Descripción general:

Informes de agencias estadounidenses lo ubicaron con presencia en más de 40 países y con una red de distribución particularmente fuerte de metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos.

Ciudad de México.- Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, construyó durante más de una década uno de los aparatos criminales más agresivos y expansivos de México.

Abaten a Nemesio Oseguera Cervantes en operativo militar

Su trayectoria, marcada por el bajo perfil, la violencia estratégica y una estructura empresarial del narcotráfico, lo llevó a encabezar al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización que pasó de ser un grupo regional a una red con presencia en decenas de países.

Su historia es la de un operador que durante años evadió a las autoridades federales hasta convertir la persecución en una guerra abierta.

Originario de Michoacán, Oseguera emigró joven a Estados Unidos, donde tuvo sus primeros contactos con el tráfico de drogas, y tras su deportación regresó al occidente de México y se integró a estructuras del narcotráfico vinculadas al Cártel del Milenio.

Con la fragmentación de esa organización, y tras la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel , operador del Cártel de Sinaloa, Oseguera vio la oportunidad de consolidar su propio grupo armado.

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Así nació el CJNG, que desde sus primeros años apostó por una estrategia distinta: expansión violenta, propaganda armada y control territorial rápido.

El ascenso fue vertiginoso, ya que entre 2011 y 2014, el CJNG pasó de ser una escisión regional a disputar rutas clave del Pacífico, del Bajío y del centro del País.

Su sello fue la militarización con convoyes con blindaje artesanal, células altamente móviles y uso intensivo de armamento de alto calibre.

Ejército de hombres armados, miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Foto: Captura de video

Bajo el mando de Oseguera, la organización desarrolló también una estructura financiera y logística que le permitió diversificar negocios ilícitos, desde el tráfico de metanfetaminas y fentanilo hasta la extorsión y el control de puertos.

Uno de los momentos que definió su perfil ocurrió el 1 de mayo de 2015, durante el operativo federal en Villa Purificación, Jalisco, pues ese día, fuerzas federales intentaron capturarlo, pero la respuesta del CJNG fue inédita.

La organización desplegó narcobloqueos en varios municipios y, en una acción que marcó un antes y un después, derribó un helicóptero Cougar de la Fuerza Aérea Mexicana con armamento de alto poder.

El ataque dejó militares muertos y evidenció la capacidad de fuego del grupo, además de que Oseguera logró escapar, episodio que consolidó su reputación dentro y fuera del País.

A partir de entonces, el CJNG se posicionó como la organización criminal de crecimiento más rápido en México.

Informes de agencias estadounidenses lo ubicaron con presencia en más de 40 países y con una red de distribución particularmente fuerte de metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos.

En varios momentos, analistas de seguridad consideraron que el CJNG había alcanzado un nivel operativo comparable, e incluso superior en expansión, al del Cártel de Sinaloa, dijeron fuentes de seguridad a REFORMA.

A diferencia de otros capos mediáticos, “El Mencho” mantuvo durante años un perfil extremadamente hermético, ya que no concedía entrevistas, evitaba apariciones públicas y delegaba vocerías a videos propagandísticos de su organización.

Esa discreción complicó su localización y mientras varios líderes históricos del narcotráfico mexicano fueron detenidos o abatidos, Oseguera logró mantenerse prófugo durante más de una década pese a ser uno de los hombres más buscados por México y Estados Unidos, que ofrecía una recompensa multimillonaria por información que llevara a su captura.

Su estrategia combinó movilidad constante, círculos de seguridad cerrados y refugio en zonas serranas de Jalisco, Michoacán y Colima.

Diversos operativos federales estuvieron cerca de ubicarlo, pero el líder del CJNG logró evadirlos, e incluso tras golpes relevantes contra la organización como detenciones de familiares y operadores financieros, el grupo mantuvo capacidad de fuego y expansión territorial.

Con el paso de los años, el CJNG dejó de ser sólo un cártel de drogas para convertirse en una estructura criminal multifuncional con control de economías locales en varias regiones del país.

Su presencia se extendió al robo de combustible, minería ilegal, cobro de piso y control de puertos estratégicos.

La organización también desarrolló una fuerte capacidad de reclutamiento, incluyendo células de élite y grupos de reacción inmediata que replicaban tácticas militares.

Sin embargo, el cerco institucional se fue cerrando, y los operativos de inteligencia, cooperación binacional y presión financiera golpearon progresivamente la estructura del CJNG.

Para entonces, Oseguera ya no era sólo un capo en fuga, era el símbolo de una organización que había decidido confrontar abiertamente al Estado.

Fuentes de seguridad sostienen que, en su última etapa, el líder criminal optó por resistir antes que rendirse, fiel a la lógica que había impuesto a su organización desde sus inicios: responder con fuego a cualquier intento de captura, y esa decisión marcó el desenlace de una trayectoria que durante años desafió a las autoridades.

La historia de “El Mencho” cierra el ciclo de uno de los jefes criminales más escurridizos de la era reciente.

Su legado, sin embargo, no se mide sólo por su caída, sino por la estructura que dejó detrás, un cártel con presencia internacional, alta capacidad de violencia y profundas raíces en economías ilícitas y territorios estratégicos de México, se alerta en informes militares.

El futuro inmediato del CJNG dependerá de su capacidad de recomposición interna, advirtieron, y, de entrada, de una pugna violenta.

“El Mencho”, quien resistió los mayores operativos del Estado convirtió la confrontación armada en su sello distintivo hasta el final.

A salto de mata: la vida en fuga de ‘El Mencho’

Durante más de una década, Oseguera Cervantes, construyó algo más que un cártel poderoso: levantó un sistema de supervivencia criminal basado en movilidad constante, refugios estratégicos y redes de información que le permitieron evadir a las autoridades en repetidas ocasiones.

En círculos de seguridad se le describía como un capo a salto de mata, obligado a cambiar de ubicación de forma permanente, pero siempre un paso adelante de los operativos.

Fuentes de seguridad y militares coincidieron en que el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación fue ubicado en más de 20 ocasiones por fuerzas federales, y en todos esos episodios logró escapar.

La constante no fue la suerte, sino la anticipación., ya que informes internos apuntaban a que el capo contaba con alertas tempranas provenientes de redes de apoyo infiltradas en corporaciones locales y estructuras gubernamentales.

Incluso vulneró las comunicaciones de militares y autoridades federales, sus radios de frecuencia principalmente.

Su mapa de refugios se concentró principalmente en Jalisco.

Villa Purificación fue durante años uno de sus bastiones más conocidos, una zona serrana con accesos limitados, presencia histórica del grupo y comunidades donde el CJNG había tejido control territorial.

Ahí ocurrió en 2015 el fallido operativo federal que terminó con el derribo de un helicóptero militar, episodio que reforzó la percepción de que Oseguera tenía capacidad de respuesta inmediata ante incursiones del Estado.

Otro corredor clave fueron Los Altos de Jalisco, región donde el grupo consolidó presencia logística y social.

La dispersión de ranchos, caminos rurales y redes de apoyo comunitario facilitó la movilidad del capo, y en esos puntos, según reportes de seguridad, se movía mediante convoyes reducidos y con cambios frecuentes de rutas para evitar cercos.

También se le ubicó en Zapopan, particularmente en zonas residenciales donde el CJNG habría operado casas de seguridad con perfiles de bajo ruido.

La combinación de entornos urbanos y rurales formaba parte de la estrategia de Oseguera alternar entre sierra profunda y zonas metropolitanas para complicar la inteligencia de campo.

Uno de los sitios que más llamó la atención de investigadores fue Ajijic, en la ribera de Chapala.

Fuentes afirmaron que en esa zona el capo mantenía afinidad por las caballerizas y los caballos finos, afición que coincidía con su preferencia por refugios tipo rancho.

En ese corredor, el líder criminal buscaba entornos discretos que le permitieran moverse con apariencia de actividad rural legítima.

Fuentes de seguridad ubicaron al municipio de Tapalpa como otro de los puntos de resguardo utilizados por “El Mencho”, dentro del corredor serrano del sur de Jalisco.

La zona, caracterizada por su geografía boscosa y accesos carreteros limitados, ofrecía condiciones favorables para la movilidad discreta y la instalación de casas de seguridad.

Reportes de inteligencia señalaron que el líder del CJNG se desplazaba por ese municipio como parte de su estrategia de refugios alternos para evadir operativos federales.

Tapalpa forma parte de la región Sierra de Amula y colinda con áreas donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha mantenido presencia histórica.

El municipio combina zonas rurales extensas, caminos secundarios y comunidades dispersas, lo que complica los cercos operativos.

Además, su cercanía relativa con el Área Metropolitana de Guadalajara permite conexiones rápidas hacia rutas de escape, un factor que, según evaluaciones de seguridad, aumentaba su valor estratégico como punto de repliegue.

Además de su utilidad logística, Tapalpa es un Pueblo Mágico con fuerte actividad turística, conocido por sus bosques de pino y encino, cabañas de descanso y desarrollos campestres.

Este entorno mixto, turístico y rural, facilitaba la mimetización de movimientos, ya que el flujo constante de visitantes y la presencia de propiedades de recreo generaban un contexto de bajo perfil ideal para ocultar estancias temporales sin levantar alertas inmediatas.

La clave de su supervivencia no fue sólo geográfica, pues distintos reportes de inteligencia advirtieron que “El Mencho” desarrolló una red de informantes que le alertaba sobre movimientos de fuerzas federales.

Las filtraciones , según estas evaluaciones, provenían en muchos casos de corporaciones locales vulneradas por el CJNG. Esa ventaja le permitió romper cercos en el último momento y abandonar refugios minutos u horas antes de operativos.

La presión del grupo sobre autoridades municipales fue otro factor determinante. Investigaciones federales y testimonios judiciales han señalado que el CJNG penetró ayuntamientos y policías locales en varias regiones de Jalisco y estados vecinos.

El mecanismo combinaba intimidación, cooptación y control financiero.

Fuentes de seguridad sostuvieron que, en distintos municipios bajo influencia del cártel, operadores del CJNG exigían cuotas periódicas a administraciones locales.

En algunos casos, las demandas incluían porcentajes de la nómina municipal o pagos fijos provenientes de recursos públicos, y alcaldes y funcionarios, bajo amenaza, habrían tolerado o facilitado esos esquemas para evitar represalias violentas.

Este modelo de presión financiera reforzó la capacidad de protección del capo, además de que con autoridades locales comprometidas, voluntaria o forzadamente, el flujo de información sobre operativos se volvía más permeable.

Así, la estructura territorial del CJNG no sólo servía para el negocio criminal, sino también como escudo de inteligencia.

A lo largo de los años, la persecución federal se intensificó. Hubo operativos aéreos, despliegues de fuerzas especiales y acciones coordinadas con agencias estadounidenses.

Sin embargo, la combinación de movilidad, conocimiento del terreno y filtraciones permitió que Oseguera mantuviera su condición de prófugo durante un periodo inusualmente largo para un objetivo prioritario.

El perfil de “El Mencho” contrastó con el de otros capos de alto perfil mediático, ya que evitó apariciones públicas, redujo comunicaciones electrónicas y se movió en círculos de confianza extremadamente cerrados.

Esa disciplina operativa, sumada al control territorial del CJNG, hizo que cada intento de captura se enfrentara a un entorno previamente contaminado por la influencia del grupo.

En los últimos años de su carrera criminal, el cerco se fue estrechando.

Golpes financieros, detenciones de operadores y mayor cooperación binacional redujeron sus márgenes de maniobra, y aun así, su reputación como capo escurridizo se mantuvo hasta su abatimiento.

De la marihuana al fentanilo

El verdadero salto de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, fue químico.

Bajo su mando, el Cártel dejó atrás el modelo tradicional del narcotráfico basado en cultivos y corredores de cocaína para convertirse en una potencia industrial de drogas sintéticas.

De la marihuana al fentanilo
Desde los primeros años del CJNG, Oseguera entendió que la metanfetamina ofrecía ventajas decisivas frente a las drogas vegetales. Foto: Agencia Reforma

Esa decisión estratégica, tomada cuando aún era un grupo emergente, permitió a la organización romper la frontera de Estados Unidos con un flujo constante de metanfetamina primero y fentanilo después.

Desde los primeros años del CJNG, Oseguera entendió que la metanfetamina ofrecía ventajas decisivas frente a las drogas vegetales.

A diferencia de la marihuana o la amapola, la producción química no dependía de temporadas agrícolas ni de grandes extensiones de tierra. Bastaban precursores, químicos especializados y laboratorios ocultos.

Con esa lógica, el grupo comenzó a instalar cocinas clandestinas en la franja occidente del País, particularmente en Jalisco, Michoacán y Colima, donde la geografía serrana y la cercanía con puertos estratégicos facilitaban la operación.

La metanfetamina se convirtió rápidamente en la columna financiera del CJNG.

La organización perfeccionó procesos de producción de alta pureza que le permitieron competir agresivamente en el mercado estadounidense.

Informes de agencias de seguridad señalaron que el cártel apostó por estandarizar la calidad del producto, reducir costos y aumentar volúmenes, replicando en la clandestinidad una lógica casi industrial.

Esta etapa coincidió con la expansión territorial del grupo, financiada en gran medida por las ganancias del negocio sintético.

Control de suministros

Uno de los movimientos más relevantes fue el control de la cadena de suministro químico.

Bajo la conducción de “El Mencho”, el CJNG fortaleció la importación de precursores desde Asia, utilizando puertos del Pacífico mexicano como puntos de entrada. El puerto de Manzanillo se volvió estratégico. Desde ahí, la organización movía sustancias hacia laboratorios en la sierra y posteriormente distribuía el producto terminado hacia la frontera norte mediante células compartimentadas.

Con el tiempo, el modelo evolucionó. El CJNG dejó de depender de pequeñas cocinas dispersas y comenzó a operar complejos clandestinos de mayor escala, capaces de producir toneladas.

Los aseguramientos federales empezaron a revelar instalaciones cada vez más sofisticadas: reactores industriales, sistemas de ventilación improvisados, bodegas químicas y perímetros de seguridad armada.

La producción de metanfetamina alcanzó niveles que posicionaron al grupo como uno de los principales proveedores del mercado estadounidense. Pero el giro que redefinió el negocio ocurrió con la irrupción del fentanilo.

Conforme la crisis de opioides sintéticos se profundizó en Estados Unidos, “El Mencho” y su círculo cercano identificaron la oportunidad.

El fentanilo ofrecía márgenes de ganancia mucho mayores pues pequeñas cantidades generaban enormes utilidades y facilitaban el contrabando.

El CJNG, que ya dominaba la logística química, estaba en posición de dar el salto. La transición no fue inmediata, pero sí progresiva.

Primero aparecieron indicios de mezclas y pruebas de producción; después, laboratorios dedicados y prensas para pastillas.

El grupo adaptó su infraestructura existente de metanfetamina para procesar opioides sintéticos, aprovechando la misma red de importación, reportaron fuentes militares.

En pocos años, el CJNG se convirtió en un actor central en la manufactura y tráfico de fentanilo hacia el norte.

La estrategia de Oseguera combinó volumen, diversificación y fragmentación de rutas.

A diferencia de los grandes cargamentos de cocaína que cruzaban por corredores definidos, el fentanilo permitió envíos más pequeños, más frecuentes y más difíciles de detectar.

Las autoridades estadounidenses comenzaron a identificar al CJNG como una de las organizaciones más dinámicas en el abastecimiento de opioides sintéticos.

En paralelo, el cártel fortaleció su presencia en plazas fronterizas clave y consolidó redes de distribución en territorio estadounidense mediante células asociadas.

La metanfetamina seguía fluyendo, pero el fentanilo se convirtió en el producto de mayor crecimiento. Para entonces, la organización de “El Mencho” ya no era sólo un grupo violento en expansión territorial: era una maquinaria química transnacional.

Otro elemento clave fue la capacidad de adaptación. Cada golpe a laboratorios o cargamentos era seguido por reconfiguraciones rápidas.

El CJNG dispersó instalaciones, rotó sustancias químicas y movió centros de producción para reducir vulnerabilidades. Esta flexibilidad operativa complicó la estrategia de interdicción y permitió que el flujo de sintéticos hacia Estados Unidos se mantuviera constante.

Seguridad binacional

Diversos reportes de Estados Unidos colocaron al CJNG entre las principales amenazas por tráfico de metanfetamina y fentanilo.

La organización había logrado lo que pocos grupos antes: combinar poder de fuego territorial con una cadena industrial de drogas sintéticas capaz de abastecer mercados internacionales de forma sostenida.

Para “El Mencho”, la apuesta por los sintéticos fue también una forma de blindaje. Al reducir la dependencia de cultivos, el cártel disminuyó la exposición a erradicaciones masivas y a disputas por zonas agrícolas.

El negocio se volvió más móvil, más compacto y más rentable. Esa transformación explica en buena medida la rapidez con la que el CJNG pasó de ser una escisión regional a una de las estructuras criminales más poderosas del continente, dijeron las fuentes.

Sin embargo, la misma expansión química atrajo presión creciente de México y Estados Unidos.

Operativos contra laboratorios, controles sobre precursores y sanciones financieras comenzaron a golpear la infraestructura del grupo. Aun así, durante años la red sintética construida por Oseguera mostró resiliencia.

“Bajo su mando, el CJNG industrializó la metanfetamina, incorporó el fentanilo a gran escala y diseñó un modelo de producción y tráfico que perforó la frontera estadounidense con flujos constantes y difíciles de contener”, reconoció un mando militar retirado.

“Por todos lados entraba su droga (a Estados Unidos)”, admitió.

JRL

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