Raúl Mejía salió de su hogar en La Becerrera el sábado con sus hijos y nietos, cuando la actividad del Volcán de Colima ya no permitía quedarse.
Su población está en las faldas del Volcán, en dirección hacia donde se ha trasladado la ceniza provocada por los recientes derrumbes de material volcánico.
“Nos salimos porque la ceniza se mete en los ojos, pica los ojos y la garganta, se ve todo como si estuviera nublado”, relata al regresar al refugio temporal de Comala, Colima, pues había salido a comprar algunos víveres a la tienda cercana.
Otro de los factores para no oponerse a la evacuación, dice, es el sonido del Coloso de Fuego. Lo describe como un sonido grave, como si explotara algo debajo de la tierra, e incluso tan fuerte que se siente casi como si temblara.
Como la suya, otras poblaciones quedaron ya cubiertas de ceniza en los últimos días, y se ha evacuado a la mayoría de las personas en un perímetro de 12 kilómetros del cráter.
De acuerdo con la Secretaría de Gobernación (Segob), la actividad volcánica ha disminuido en las últimas horas, aunque todavía se mantendrá la alerta volcánica los siguientes días y especial atención a lo que pudiese ocurrir en las próximas horas por la lluvia.
“Tenemos también un pronóstico de lluvia, hay que estar muy al pendiente de eso, de los arrastres de lodo y de los lahares”, comentó el director general de Protección Civil Nacional, Ricardo de la Cruz Musalem.
Los lahares son arrastres de sedimentos por las laderas de los volcanes, se intensifican con periodos largos de lluvia, por lo que el huracán Dolores podría provocar algunos.
Habitantes de La Becerrera están refugiados en el albergue temporal instalado en Comala, Colima, pues su comunidad está ubicada en las faldas del Volcán.
Aunque la Segob estima que la actividad del Coloso de Fuego va en decenso, las lluvias provocadas por el huracán Dolores mantienen el riesgo de arrastres de sedimentos.