Caracas.- El amanecer del año 2026 ha quedado marcado en los anales de la historia geopolítica contemporánea como el momento en que el orden internacional, forjado tras la Segunda Guerra Mundial, ha cedido en cierto sentido ante una nueva era de realismo y primacía regional.
Tras la captura de Nicolás Maduro mediante la denominada Operación Absolute Resolve en enero de 2026, se ha generado un debate entre analistas internacionales sobre si este evento representa el regreso de la Doctrina Monroe como eje rector de la política exterior estadounidense en América Latina, o si constituye una manifestación de otras dinámicas geopolíticas.
Asimismo, el documento de la Casa Blanca sobre su Estrategia de Seguridad Nacional, publicado a finales de 2025, genera cuestionamientos respecto a la transformación doctrinaria que en él se detalla.
A continuación se analiza la doctrina, sus reinterpretaciones, su vínculo con la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, posturas contrarias y la búsqueda multipolar regional.
¿Qué es la Doctrina Monroe?
La Doctrina Monroe articulada en el séptimo mensaje anual del presidente James Monroe al Congreso el 2 de diciembre de 1823. Se trata de una política exterior que buscaba alejar la influencia europea del hemisferio occidental.
La doctrina establecía que cualquier intervención europea en países americanos sería considerada un ataque directo contra Estados Unidos, provocando respuesta inmediata de Washington.
Su surgimiento fue producto de su contexto histórico: formulada durante el período de transición independentista de las naciones hispanoamericanas, tuvo como objetivo impedir cualquier intento de recolonización del continente por parte de la Santa Alianza.

Sin embargo, dicha doctrina experimentó múltiples reinterpretaciones:
- Corolario Roosevelt (1904): Amplió la doctrina justificando intervenciones directas en asuntos internos latinoamericanos, estableciendo un “poder de policía internacional” regional estadounidense.
- Monroísmo wilsoniano (1913): Reinterpretó la doctrina justificando intervenciones estadounidenses que promovieran la democracia y constitucionalismo, combinando retórica anti imperial con prácticas intervencionistas regionales.
- Doctrina de Seguridad Hemisférica (Guerra Fría): Reorientó el concepto hacia la contención del comunismo y la preservación del orden capitalista en el continente.
- Periodo post-Guerra Fría: Énfasis en integración comercial y promoción democrática, con intervenciones más selectivas.
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025: el Corolario Trump
La Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca presenta lo que el documento oficialmente denomina el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, en alusión directa a Donald Trump.
El documento menciona de manera explícita la Doctrina Monroe y la importancia de negar el acceso a competidores extra-hemisféricos:
Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro territorio”.
Esta retórica se ha traducido en acciones concretas desde el inicio de la administración Trump. Por ejemplo, en febrero de 2025, Panamá accedió a exigencias estadounidenses de que CK Hutchison, un conglomerado de Hong Kong, vendiera su participación en dos puertos del canal a la multinational estadounidense Black Rock .
Además, se han intensificado las constantes presiones diplomáticas y amenazas de intervención en países como Colombia, México, Cuba, Nicaragua y el territorio de Groenlandia, evidenciando un retorno al intervencionismo unilateral en la región.
Por otra parte, en el documento critica lo que denomina “el error estratégico de las élites pasadas” y su objetivo de ejercer una “dominación global permanente”.
Según el texto oficial, las administraciones previas:
Calcularon gravemente mal la disposición de Estados Unidos a cargar indefinidamente con responsabilidades globales que el pueblo estadounidense no percibía como vinculadas a su interés nacional. Sobreestimaron la capacidad del país para financiar, de manera simultánea, un enorme Estado de bienestar-regulatorio-administrativo junto con un vasto complejo militar, diplomático, de inteligencia y de ayuda exterior.”
Por último, la estrategia establece dos ejes de acción para el hemisferio occidental:
- Control regional: Utilizar a gobiernos afines como intermediarios para crear estabilidad en sus áreas de influencia. Estos países colaborarían en detener flujos migratorios, neutralizar cárteles del narcotráfico, relocalizar manufactura estadounidense y desarrollar economías de mercado.
- Consolidación de influencia: Desplazar a competidores extra-hemisféricos (China, Rusia, Irán) mediante incentivos económicos y presión diplomática para consolidar el dominio estadounidense en la región.
Para lograr esto, se plantea la readecuación de la presencia militar estadounidense hacia el hemisferio, el uso de aranceles y acuerdos comerciales como herramientas de influencia, y la condicionalidad de toda ayuda o alianza a la reducción de presencia adversaria externa.
¿Doctrina Monroe, imperialismo pragmático, o ambos?
Alfredo Jalife, especialista en geopolítica internacional y geofinanzas, calificó la captura de Maduro como la caída de un “muro de Berlín petrolero y aurífero en América Latina”, interpretando la intervención como la apertura de una nueva fase doctrinal en la política estadounidense hacia la región.
Por su parte Bernabé Malacalza, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad Torcuato Di Tella, argumenta en un análisis publicado en Revista Anfibia que la política exterior estadounidense actual busca “reafirmar su predominio exclusivo en el hemisferio occidental mientras reduce su implicación en otras regiones”, aceptando de facto la expansión de Rusia y China en sus respectivas áreas de influencia.
Según Malacalza, esto representa un abandono del orden liberal internacional de posguerra en favor de un sistema basado en esferas de influencia regionales.
Sin embargo, otros especialistas son escépticos a dichas concepciones. John Mearsheimer, profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago y teórico destacado de las relaciones internacionales, rechaza la interpretación monroista:
Esta operación no tuvo nada que ver con la Doctrina Monroe. No hay peligro en este momento de que China o Rusia vayan a formar una alianza militar con Venezuela o estén pensando en colocar sus fuerzas militares en el Hemisferio Occidental. Esto simplemente no es un problema. Esto no se trata de la política de grandes potencias, que es de lo que trata la Doctrina Monroe. Esto es, en mi opinión, un caso de imperialismo a la antigua”, declaró en una entrevista a Glenn Diesen, editor asociado de la revista Russia in Global Affairs.
La distinción de Mearsheimer es importante: la Doctrina Monroe respondía a amenazas extra hemisféricas de establecimiento militar o político en la región.
En contraste, argumenta que la intervención en Venezuela responde a intereses económicos directos y control de recursos, lo cual caracteriza como imperialismo clásico basado en el dominio territorial, cuyo único o principal fin era la extracción y/o explotación de los recursos.
Otro que apunta a una línea similar es el periodista español David Jimenez, exdirector del periódico EL MUNDO, quién tilda los acontecimientos como “un regreso al colonialismo del siglo XIX”.
Estamos hablando de un regreso al colonialismo del siglo XIX, donde las grandes potencias regían todo el mundo a capricho de emperadores que decidían qué país tenían que invadir y qué país podía ser simplemente un aliado”, describió en su canal de YouTube El Director.
Las dos posibilidades
No obstante, la distinción entre Doctrina Monroe e imperialismo económico puede resultar artificial desde una perspectiva histórica.
La Doctrina Monroe, desde sus primeras reinterpretaciones, ha servido simultáneamente como instrumento de seguridad hemisférica y justificación para el control de recursos estratégicos.
El Corolario Roosevelt de 1904 ya combinaba explícitamente objetivos de seguridad con intervenciones económicas directas.
Por tanto, más que elegir entre Monroe o imperialismo, la intervención en Venezuela podría representar una fusión contemporánea de ambos conceptos. Donde la seguridad hemisférica y el control de recursos estratégicos constituyen dos caras de la misma moneda geopolítica.
La Doctrina Don-Roe y su vínculo al poder material
Actualmente existen tres recursos indispensables para las economías modernas: petróleo, gas natural y minerales críticos (tierras raras). Estos elementos representan el combustible de la economía del siglo XXI, siendo esenciales tanto para la transición energética como para la superioridad militar.
En la actualidad, dos de estos tres recursos estratégicos están controlados mayoritariamente por naciones antagónicas a Washington.
En minerales críticos, China representa más de dos tercios de la producción mundial y posee aproximadamente el 60% de las reservas globales totales.
Por su parte, Rusia ejerce un dominio significativo sobre el gas natural, contando con las mayores reservas mundiales de este hidrocarburo. Aunque su influencia en los mercados se encuentra en declive.
Según diversos analistas y reportes oficiales, Washington busca ejercer un control significativo sobre la producción y comercialización del petróleo venezolano para fortalecer su posición energética global y alejar a competidores estratégicos como China y Rusia de su área de influencia hemisférica.
De acuerdo a un informe presentado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con aproximadamente 303,000 millones de barriles.
Asimismo, según Alfredo Jalife y diversos informes, el control de facto sobre el crudo venezolano, sumado a la producción estadounidense, otorgaría a Washington el dominio de casi el 20% de las reservas globales probadas, duplicando la capacidad de Arabia Saudita.
Sin embargo, es importante distinguir entre reservas probadas y capacidad productiva real.
La producción venezolana colapsó de aproximadamente 2.75 millones de barriles diarios en 2013 a menos de 800,000 en 2025, según fuentes externas al régimen.
Restaurar la capacidad productiva requeriría inversiones estimadas en 100,000 millones de dólares, según estimaciones de Bloomberg.
Sin embargo, no todo es petróleo. De acuerdo a estimaciones del sector minero, Venezuela posee las mayores reservas de oro de América Latina, además de considerables reservas de minerales raros.
Desde 2024 se contabilizan aproximadamente 361 toneladas métricas de reservas probadas de oro, valoradas en unos 22,000 millones de dólares.
China en el nuevo tablero geopolítico
La intervención estadounidense en Venezuela representa un revés significativo para la estrategia global china de expansión económica y aseguramiento de recursos.
Durante las dos décadas previas a 2026, Pekín había consolidado a Venezuela como un socio estratégico fundamental en América Latina, invirtiendo más de 106,000 millones de dólares en préstamos respaldados por petróleo desde el 2000, de acuerdo con Brad Parks, director ejecutivo de AidData.
Asimismo, Pekín había establecido una red de infraestructura crítica que incluía participación en proyectos de refinación petrolera y particularmente en la extracción de oro y coltán en el Arco Minero del Orinoco.

Cristian Hernández (AP).
Por otra parte, esta penetración económica formaba parte de una estrategia hemisférica más amplia.
Sin embargo, es importante resaltar que Venezuela no constituye una prioridad estratégica de primer orden en la agenda global china, donde Taiwán, el Mar de China Meridional, la Iniciativa de la Franja y la Ruta en Eurasia, y la competencia tecnológica con Estados Unidos ocupan posiciones claramente superiores en la jerarquía de intereses nacionales de Pekín.
Esta jerarquización de prioridades explica por qué la respuesta del Gobierno chino ante la detención de Maduro se limitó a declaraciones retóricas sin acciones concretas de respaldo.
Además, la mayor parte de las inversiones chinas en Venezuela ya enfrentaban alto riesgo de impago incluso antes de la intervención estadounidense, debido al colapso económico del régimen de Maduro.
La pérdida de un aliado clave para Rusia
La relación entre Moscú y Caracas había alcanzado niveles de cooperación militar sin precedentes en las dos décadas previas a la intervención.
Rusia había suministrado a Venezuela sistemas de defensa antiaérea S-300, aviones de combate Su-30MK2, sistemas de misiles tierra-aire Pechora-2M, y fusiles AK-103.
Esta presencia militar rusa en el hemisferio occidental constituía uno de los pocos espacios donde Moscú podía proyectar poder cerca del territorio estadounidense, replicando en cierta medida la presión que Washington ejerce en las fronteras rusas a través de la OTAN.
Además del componente militar, Rusia había establecido vínculos energéticos significativos.
La empresa estatal Rosneft tenía participaciones en al menos tres empresas mixtas que explotaban la Faja Petrolífera del Orinoco, en el sur del país.
Gazprom y otras empresas rusas también habían firmado acuerdos para exploración de gas natural en territorio venezolano.
La pérdida de este socio hemisférico reduce drásticamente el espacio de maniobra ruso y confirma su repliegue hacia una potencia regional euroasiática más que una potencia global con proyección transoceánica.
Irán y su alianza
La relación Irán-Venezuela fue una de cooperación particular entre Estados sancionados por Washington, basada en intereses complementarios y oposición conjunta a presión occidental.
Desde 2020, Irán aportó asistencia técnica esencial para reactivar la industria petrolera venezolana, suministrando personal especializado, insumos químicos y condensados para procesar el crudo extrapesado.
Asimismo, esta presencia respondió a una estrategia iraní de presión indirecta sobre Estados Unidos y de proyección de influencia en el hemisferio occidental.
En este marco, se documentaron vínculos con Hezbollah en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, así como redes operativas en México y Centroamérica, lo que para Washington constituyó una preocupación de seguridad regional más allá del ámbito energético.
La posible pérdida de Venezuela como aliado acentuaría el aislamiento de Irán y limitaría su alcance internacional.
No obstante, este escenario podría cambiar ante una eventual caída del régimen de los ayatolás a causa de las protestas generalizadas y la posible llegada de un gobierno iraní alineado con Estados Unidos.
Hacia un Nuevo Orden de Esferas de Influencia
El escenario geopolítico que podría emerger tras los eventos de este 2026 sugiere un retorno al pragmatismo de las relaciones de poder basadas en esferas de influencia regionales.
La caída de Nicolás Maduro a través de la Operación Absolute Resolve podría marcar, si resulta exitosa y sostenible, una transición hacia una política hemisférica centrada en el control directo de recursos estratégicos y la proyección de fuerza militar.
Por otra parte, Estados Unidos deberá demostrar, en los meses y años venideros, si posee la capacidad política, económica y militar para administrar las consecuencias de esta intervención en un orden internacional cada vez más multipolar, donde potencias como China y Rusia observan atentamente este precedente que potencialmente legitima acciones similares en sus propias zonas de influencia.
HLL