Colombia.- Autoridades colombianas confirmaron que 240 personas han sido declaradas muertas por el sismo de magnitud 7.4 en la escala Richter registrado el lunes 10 de agosto en Colombia.

El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella informó más temprano que había 181 fallecidos, 2 mil 595 heridos y 195 desaparecidos, sin embargo, la cifras aumentan rápidamente conforme pasan las horas y las labores de rescate se incrementan.

Una tragedia como ésta enluta a toda Colombia, pero eso no será obstáculo para que entre todos saquemos a esta bella región del país adelante”, afirmó el mandatario desde Pereira, una de las ciudades más afectadas por el terremoto.

Las búsquedas y rescates continuaban en decenas de ciudades y pueblos del oeste del país sudamericano.

En las ciudades más afectadas, los rescatistas trabajaron durante toda la noche con grúas, excavadoras y, en ocasiones, con sus propias manos, cortando el acero retorcido y pasando cubos de escombros en una búsqueda desesperada de los que aún permanecían atrapados.

De acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), casi 5 mil viviendas resultaron dañadas, decenas de edificios se derrumbaron y cientos de residencias quedaron destruidas.

Galería del desastre en Colombia

El terremoto representa la primera gran prueba para el conservador De la Espriella, quien recién asumió el poder, una figura controvertida y sin experiencia en cargos públicos que ganó la presidencia por un estrecho margen y busca unir a la nación en su respuesta ante el desastre.

Una búsqueda incesante

Desde Cali, el bombero Eduardo Ojeda explicó a The Associated Press que están utilizando cámaras que introducen por orificios entre los escombros y sensores sísmicos para detectar movimientos de sobrevivientes.

En Cali la alcaldía dijo que hay 239 personas bajo los escombros y que 86 ya fueron rescatadas con vida. Entre ella está Diana Troncoso, quien estaba atrapada en el edificio en el que vivía. Su padre, Álvaro Troncoso, dijo a la prensa que estaba sola en el apartamento en el momento del terremoto.

“Estaba como entre una pared y una puerta sentada, creo que va con una fractura de brazo”, dijo el padre conmovido por el trabajo de los rescatistas. “Se los agradeceré toda mi vida y mi familia también”.

Jairo Vargas llegó a Pereira en busca de su hermano, quien cree que quedó bajo los restos del edificio en el que vivía.

“Soy arquitecto y soy hermano del propietario del apartamento que está allí boca arriba. Llegué de Medellín esta mañana a las 2 de la mañana a ver cómo puedo ayudar a encontrar a mi hermano”, dijo a The Associated Press mientras señlaba un edificio colapsado.

Vargas dijo estar “absolutamente seguro” de que su hermano se encuentra allí porque “está su silla para caballo, todos sus enseres, no contesta el teléfono, el portero no le dio conocimiento de salida y su carro está allí parqueado”.

Agregó que “hay un triángulo de vida, los escombros que abrazan a mi hermano son blandos, es posible que lo estén protegiendo; pero ya no se escuchan ruidos. No lo sé, mi esperanza es poca”.

Muchas familias han publicado información sobre seres queridos desaparecidos en sitios web administrados por ciudadanos. Hasta la mañana del martes se habían reportado más de 3.000 personas no localizadas.

Dana Carolina Zamora publicó una imagen de su tío Miguel Ángel Zamora, de 60 años, acunando a su perro. El agricultor vivía en una zona rural de El Cairo, cercana al epicentro del sismo.

Según las autoridades el 80% de El Cairo, un pueblo de unos 7.000 habitantes, resultó dañado. Zamora dijo que estaba preocupada porque su tío vivía en una casa frágil, hecha de troncos y barro.

“Tenemos miedo, esperemos que no sea así, que esté bien y que sólo sea falla de comunicación. Pero no hemos logrado saber nada más de él”, aseguró Zamora a AP por teléfono desde Cali.

Otros familiares se disponen a reclamar las primeras 43 víctimas identificadas entre las 165 que recibió hasta el martes el Instituto Nacional de Medicina Legal.

Chocó, una zona devastada

Chocó, la región que rodea el epicentro del sismo, es una de las zonas más pobres y desatendidas de Colombia, a menudo asediada por grupos armados enfrentados. A gran parte sólo se puede acceder en barco, a través de la selva o en avión.

Sterling Palacios, un líder religioso y ambientalista de la región, dijo a AP que tanto la capital de Chocó como las comunidades más pequeñas que están a lo largo del río Atrato, el más importante de la zona, quedaron devastadas.

“Hay pueblos donde la gente perdió todo. Hay pueblos donde también ha habido muertos, hay casas destruidas”, dijo Palacios. “No tenemos una dimensión del daño, pero sí sabemos que ha sido muy grande”.

De la Espriella visitó la capital de Chocó la noche del lunes para evaluar los daños, movilizó a todo el aparato militar y policial y desplegó ingenieros, rescatistas y perros de búsqueda. También anunció subsidios de alquiler para los afectados.

El terremoto dejó a muchos inquietos después de que dos sismos consecutivos devastaran a la vecina Venezuela a fines de junio, destruyendo cientos de edificios y matando a más de 6.300 personas.

Muchos colombianos apenas comienzan a asimilar las consecuencias a más largo plazo.

Mónica Sánchez es dueña de una pequeña empresa que fabrica uniformes de trabajo en la ciudad de Pereira, una de las más golpeadas. Una pared dentro de la fábrica se derrumbó y ella y sus empleados lograron salir justo a tiempo.

“Fue impactante, la ciudad se vino abajo a nuestro alrededor”, relató.

En Bogotá, Luz Nelly Cuervo, un ama de casa de 62 años, llevó una donación de 100 kits de aseo hasta uno de los centros de acopio habilitados por la Cruz Roja. “Muchas personas están sufriendo y realmente nos necesitan”, dijo a AP.

El Departamento de Estado de Estados Unidos dispuso 15,5 millones de dólares para refugios de emergencia y alimentos. Gobiernos de toda América Latina también han ofrecido ayuda.

JRL

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