La elaboración de rebozos, todavía es parte de las actividades artesanales, que fungen como fuentes de empleo para algunos pobladores de la zona urbana y de comunidades rurales de este municipio.
El rebocero y cooperativista, Alfonso Ramírez Hernández, mejor conocido como “don Poncho”, teme que desaparezca en su totalidad la industria del rebozo en La Piedad, pues aunque son prendas artesanales que llevan todo un proceso, su elaboración no es tan bien remunerada.
Por otra parte, el rebocero argumentó que actualmente pocas féminas utilizan esta prenda  como se hacía de antaño; atavío que era una prenda de gala, exclusiva para las fiestas aunque también muchas mujeres lo utilizaban para cargar sus niños.

La labor de don Poncho
Aunque don Poncho no pudo precisar cuántos años lleva de rebocero, dijo sentirse orgulloso de su trabajo como “amarrador”; su función es hacer amarres a la artisela o (hilos), antes de que estos se tiñan de colores y finalmente se produzcan las prendas.
Un amarrador debe estar sentado en un banco pequeño por lo menos unas seis o siete horas todos los días, con la vista fija en los hilos; a su vez debe sujetar un carrujo de artisela y colocarse una navaja en el dedo índice para hacer los cortes respectivos.

Habilidad manual
Al día prepara amarres para 8 rebozos y realiza más de mil 500 nudos en la artisela.
“Hacer los amarres no es cosa fácil, uno debe tener tanteo y habilidad, tal vez por eso a muchos no les interesa aprender”, dijo.
El resultado se ve cuando el rebozo se teje en los telares de madera (de medio siglo de antigüedad), cuando se termina completamente la prenda se notan los puntos blancos, esto por los amarres que se realizan para que la artisela no se tiña completamente, gracias a esta técnica, las mujeres llamaban comúnmente a estas prendas “rebozos de bolita”.

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