Tito Quiroz apresta su violín y toca las primeras notas de “La Cucaracha”. Afirma que es la primera melodía con la que supo que la música lo acompañaría ante cualquier situación hostil.
De 28 años, sonriente y expresivo con su acento norteño, recibe el Premio Nacional de la Juventud del presidente Enrique Peña, y de la Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles.
Recuerda que pasó su infancia en un orfanato y que recogió cebollas a cambio de 48 pesos diarios. Después migró a Estados Unidos para costear sus estudios en Derecho, donde tocó el violín en las calles para subsistir.
En un discurso hecho de música y palabras, narra cómo abrió la primera escuela de música en un tutelar para menores, donde inspira a jóvenes como él a dejar el camino de la violencia.
“Me recibieron en desconfianza, uno incluso me dijo que no iba a durar un mes, y yo le prometí quedarme hasta que fuera libre. Me esposé, me rapé y vestí como ellos para dirigir orquestas y la primera escuela en un centro tutelar de menores”, describe.
“Hoy el proyecto se réplica en Tijuana y Mexicali, y está comprobado que reduce la reincidencia de los jóvenes”.
Al compás de “Sabor a Mí”, Tito reza por acabar con la violencia a través de la música, y con abrir orfanatos donde la educación se imparta a través de bellas artes.
Habla en nombre de 22 jóvenes que recibieron ayer la presea por su contribución en las áreas de derechos humanos, compromiso social, ciencia y tecnología, discapacidad e inclusión, cultura indígena, cultura política, ingenio emprendedor, expresiones artísticas y protección al ambiente.
Entre ellos está el fundador de una empresa constructora de drones; un especialista en nanotecnología; una impulsora de la mecatrónica, y un instructor de fútbol para personas ciegas.
Al iniciar su discurso, el pEnrique Peña Nieto destacó el caso de Tito Quiroz como un ejemplo de los sueños y deseos de los jóvenes por cambiar la realidad.
Además reveló que le regaló una biblia y le pidió no temer a las críticas que hacen a su gobierno.
“’Presidente es un gusto saludarle’, me entregó una biblia y me dijo, ‘después de leerla entendí muy bien porque no importan las críticas, sino realmente el afán que uno debe de tener por servir y seguir sirviendo en todo momento”, relató.