Bogotá,- El gobierno colombiano ha autorizado formalmente un plan de eutanasia que contempla el sacrificio de 80 hipopótamos que habitan en la cuenca del río Magdalena, en el centro del país.
La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, anunció la medida ante los medios de comunicación y presentó los detalles del plan.
La circular firmada ese día destina 7,200 millones de pesos colombianos —aproximadamente dos millones de dólares— con una meta de al menos 33 individuos sacrificados por año.
Cada eutanasia tendrá un costo de 50 millones de pesos (cerca de 14,000 dólares), sin incluir los gastos de entierro, obligatorios por razones de salubridad.
El protocolo aprobado contempla dos métodos: la aplicación de una inyección letal y el uso de un rifle de caza de largo alcance, este último debido al grosor de la piel de los hipopótamos.
La eutanasia convive en el plan con una segunda estrategia: la traslación a zoológicos y santuarios en el exterior, aunque hasta ahora ningún país ha dado una respuesta favorable.
Según la ministra Vélez, la escasa diversidad genética de los animales y los elevados costos de transporte han frenado cualquier acuerdo internacional.
El origen: El zoológico de la Hacienda Nápoles
Durante la década de los ochenta Pablo Escobar estableció en la Hacienda Nápoles, ubicada en el municipio de Puerto Triunfo, Antioquia, un zoológico privado que albergaba una variedad de especies exóticas traídas ilegalmente al país, entre ellas jirafas, elefantes, cebras, avestruces, rinocerontes, búfalos y cuatro hipopótamos procedentes de África.
La propiedad, que abarcaba miles de hectáreas en la región del Magdalena Medio, operó como zoológico durante los años de mayor poderío del cartel de Medellín, sin que las autoridades de la época contaran con los medios para intervenir.

Según información del Ministerio de Ambiente, tras la muerte de Escobar en diciembre de 1993, la hacienda quedó abandonada y la mayoría de los animales exóticos fueron trasladados gradualmente a zoológicos del país y del exterior.
Sin embargo, los hipopótamos no fueron trasladados, ya que ninguna institución accedió a recibirlos debido a los altos costos de transporte y a las complejidades logísticas que implica el manejo de una especie de esa envergadura.
Así, los cuatro ejemplares permanecieron en los terrenos de la hacienda sin supervisión y, con el paso de los años, comenzaron a desplazarse más allá de sus límites originales hacia la cuenca del río Magdalena.
La población pasó de cuatro ejemplares a principios de los noventa a al menos 169 individuos en 2022.
Las proyecciones oficiales advierten que la cifra superará los 500 para 2030 y podría rebasar el millar en años posteriores.
En 2022, Colombia declaró oficialmente a los hipopótamos especie exótica invasora, reconociendo formalmente que su presencia representa una amenaza para los ecosistemas nativos.
Un megaherbívoro sin depredadores ni sequías
Las causas de su expansión desmedida se debe al propio ecosistema colombiano que carece de los “controladores naturales” que en África regulan la población con depredadores y estaciones secas severas que limitan la reproducción.
Las consecuencias para el ecosistema son graves. Al ser megaherbívoros, devoran la flora nativa que en condiciones normales alimenta a especies más pequeñas, alterando el paisaje con sus pisadas y las cantidades masivas de excremento.
Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, advierte que en África ya está “documentado que pueden modificar la estructura de los ecosistemas de forma muy notable”.

El científico señala que la acumulación de nutrientes orgánicos en los cuerpos de agua “puede conducir a anoxia, pérdida de oxígeno en el agua, y mortandades gigantes de peces”, un fenómeno que empieza a registrarse en tramos del Magdalena.
Por otra parte, un factor que agrava aún más el panorama es la endogamia que padece la población de hipopotamos.
De acuerdo con la ministra Vélez, al descender todos los ejemplares de apenas cuatro animales fundadores —de los cuales, según información de medios colombianos, una de las hembras no llegó siquiera de África sino de un zoológico en Texas—, los hipopótamos llevan décadas reproduciéndose entre parientes directos, lo que ha acumulado mutaciones y reducido drásticamente su diversidad genética.
Entre las anomalías físicas documentadas se registran malformaciones en la mandíbula, la boca y el hocico de algunos ejemplares.
Según información de Infobae, la condición genética de los animales ha sido uno de los principales obstáculos para concretar su reubicación: países como India, México, Filipinas, Perú, Sudáfrica y Bolivia han sido contactados formalmente, pero ninguno ha otorgado el aval gubernamental necesario para recibirlos
Controversia
La decisión no pasó sin resistencia. La senadora animalista Andrea Padilla fue una de las voces más enérgicas en contra, calificando la medida de “facilista y cruel” y rechazando el argumento gubernamental.
Frente a las críticas, el gobierno defiende la medida apoyándose en la comunidad científica e insiste en que la eutanasia se ejecutará de acuerdo con criterios éticos.
La directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, Natalia Ramírez, subrayó que el transporte de los animales al exterior es prohibitivamente costoso, y que algunos países han desistido porque su propia legislación prohíbe la importación de especies exóticas invasoras.
Para las autoridades colombianas, la eutanasia no es la primera opción, pero sí la única viable mientras no se concrete ningún traslado internacional.
AAK