El acelerado ritmo de vida que se vive actualmente obliga a las personas a buscar soluciones prácticas, sin saber que a largo plazo su salud pagará las consecuencias.
Quedarse sentando siempre es más fácil que levantarse y hacer algo de ejercicio, y recurrir a la comida rápida es aún más fácil que preparar un platillo saludable. Sin embargo, aunque todo en apariencia resulta ser más sencillo, las personas suelen vivir bajo altos niveles de estrés.
Por lo tanto, diariamente, el sedentarismo, la mala alimentación y en especial el estrés afectan a la mayoría de la población adulta. Y vivir una adultez así representa un riesgo latente para la salud actual y futura en la tercera edad.
“Ahora la gente joven está siendo hipertensa más temprano, con niveles más altos de colesterol y triglicéridos en su organismo, aumento de peso y de diámetro abdominal. Estos factores en un futuro se traducen en mayor estrés para su organismo y mayor riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares”, señala el médico internista Amador Macías Osuna.
Una de las situaciones más difíciles de manejar en la edad productiva es el estrés.
“Cada vez vemos que está impactando a más adultos jóvenes en su situación futura”, agrega el también geriatra.
Y si por sí mismo el estrés prolongado acelera el proceso de envejecimiento, al sumarse con otros factores como la inactividad física y la mala alimentación, el resultado merma la salud de los adultos jóvenes y de los plenos. Considerando a los primeros en el rango de 18 a 30 años de edad, y a los segundos después de los 30.
“Conforme avanza la edad, el individuo empieza con un deterioro paulatino de diferentes funciones físicas y cognitivas”, comparte Macías.
De aquí la importancia de incorporar el ejercicio a temprana a edad y seguir practicándolo en cualquier etapa de la vida, con el fin de garantizar un mejor estado de salud.
Por ejemplo, en el caso de las mujeres, quienes presentan un deterioro óseo acelerado durante la menopausia, practicar ejercicio e incluir en su dieta alimentos ricos en calcio les permitirá tener mejores recursos para enfrentar el envejecimiento.
La nutrición también es fundamental, porque del tipo de hábitos alimenticios dependerá el desarrollo de la obesidad o del síndrome metabólico.
“La alimentación es otra cuestión crítica. En la infancia se desarrollan ciertos hábitos, pero en la etapa adulta se adquieren los hábitos del fast food, el tabaquismo, alcoholismo y la ingesta de drogas”, manifiesta Macías.
“Hay que tener cautela con este tipo de cuestiones, porque los jóvenes se sienten bien en su momento, pero en un futuro existe la posibilidad de que eso les acabe reservas del organismo”.
Conservar la armonía
Pareciera casi imposible llevar una vida sana ante las exigencias diarias de la etapa productiva, pero no lo es.
“Hay personas de 90 años que están íntegras porque han llevado un estilo de vida muy homogéneo. Cuando eres un individuo ordenado, no tienes por qué batallar”, indica.
Para conservar la salud es primordial una alimentación balanceada, realizar actividad física con regularidad y aprender a manejar el estrés.
“También la espiritualidad contribuye a dar mayor armonía y equilibrio al ser humano”, comparte Macías.
“La nutrición y el ejercicio siguen siendo clave en el desarrollo del individuo, y obviamente, son hábitos que se tienen que estimular constantemente para estar bien más adelante”.
Favorece tu salud
– Lleva una dieta balanceada que incluya hidratos carbono (arroz, cereales y pastas), aceites y grasas, y proteínas (pescado, carnes y lácteos).
– Procura dormir de seis a ocho horas por la noche.
– Practica ejercicios de relajación con respiraciones profundas, especialmente antes de dormir.
– Evita el consumo de tabaco, café y alcohol, ya que afectan el sistema inmunológico.
– Practica ejercicio físico por lo menos 15 minutos al día.
– Bebe de dos a tres litros de agua diariamente.
– Procura mantener un ambiente laboral y familiar estable y armónico.
– Toma vacaciones como verdaderos días de descanso.