la Villa de León, acudió al Cabildo para solicitar el solar de Francisco Hernández, ubicado junto a su casa.
Promueven sacar a los mulatos
Además de las disposiciones de la Corona española, su petición fue respaldada por el franciscano fray Pedro de Espinosa, quien promovió que los mulatos libres dejaran de vivir entre los españoles y formaran su propia comunidad.
El conflicto continuó hasta el 20 de febrero de 1598. Juan Alonso de Torres declaró que Diego Hernández y otros mulatos provocaban inconformidad entre algunos españoles por habitar en la Villa.
Días después, el 27 de febrero, las autoridades intervinieron en el litigio por las propiedades de la familia Hernández. El alcalde Alonso de Belmonte determinó que las casas y el solar no fueran habitados por mulatos y se destinaran exclusivamente a españoles.
El proceso judicial y las restricciones de vivienda contribuyeron al desplazamiento de la familia Hernández y de los mulatos hacia el norte de la villa en busca de un nuevo hogar. Se establecieron en las inmediaciones de la antigua calle de La Canal, hoy Julián de Obregón, donde surgió Barrio Arriba.
De las primeras viviendas a un barrio de zapateros
En 1540, desde las estancias del Valle de Señora, los españoles mandaban ganado a los centros mineros como alimento. Sin embargo, por los ataques de los chichimecas, se prefirió procesar la carne y enviarla seca, aprovechando las pieles para producir artículos de cuero curtido.
A finales del siglo XVII, la minería en Guanajuato necesitó diversos insumos para la extracción del metal, como bolsas para el desagüe, cubetas para acarrear el metal, gorros para la protección de los mineros, tanates, tiras para los amarres de las herramientas y correas para los animales de carga. Estos productos, junto con el calzado y otros artículos de uso cotidiano fabricados con piel o cuero, se elaboraban en el barrio.
Durante el siglo XVIII, su ubicación al norte de la villa favoreció el tránsito de arrieros procedentes de Comanja de Corona, San Felipe y otras comunidades, quienes ingresaban por la calle que hoy se conoce como 27 de Septiembre. El movimiento de mercancías impulsó la apertura de mesones y, en 1777, la construcción de la Garita del Norte, destinada al control fiscal.
Otro hecho que impulsó la industria curtidora fue la llegada del ferrocarril en 1882, pues facilitó la importación de maquinaria que ayudó a la evolución de la industria de León y su consolidación.
También la Segunda Guerra Mundial tuvo un papel importante en el desarrollo de Barrio Arriba. Abrió el mercado norteamericano a las industrias curtidoras y del calzado. Hasta la fecha, León es reconocido por su trayectoria en la industria zapatera.
Breve cronología del crecimiento urbano y servicios públicos
En el siglo XIX, el crecimiento de la población de Barrio Arriba ya era evidente. Una de las primeras necesidades que entonces surgieron fue ampliar los servicios educativos.
En 1867, el Ayuntamiento nombró un ayudante para la Escuela de Primeras Letras debido al elevado número de niños que asistían. Para 1871, la educación dio un paso hacia la igualdad, con la gestión para crear una Escuela de Niñas, cuya instalación quedó acondicionada en junio de ese año.
Otro hecho relevante fue la inundación de 1888, que afectó al barrio y provocó que personas damnificadas se asentaran en el cerro del Calvario. En ese lugar ya existían una Casa de Ejercicios y un orfanato sostenidos por el sacerdote José María de Yermo y Parres, quien, junto con otras personas, ayudó a auxiliar a la población.
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Hacia finales del siglo XIX, el tranvía conectó Barrio Arriba con la Plaza Principal del Centro mediante el circuito del Parque Hidalgo, lo que favoreció su integración con otras zonas de León.
También se estableció el panteón de San Martín, ubicado en las calles Allende y Limbo, destinado, según los registros de 1894, a personas fallecidas por enfermedades contagiosas, en una época marcada por las epidemias.
En 1900 se realizaron obras para conectar el pozo artesiano del barrio con la red de distribución de agua. Los trabajos incluyeron la instalación de tuberías y la construcción de una alcantarilla en la esquina de las calles de La Canal y Oláez.
Inmuebles históricos en Barrio Arriba
Entre sus inmuebles históricos destaca el edificio que originalmente albergó el Instituto Sollano. La institución contaba con aulas, biblioteca, laboratorios, capilla, dormitorios y espacios deportivos.
En 1916, el inmueble comenzó a funcionar como Hospital Juárez, después de haber sido ocupado por fuerzas villistas en 1913 y utilizado como cuartel. El hospital permaneció en el lugar hasta 1955. Más adelante, el edificio albergó la Escuela de Enfermería y, desde enero de 2014, es sede del Centro de Idiomas de la Universidad de Guanajuato.
Otro referente es la finca conocida como Casa del Ángel. Su fachada incorpora una figura que sostiene un reloj de sol, ubicada en la esquina de las calles 27 de Septiembre y Constancia.
La actividad comercial también ha formado parte de la identidad del barrio. El mercado, instalado inicialmente en barracas sobre la antigua calle de La Cruz, hoy 27 de Septiembre, sufrió un incendio en 1988. Ese mismo año comenzó la construcción del Centro Comercial Allende, inaugurado el 3 de noviembre de 1991.
La evolución de Barrio Arriba es un referente de la historia social y urbana de la ciudad.
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