Historia 200
Esta es la historia 200 de 450 que te contaremos sobre León
Luz María Hernández Caballero, conocida como Lucha Caballero, es una mujer que desafió su tiempo. En una época en la que las mujeres solo se dedicaban al hogar, abrió camino en un oficio que entonces no era considerado una profesión formal: la belleza.
Con determinación, fundó en 1962 la primera academia dedicada a formar estilistas en León.
Sus padres fueron José Hernández Hernández, originario de Arandas, y Josefina Caballero, de Uruapan.
Su madre quedó huérfana desde muy pequeña y, junto con su hermano Gonzalo, llegó a vivir a León con sus tíos maternos, Luis y María de la Luz Caballero Botello. Ellos tenían una distribuidora de productos para la curtiduría en pleno Barrio Arriba. En el segundo piso del negocio se encontraba la casa familiar.
José Hernández dejó Arandas y llegó a León en bicicleta. Entró a trabajar con Luis Caballero y ahí conoció a Josefina, con quien se casó años más tarde.

Los hermanos Caballero acogieron a José con afecto. Era trabajador y siempre dispuesto a colaborar. “El Güero”, le decían.
La fundadora de la primera academia de belleza de León cumplió recientemente 85 años y continúa al frente de la institución. Su nieta, Karla Hernández Wriedt, es subdirectora.

“La belleza es muy lucrativa”, afirma Lucha mientras muestra fotografías de generaciones de estilistas egresados; algunas llegaron a tener hasta 80 alumnos.
Con orgullo recuerda el lema de la institución: “El orden de esta academia está basado en la seriedad de mis alumnos”.
Una familia tradicional
José y Josefina formaron una familia conservadora. Tuvieron diez hijos y Lucha fue la quinta.
En esos años, José adquirió un rancho cerca de la estación del ferrocarril y comenzó a cultivar legumbres. Sembró papas y, a partir de entonces, “se fue para arriba”.
Luz María estudió primero en el Colegio Juana de Arco, después en el Instituto A. Mayllen y más tarde cursó la secundaria comercial en la academia Franco Inglesa. De esa etapa recuerda especialmente a su maestra de francés, Bertha López. Por las tardes tomaba clases de piano con Enriqueta Santamaría. Terminó sus estudios a los 17 años.
“Las mujeres, a la casa”
Los fines de semana, cuando su madre regresaba de la granja, Lucha la acompañaba a un pequeño salón de belleza ubicado en la calle 5 de Mayo, atendido por Diana Duarte. Ahí observaba con atención cómo una mujer podía transformarse a través del arreglo personal.
Parecía más segura, más contenta… salíamos del salón y mi mamá se veía fuerte”, recuerda.
Lucha recrea todavía la escena: “Se tocaba el pelo, el rostro, se veía al espejo, erguía los hombros. Mi mamá era otra”.
Esa experiencia permaneció en su memoria.

Al terminar la carrera comercial pidió permiso a su padre para trabajar en Pemex.
“Me propusieron un trabajo en la oficina de Pemex”, le dijo.
Sin titubear, él respondió: “No. Las mujeres se quedan en casa”.
La joven obedeció, pero no se resignó a ser ama de casa.
Volvió entonces la imagen de su madre en el salón de belleza y un día decidió enfrentar a su padre:
“Quiero estudiar belleza… voy a abrir una escuela”.
La respuesta volvió a ser negativa.
Cada semana retomaba el tema, hasta que en 1962 su padre decidió confrontarla con lo que él consideraba el destino de ese oficio.
La llevó a recorrer la avenida Miguel Alemán, entonces zona de tolerancia, y le señaló a una mujer con tubos en el cabello y mascando chicle.
“Mira lo que quieres ser”.
Luz María respondió: “No, papá. Eso es lo que ella quiere ser”.
Al día siguiente emprendieron el viaje a Guadalajara.
Ahí, con apoyo de una tía, recorrió salones de belleza en busca de alguien que le enseñara. Durante el día aprendía en la práctica y por las noches asistía a una academia nocturna del gobierno, donde estudió peinado y cosmetología.
De esa etapa conserva el diploma obtenido en junio de 1962. Afirma que lo aprendido ahí fue decisivo en su vida.
Regresa a León
En 1962 regresó a León con una meta clara: abrir una academia de belleza.
Su padre le dio mil pesos. Con ese dinero compró diez sillas y diez espejos. Después buscó un espacio en el edificio de Las Fábricas de Francia. El propietario, Pedro Pons, se mostró renuente a rentarle sin la presencia de su padre, pero Lucha insistió hasta conseguir el despacho 401, por 350 pesos mensuales.
Ahí comenzó todo. En septiembre de 1963 abrió la Academia de Belleza León, con diez alumnas. Su propósito no era sólo enseñar un oficio, sino formar mujeres capaces de abrir su propio salón.

Entre las primeras alumnas estuvieron Mercedes Mena, María Elena Orozco, Lucita Aldana, Lupita Rodríguez, Celia López y Lourdes Macías.
Hasta hoy han egresado 64 generaciones, algunas de 80 alumnos.
Lucha se casó con Jorge Luis Hernández Gallo, con quien tuvo cuatro hijos.
La academia se convirtió en semillero de estilistas. Una de sus colaboradoras más cercanas, María de los Ángeles Macías, la acompañó durante 56 años.
A 63 años de su fundación, Lucha Caballero está convencida de que no solo enseñó a cortar el pelo y a peinar, también impulsó a muchas mujeres a ser independientes económicamente.
“Siento que, con honestidad, puedes hacer lo que tú quieres”.
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