La casa donde vive Gaudencio Soto Balcázar está construida sobre un terreno conformado por tierras ejidales y la zona federal de la presa Laguna de Yuriria.
En la puerta de su casa, ubicada en la localidad de La Angostura, tiene de frente el espejo de agua que sirve como vaso regulador del río Lerma.
Él y los más de mil 200 habitantes de la comunidad forman parte de la población que vive y tiene negocios en las inmediaciones de 100 presas del País y que están en riesgo de verse afectados por inundaciones, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua.
“Tengo una tercera parte en lo que es el ejido y el resto en el vaso de la presa. Pero hay muchos que están en la orilla de la laguna viviendo nada más en el vaso de la presa”, cuenta el pescador, quien lleva en su celular las postales que él mismo captura del paisaje que tiene a la vista.
Aquí las casas fueron construidas dentro, a la orilla o a un costado del vaso de la presa. Esta comunidad junto con los habitantes de Los Tepetates y Lomas de Zempoala resintieron hace un año el impacto de una tromba por la formación de un tornado en medio de la laguna.
Este fenómeno climático fue denominado por la Universidad de Guanajuato como “cumulonimbus mamatus”, el cual provocó afectaciones en algunas viviendas y daños de cultivos ubicados en la orilla de la presa.
Aunque no es la primera vez que la Laguna de Yuriria sorprende a los habitantes, dice Elvira Almanza, de la localidad Lomas de Zempoala.
“Hace 11 años que me anegué más feo, dijeron que nos iban a ayudar pero luego que siempre no porque es zona irregular”, relata.
“Ese día se reventó el bordo de la presa y ahí andamos buscando quién nos viniera a ayudar. Antes vendía zapato y se me echó a perder todo, duré fuera de aquí tres meses porque todo esto se quedó acorralado con el agua”, cuenta la mujer.
Pero Gaudencio, quien también coordina a 198 pescadores que integran el grupo La Angostura Punta de Ángel, externa que él es de los afortunados porque en los 40 años que tiene viviendo aquí nunca se ha inundado.
No obstante, el hombre de 54 años de edad admite el deterioro que ha sufrido la Laguna de Yuriria, decretada en 2001 como Área Natural Protegida (ANP).
“Todavía hace como unos 10 años se mantenía uno de la pesca de mojarra, carpa, charal, rana y bagre, pero ahorita sólo hay carpas que pagan a 4 pesos el kilo.
“Ya nos terminamos todo lo que produce la laguna”, explica mientras encienda el motor de su lancha, la misma que utiliza para trasladar a investigadores de la Universidad de Guanajuato que vienen a tomar muestras del agua de la presa.
Conforme se aleja la lancha que conduce el pescador, se puede apreciar la orilla de la Laguna ocupada por viviendas habitacionales que se intercalan con palapas, restaurantes, predios que se ofertan para servicio de estacionamiento, embarcadero y pescadores que subsisten de la pesca y paseos turísticos.
Para líder de los productores, la amenaza mayor está en la pesca de arrastre a gran escala e ilegal que practican pescadores de Yuriria y Michoacán.
“Estos camaradas no dejan reproducirse a las mojarritas que sembramos, se la llevan con las redes de arrastre porque sacan 80 ó 100 kilos con la red.
“Este fin de semana decomisamos dos redes, pero ellos de volada hacen otra porque no les ponen una multa ni los detienen”, cuestiona.