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León, Guanajuato.- El Arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, en el marco de la festividad de la Virgen de la Luz, Santa Patrona de los leoneses, hizo un llamado a defender la vida y no acostumbrarnos a la cultura de la muerte y de la violencia que campea en el país.

Fue contundente al señalar que “no podemos acostumbrarnos a esta realidad. No podemos permitir que el sufrimiento humano se vuelva normal.

“Nos duele tanta violencia que ha penetrado en tantas zonas de nuestra patria. Comunidades marcadas por el miedo. Familias fracturadas por el crimen, jóvenes atrapados por dinámicas de muerte y madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Pueblos enteros que viven bajo la sombra de la inseguridad”, señaló el pastor de la Diócesis de León.

El Arzobispo añadió en su homilía que el ser humano debe ser de una dignidad inviolable que nadie puede conceder, ni arrebatar.

“No puede existir verdadera paz mientras la vida humana continúe siendo herida o despreciada; toda agresión contra la vida es también una herida profunda contra la paz social y contra el corazón mismo de Dios”, acotó en su mensaje.

Monseñor Calderón agregó que poco a poco se extiende una cultura en la que descarta al más débil.

“Poco a poco se extiende una cultura del descarte, como decía el Papa Francisco, que endurece el corazón y debilita nuestra capacidad de compasión y el drama termina siendo más hondo; el ser humano corre el riesgo de ver quién es realmente, cuando es solamente valorada por su eficacia y la capacidad de producir, la sociedad pierde el sentido de lo humano”.

También alertó sobre los riesgos de nuestros tiempos.

“El gran riesgo del cambio de época que estamos viviendo no es solamente la secularización exterior (disminución de dogmas religiosos); quizás el peligro más profundo es acostumbrarnos a vivir sin interioridad, sin discernimiento espiritual y sin capacidad de contemplación”.

El Arzobispo de León lamentó que familias sigan sufriendo por violencia y desapariciones de hijos.

“La violencia que lastima hogares enteros, la desapariciones que dejan familias rotas; los jóvenes atrapados por las adicciones o el vacío existencial, la erosión del tejido comunitario, la pobreza emocional y espiritual que crece aún en medio del progreso material y lo más grave es el irnos acostumbrarnos a vivir con una separación entre la fe y la vida cotidiana”, subrayó Monseñor.

En su mensaje dijo que no hay que perder la esperanza aún en medio de la oscuridad .

Llama a sacerdote acompañar al pueblo

Una sociedad verdaderamente humana no se mide por un desarrollo económico o tecnológico, sino por el sentido humano, y la forma en la que se trata al más frágil de la sociedad.

“La Iglesia no puede encerrarse en sí misma y vivir desde la nostalgia de otros tiempos. Queridos hermanos sacerdotes, ya no podemos decir que la Iglesia así siempre ha sido, y así vamos a seguir. Esto ya no es posible. Si queremos responder a las necesidades del mundo actual”.

Hizo un llamado al presbiterado a salir de los templos.

“Estamos llamados a una Iglesia que salga, que acompañe, que escuche, que camine y que discierna junto al pueblo y no que se esconda en los templos. La luz de Cristo no se conserva encerrandola, se comparte”.

También a acompañar con humildad y no imponer la fe.

“La Iglesia no se puede dejarse seducir por corrientes culturales que bajo apariencia de progreso o autonomía absoluta terminan debilitando el sentido sagrado de la existencia humana, porque cuando la libertad se sepa sobre la verdad del hombre, aparece el descarte, y el más frágil deja de ser visto como persona y es visto como objeto de utilidad”.

Calderón Calderón se pronunció en favor de la dignidad de las personas.

“Una Iglesia capaz de acompañar heridas humanas y concretas. Una Iglesia que no condena desde lejos, sino que se acerca como el buen samaritano. Una Iglesia que protege a los más vulnerables, que cuida la vida y la dignidad humana y la casa común”.

Finalmente exhortó a defender la vida desde su concepción.

“Una Iglesia que sabe reconocer en cada ser humano un rostro irrepetible, una Iglesia que comprende que defender la vida no es una postura ideológica, sino una exigencia profunda del evangelio y del amor cristiano”.

Celebran católicos a Virgen de la Luz

Con el repicar de las campanas de la Basílica Catedral de León, la grey católica de León celebró con gran entusiasmo, fe y devoción, la festividad de la Virgen de la Luz.

“¡Viva la Virgen de la Luz!, ¡Viva la Virgen de la Luz!, !Viva la Virgen de la Luz!, Viva Cristo Rey!, Viva Cristo Rey”, arengó el Arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, al final de la Misa Concelebrada, haciendo que se cimbrará la Catedral de León, en medio del júbilo popular.

Un día de fiesta para los leoneses que celebraron en grande a su Santa Patrona desde la 6 de la mañana, hora en la que se abrieron las imponentes puertas de hierro de la Catedral, para que cientos de católicos le llevarán las tradicionales mañanitas a la “Jefa”.

“Nos reunimos como pueblo mariano que reconoce en María, y donde brota la luz frente a un mundo donde pareciera que la oscuridad va ganando terreno; el mundo necesita esta luz, nuestro pueblo necesita esta luz, la vida de cada persona necesita esa luz que sirva siempre como un faro en el que nos orientamos hacía el Señor”, dijo con voz firme el Arzobispo al iniciar la Misa.

Ante una catedral llena a reventar, y en la que estuvo presente la alcaldesa Alejandra Gutiérrez Campos, a la que tuvieron que abrirle paso los elementos de seguridad en medio de la multitud, por llegar tarde.

Que nuestra vida sea la afrenta con la que hoy nos postramos ante nuestra Madre Santísima de la Luz y que sea la ofrenda agradable a Dios.

“Toda devoción mariana conduce a un encuentro con Jesús, es la luz que ilumina al mundo. Dios continúa manifestándose silenciosamente en lo más pequeño, en lo cotidiano, en la fragilidad, y en en dolor escondido de tantas madres que sostienen a sus familias y los trabajadores que no pierden la dignidad, en abuelos y abuelas que conservan la fe y los jóvenes que buscan sentido en medio de tantas voces contradictorias”, señaló el Arzobispo.

En el atrio de la catedral, en mala hora, se instalaron mesas, como si fuera una kermes, con venta de antojitos, en plena misa y de ropa de reúso, pero eso no importó para los cientos de personas que buscaban llevar un ramo de flores o estar cerca de la imagen de al Virgen de la la Luz.

El Arzobispo dijo que en medio de la realidad de violencia que vivimos brilla la luz del Evangelio.

“El centro de esta solemnidad no es solamente Maria; el centro es Jesucristo, y la luz verdadera que María lleva en sus brazos y la entrega al mundo”.

“Ninguna persona es inutil en este mundo, ni descartable ni fuera del amor de Dios. La madre Santísima sigue enseñándonos cúal debe ser el rostro en este nuevo tiempo: una Iglesia que como María sostiene a Cristo y lo ofrece al mundo con misericordia”, agregó el Pastor de la Diócesis de León.

Por la tarde hubo verbena popular, la peregrinación de los tablajeros (carniceros) de León, y una Misa por un buen temporal en la zona peatonal, a cargo de Monseñor Juan Rodríguez Alva, Vicario de la Diócesis.

Se remató con pirotecnia en la Catedral.

De viva voz

Como cada año, vengo a la Catedral a dar gracias a la Santísima Virgen por todos los bienes recibidos para mi familia y recibir sus bendiciones”, Ana Luz Martínez.

“Le venimos a traer flores a la virgen y dar gracias. Es una virgen milagrosa y patrona de la familia”, Mariana Pérez.

Venimos a dar gracias a la Virgen y traerle un pequeño ramo de flores en agradecimiento”, María Luisa López.

“Mi familia y yo venimos a traerle flores a al virgen, como cada año, y pedir por la paz del mundo”, Luz María Soto.

HLL

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