Ciudad de México.- En un operativo de la Secretaría de la Defensa Nacional con la “colaboración” de Estados Unidos, la madrugada de ayer fue capturado el narcotraficante más buscado de México, Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes, quien murió cuando era trasladado a la Ciudad de México.

Tras conocerse que había sido abatido el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), su grupo criminal reaccionó con saña al desatar 252 narcoataques y bloqueos carreteros en 20 entidades; Jalisco fue el más afectado.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) sumaron 65 ataques y 34 más en el interior del estado, con bloqueos o incendios de vehículos y negocios, para generar terror.

El Gobierno de Jalisco activó el Código Rojo con la instrucción de no salir de casa. El transporte público y taxis de aplicación suspendieron operaciones. La Ciudad quedó atrapada entre el temor y el silencio.

Sesenta y cinco ataques se registraron en el Área Metropolitana de Guadalajara. Foto: Agencia Reforma

El saldo oficial también reportó 81 tiendas Oxxo saqueadas y 22 sucursales del Banco del Bienestar incendiadas.

La contraofensiva del CJNG dejó un saldo, hasta anoche, de 24 personas fallecidas, entre presuntos integrantes del crimen organizado, elementos de corporaciones de seguridad y un civil.

Más de mil personas de Aguascalientes, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas quedaron varadas en el Zoológico Guadalajara, luego de que los narcobloqueos carreteros impidieron que regresaran a sus lugares de origen. La Policía del Estado les ofreció vigilancia para pasar la noche en el estacionamiento.

En el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, 56 vuelos fueron cancelados. En el de Puerto Vallarta, otros 87, según el Grupo Aeroportuario del Pacífico. Una fuga de reos se reportó en el penal costero ante la escasez de custodios.

Varios bloqueos carreteros con vehículos incendiados hubo en Jalisco. Foto: Agencia Reforma

El temor de la población se incrementó con la difusión de versiones falsas sobre ataques. En grupos de WhatsApp circulaban audios que advertían sobre supuestos tiroteos inminentes contra civiles que no ocurrieron.

Las afectaciones en Jalisco incluyeron a 20 municipios, mientras que en Tapalpa el Ayuntamiento reportó un incremento en llamadas de extorsión.

Los templos católicos, vacíos, transmitieron misa por Internet. El Cardenal Francisco Robles Ortega pidió orar por la paz.

Para hoy, escuelas de seis estados no tendrán clases. Bancos como BBVA, Santander y Scotiabank informaron que hoy no abrirán sus sucursales en Jalisco.

En 20 estados se reportaron reacciones de criminales tras muerte de capo en Jalisco. Foto: Agencia Reforma

La Embajada de Estados Unidos en México informó que su personal en nueve ciudades del país permanecerá en su hogares y trabajará a distancia.

“El personal del gobierno de los EU en Guadalajara, Puerto Vallarta, Ciudad Guzmán, Cancún, Playa del Carmen, Cozumel, Reynosa, Tijuana y Michoacán se refugiarán en sus hogares y trabajarán de forma remota el lunes 23 de febrero, y los ciudadanos estadounidenses deben hacer lo mismo”, indicó.

Nemesió Oseguera Cervantes, “El Fantasma”

Durante años, Nemesio Oseguera Cervantes fue menos un individuo que una conjetura.
El hombre era opaco; su organización, visible.

El rostro era incierto; los efectos de sus acciones, innegables.

En México se perseguía a alguien que no se veía, pero que estaba en todas partes. Vaya que estaba.

No había imágenes recientes. No había videos. Apenas un par de audios interceptados. Tres o cuatro fotografías antiguas eran todo lo que los periódicos podían ofrecer como evidencia de su corporeidad.

El hombre más buscado del país era, paradójicamente, el menos visible.

En distintos momentos se le dio por muerto. Se dijo que padecía una enfermedad renal terminal. Que había sido herido. Que ya no controlaba la organización. Que a los 59 años vivía retirado en Estados Unidos.

En alguna ocasión, un alto mando militar me dijo, seguro de sí mismo: “Lleva años muerto. Es como El Cid”.

Del fantasma solo teníamos una fotografía borrosa. Una de tipo credencial: bigote fino, labios cerrados, pelo corto, sin rebeldía visible. Mira de frente, sin desafío ni súplica. Una fotografía que dice lo mínimo y evita contestar todo lo que queda fuera del encuadre. Lo que importa.

Frente a una lógica criminal que premia la visibilidad, el Mencho -derivación improbable de Nemesio- apostó por la opacidad: menos figura, más organización.

Ser una simple foto. Un fantasma.

Antes del fantasma

Nació en Naranjo de Chila, Michoacán, en 1966, cerca de Aguililla.

Sol implacable, sierra cerrada, aguacate y mariguana. Una economía paralela incrustada en la formal. El Estado lejos. El mercado, no.

Según una fuente llegó a quinto de primaria; otras sugieren que ni siquiera eso. La escolaridad fue breve, acaso inexistente. El aprendizaje, en cambio, empezó temprano. A los catorce años ya vigilaba cultivos de mariguana en Tierra Caliente.

Con veinte años cruzó la frontera hacia Estados Unidos. El fantasma quería ser alguien. Se instaló en el área de San Francisco.

De aquel tiempo hay más expedientes que relatos: tres detenciones por delitos vinculados con drogas. Dos series de fotografías policiales -1986 y 1989- lo muestran frente a la cámara. La misma expresión que luego conoceríamos: pelo abundante, casi afro; mirada fija, sin gesto.

Fue deportado en 1997. Tenía treinta años. La edad en que, para muchos, la vida empieza a estabilizarse. No para él.

Regresó a México y fue policía en Tomatlán, Jalisco. El dato importa. Repite una biografía en nuestros narcos: el tránsito entre Estado y crimen, más continuidad que ruptura.
Lo que sigue es difuso: algunos años bajo la órbita de Ignacio Coronel, el llamado Rey del Cristal, y después en la génesis del Cártel del Milenio, esa plataforma criminal del occidente mexicano decisiva en la expansión de la metanfetamina.

No fue el único ni el primero. Pero Oseguera entendió antes que muchos que el negocio ya no estaba en la cocaína sudamericana ni en la heroína tradicional.

Apostó por la producción sintética: control de precursores, laboratorios propios, distribución móvil y márgenes amplios. Comprendió el tránsito del narcotráfico agrícola al industrial. Entendió algo más: que ese modelo exigía disciplina y terror; que la violencia era un instrumento de mercado.

La arquitectura del CJNG

De la fractura del Cártel del Milenio emergió el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Entre 2010 y 2025 lo que se edificó fue un imperio.

Su consolidación tomó apenas una fracción del tiempo que organizaciones como Sinaloa necesitaron para expandirse y estabilizarse.

El nombre contenía una síntesis. CJNG. Era una declaración programática. No aludía a juventud biológica, sino a método.

“Nueva Generación” significaba reorganización, verticalidad, agresividad estratégica.
Mientras estructuras tradicionales privilegiaban redes de negociación y pactos graduales, el CJNG adoptó una lógica de imposición directa. Llegaba a un territorio y redefinía el mercado: integración forzada o eliminación.

Hay cientos de ejemplos. O miles.

Masacres que no solo matan: envían mensajes. Drones convertidos en pájaros de pólvora. Propaganda filmada con estética de guerra y banda sonora. Jóvenes arrancados de sus casas y alineados en filas. Células que marchan con disciplina aprendida, jerarquías claras, obediencia sin fisuras. Carreteras tomadas al unísono. Llamas. Llamas. Llamas.

La extorsión como impuesto cotidiano. Gobernanza criminal: el territorio administrado con listas propias, padrones paralelos, reglas que no se votan, pero se obedecen.
El mensaje era para todos. Y era preciso.

Hay un episodio en el que necesito detenerme. El primero de mayo de 2025, el CJNG asesinó a Iván Morales Corrales, ex suboficial que había sobrevivido al operativo fallido contra Oseguera exactamente el primero de mayo 2015.

La fecha coincidió exactamente con el décimo aniversario de aquel intento de captura. El dato y la precisión es brutal. Una década después.

El CJNG administra el tiempo. Registra agravios, espera, actúa cuando la conmemoración amplifica el mensaje.

En esa década transcurrida hay algo más que persistencia. El tiempo y la violencia convertido en herramienta.

Ahí está la clave de lo que fue el CJNG bajo Oseguera: una organización que no dependía del impulso ni del carisma, sino de cálculo.

La violencia como administración, sistema y método. Una nueva generación. De Jalisco para el mundo.

Matar al fantasma

El domingo las autoridades anunciaron la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes.
Durante años fue el hombre más buscado y el menos visto. Su poder descansó en esa tensión: omnipresencia criminal y ausencia física.

Se buscaba a un hombre, pero se enfrentaba una estructura violentísima.
A no dudarlo: su caída constituye el golpe más significativo contra el crimen organizado desde la captura de Joaquín Guzmán Loera en 2016. Llega, además, en el momento de mayor expansión del CJNG.

En el corto plazo, el escenario previsible incluye reacomodos internos, disputas por control regional y fracturas. Las detenciones subsecuentes serán determinantes. La experiencia reciente muestra que el vacío de liderazgo puede traducirse en fragmentación violenta. El espejo de Sinaloa está demasiado cerca para ignorarlo.

En el fondo, sin embargo, persiste una interrogante estratégica: si el poder estaba distribuido en la arquitectura organizacional, ¿qué significa realmente neutralizar al líder?
México ha capturado símbolos en el pasado. Desarticular modelos ha sido otra cosa.

Por otro lado, la invisibilidad de Oseguera deja una lección inquietante: el crimen contemporáneo puede prescindir de carisma y rostro. Puede operar sin biografía visible, apenas con una borrosa foto credencial como bandera de batalla.

El crimen, hoy, funciona como estructura antes que como personaje: descentralizado, adaptable, tecnológicamente ágil, capaz de sostenerse, aunque el líder no conceda entrevistas ni aparezca en videos.

La pregunta decisiva no sea quién fue Oseguera, sino qué condiciones económicas y políticas hicieron posible que un fantasma gobernara territorios enteros sin necesidad de aparecer; qué vacíos, qué mercados ilícitos, qué complicidades y omisiones permitieron que la sombra sustituyera al rostro.

Con todo, lo de ayer es difícil de minimizar.

Atrapar al fantasma implicaba, antes que nada, demostrar que existía.

Ya está. ¿Pero ahora qué?

(Carlos A. Pérez Ricart de Agencia Reforma)

HLL

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.